FILOSO ROCE ENTRE KIRCHNER Y SOBISCH EN UN ACTO POLÍTICO
Acostumbrado a visitar una, dos y hasta tres provincias por semana donde lo esperan gobernadores aliados –o al menos domesticados por la necesidad de la coparticipación– y un público ciento por ciento propio, el Presidente se encontró ayer con un escenario mucho más crudo.
No sólo protagonizó con el gobernador Jorge Sobisch un sutil pero punzante contrapunto público sobre sus actuaciones en la década del 90, sino que debió soportar que decenas de seguidores movilizados por el mandatario neuquino le cantaran en la cara: “Se siente, se siente, Sobisch presidente”.
“Señor gobernador, pelee por sus ideas. Si usted cree, en lo que usted cree, luche por ellas –le advirtió Kirchner al finalizar su discurso, supuestamente dirigido a conmemorar el 107° aniversario de esta ciudad–. Pero sepa que hay un pingüino, hay un patagónico en la Casa Rosada que cree mucho en lasque tiene y va a luchar fuertemente por esas ideas.”
El jefe del Estado tardó más de 20 meses en llegar a la última provincia que le faltaba visitar, la única gobernada por un hombre decididamente opositor al gobierno nacional. Sobisch es, además, el primer dirigente político que se anotó para disputarle la presidencia en 2007.
La visita de Kirchner había sido precedida por una polémica entre sobischistas y kirchneristas neuquinos sobre la supuesta discriminación a la provincia por parte del Gobierno. No bien aterrizó, el Presidente buscó descomprimir la situación. Consultado por la temprana candidatura de Sobisch, dijo que le parecía “muy bien” y pidió “desdramatizar la política y priorizar lo institucional”.
Pero Sobisch ya había planeado su jugada.
Apostó a los seguidores que trajo de toda la provincia en los lugares más cercanos al escenario central, ubicado a pocos metros del lago Lácar. Tanto al llegar como al partir, Kirchner tuvo que pasar por un estrecho sendero rodeado de militantes del Movimiento Popular Neuquino (MPN) que le recordaron con aquel estribillo que ya tiene un rival para 2007. Algunas de las sobischistas más enfervorizadas se animaron a acompañar sus consignas con un gesto aún más provocativo: el puño cerrado y el dedo mayor extendido.
Año electoral al fin, Kirchner planeó romper la sequía de visitas a Neuquén con cuatro viajes previstos para 2005. Pero el primero quiso realizarlo en un bastión del kirchnerismo. La intendencia sanmartinense está controlada por Jorge Carro, un hombre leal al secretario general de la Presidencia, el neuquino Oscar Parrilli.
Carro fue el primero en hablar ante los cientos de militantes de uno y otro bando. Intentó poner paños fríos en un día caldeado no sólo por el espléndido sol que iluminó la jornada: “A nadie le caben dudas de las diferencias que los distinguen, pero hoy no es tiempo de destacarlas, sino que es un momento de encuentro”.
Enseguida, el líder del MPN abrió el fuego enrostrándole al Presidente algunos logros económicos de su provincia. “Quisiera para la Argentina muchas de las cosas que le están pasando a Neuquén”, dijo, consciente de que lo estaban escuchando muchos más medios de prensa nacionales de los que él suele convocar. Los militantes kirchneristas se encargaron de que una silbatina acompañase los 15 minutos de su discurso.
Sobisch fue aún más lejos e intentó aleccionar a Kirchner: “Esto se logrará si encontramos el punto de equilibrio entre un Estado que se dedique a acompañar el crecimiento de la economía y, paralelamente, damos igualdad de oportunidades”. Pidió que “nadie se ofenda” cuando él va a Buenos Aires a pelear los intereses de su provincia. Y reconoció: “Esta fiesta tiene naturalmente disensos, pero bienvenidos los disensos, que le hacen bien a la democracia”.
Un tibio abrazo entre ambos fue el preludio de la réplica presidencial.
“Yo vengo a hablar sin hipocresías”, dijo Kirchner al comenzar su discurso, en el que pidió “no quedarse en la Argentina de las maravillas”.
Aunque dijo que no había ido allí “a marcar diferencias”, se explayó ampliamente sobre el deterioro que sufrió el país en los años 90 y remató con una frase que apuntó directo al corazón de Sobisch: “Nos toca tomar una Argentina al borde del precipicio al que nos llevaron aun aquellos que hablan como si los argentinos no tuviéramos memoria”, dijo.
A nadie en la plaza San Martín se le pasó por alto el apoyo que Sobisch le dio a Carlos Menem en las últimas elecciones presidenciales.
Consultado luego por LA NACION, Sobisch dijo no sentirse aludido por aquella frase, pero agregó: “En la década del 90 yo fui uno de los pocos gobernadores que no pasó por el besamanos de la Casa Rosada y fui uno de los pocos que no privatizó el banco de su provincia”.
A nadie en el salón VIP del aeropuerto Chapelco se le pasó por alto que Kirchner fue quien privatizó el Banco de Santa Cruz.
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