¿Feliz día? de la tierra
:format(webp):quality(40)/https://notifecdn.eleco.com.ar/media/2018/04/tierra.jpg)
El 22 de abril de 1970, en Estados Unidos, 20 millones de personas salieron a la calle exigiendo respeto a la tierra. Ese día la ecología dejó de ser una palabra para transformarse en movimiento.
Por Pablo Benito
La ironía indica que el “Día de la Madre tierra” nace en un territorio que es el hijo más travieso y dañino de la pobre Pachamama. El 22 de abril de 1970, el senador norteamericano Gaylord Nelson culminaba un proceso de concientización, con distintas intervenciones, sobre el pueblo de los Estados Unidos que tuvo su coronación con una movilización de 20 millones de personas que salieron a la calle en distintos centros urbanos del país del norte, denunciando los problemas medioambientales existentes y exigiendo lo que hoy nos parece natural pero que hace medio siglo no era parte de la agenda en el planeta: la contaminación ambiental.
Optimismo de la voluntad
El pesimismo de la inteligencia nos lleva, irremediablemente, a la idea -y sentimiento- de que el mundo está por estallar ante la imbécil mirada de los que, ocasionalmente, la habitamos en este principio de milenio en que la vorágine del consumo exprime la tierra, los ríos y los mares.
El optimismo de la voluntad nos convoca a una mirada, en perspectiva histórica, de una cierta concientización en un sector dinámico de la cultura política y social que se ha dado en un lapso exiguo de tiempo y que viene pariendo generaciones cada vez más conscientes de lo que es bueno o malo para el medio ambiente, aunque no logre comandar su propia conducta. Por ahora.
Para una vida 50 años es mucho, pero para la historia no lo es. Y en ese medio siglo la ecología se transformó en conciencia política que atraviesa ideologías preexistentes. El homenaje, en este caso, es a la Tierra pero también a una generación de políticos que interpretaron el “Poder de las flores” (Flower Power) y lo llevaron a la reivindicación institucional con alcances difícilmente comprobables, porque sabemos el desastre que está ocurriendo en “Nuestra Casa”, lo que no podemos mensurar es el resultado posible “de no haber existido” este movimiento opositor al “progreso a cualquier costo”.
Hubo un primer grito de “basta” que comenzó a cambiar al sistema mediante la traducción de un “cuidado”. Hoy se discute, se pelea, se activa, la defensa de lo natural. Esta segunda etapa de los movimientos proteccionistas necesita de los divulgadores, de los medios, de los docentes y científicos porque hasta el negro smog de las grandes urbes y el putrefacto aroma de los ríos, se disfrazan de verde y olor a lavanda.
Se necesitan uno, dos, mil Gaylord Nelson para detener la marcha de la humanidad hacia el abismo de la polución ambiental.

Gaylord Nelson
La conmemoración del Día de la Tierra ha tenido su agricultor destacado: Gaylord Nelson. El promotor de esta fecha reivindicativa brotó y se crió rodeado de 90.000 hectáreas de bosques y lagos, en un recóndito pueblo del estado de Wisconsin. Nelson se transformó en político para representar a su pueblo -acorde a lo establecido por la Constitución Republicana- y para actuar en defensa de los seres vivos no humanos.
Gaylord Nelson, fue el principal artífice del movimiento que sacó, el 22 de abril de 1970, a 20 millones de estadounidenses para expresar su preocupación por los problemas medioambientales. Desde entonces el Día de la Tierra se conmemora en todo el mundo para poner el acento en los principales retos que afronta el planeta y que hoy pasan por cuestiones tan acuciantes como el cambio climático, la contaminación de ríos y océanos o la proliferación de residuos derivados del petróleo que ahogan e intoxican el medio natural.
La carrera política Gaylord Nelson, se inicia en el año 1948 cuando, tras participar como soldado en la Segunda Guerra Mundial, regresó a su país siendo elegido senador por el estado de Wisconsin. Su primera respuesta fue crear un programa para la compra de extensiones, por parte del Estado, de áreas naturales y lo hizo, con un método de financiación que articuló dos territorios contiguos del humano, la tierra y el cuerpo.
Este político desconocido -no casualmente- presentaba la creatividad del desarrollo como herramienta de combate contra la devastación, generó construcciones sociales para demostrar que no había mejor negocio que conservar el ambiente. Entre otras iniciativas, Nelson, llevó al Senado iniciativas tan novedosas como constituir un equipo de conservación, integrado por jóvenes desempleados, para encargarse de labores medioambientales. Gracias a este proyecto se crearon 1.000 empleos verdes. Algo inaplicable en nuestro país, ¿O no?
Medidas
Sus medidas ecologistas se hicieron tan populares que a principios de la década de los sesenta, el promotor del Día de la Tierra consiguió amplificar un mensaje básico que quería dejar claro a toda la sociedad: el progreso económico no podía excluir el cuidado del medio natural.
Siete años antes de la gran jornada reivindicativa que instituyó lo que hoy celebramos como el Día de la Tierra, Nelson comenzó a trabajar para que la justicia social formase parte también de la conciencia ambiental que comenzaba a enraizar con fuerza en su país. “El medio ambiente es todo Estados Unidos y sus problemas. Son ratas en el gueto. Es un niño hambriento en una tierra de prosperidad. Es una vivienda que no merece ese nombre, un barrio que no es apto para vivir”, defendió el senador demócrata que expresaba lo que la izquierda siempre ha dicho pero materializado poco.
El terreno estaba abonado, Nelson lo percibía, y en el año 1969 decidió dar un nuevo enfoque para que la concienciación por las cuestiones del medio ambiente se extendiese y los políticos empezasen, como él, a actuar de forma decidida para proteger el entorno natural. Ese fue el germen que le llevó a sugerir que se fijase una jornada para llevar a las calles las reivindicaciones en favor de la ecología y que se hiciese de forma masiva. El apoyo que logró su idea fue abrumador y los medios de comunicación estadounidenses comenzaron a recoger con detalle los planes para el que empezó a llamarse el Día de la Tierra.
Ya antes de la conmemoración, la oficina del senador Gaylord Nelson se vio desbordada por una avalancha de cartas en las que muchos ciudadanos se mostraban entusiasmados con la iniciativa. La verdadera demostración del éxito debía producirse, sin embargo, el día 22 de abril de 1970 y la respuesta de la gente fue total.
Niños, jóvenes y ancianos de todo el país tomaron las calles ese día para mostrar su preocupación por los problemas ambientales de sus ciudades, sus estados, su país y su planeta y para reclamar a los políticos que se tomasen en serio sus demandas. Los 20 millones de personas que salieron a la calle entonces supusieron todo un revulsivo para la acción política en favor del medio ambiente y comenzó entonces lo que se denominó la Década Ambiental, en la que Nelson tomó parte en importantes iniciativas legislativas sobre la calidad de las aguas y del aire, el uso de pesticidas, la educación medioambiental o la protección del patrimonio natural.
Política ambiental y área metropolitana
El mensaje del gobernador al Poder legislativo que propone reformar, parcialmente, la Constitución de la Provincia, propone dar rango constitucional a una moderna división política-geográfica que apunta a fortalecer nodos y áreas metropolitanas, junto a un régimen municipal autónomo, tal como manda el artículo 123 de la Constitución Nacional reformada en 1994.
Este contenido no está abierto a comentarios

