Final a toda orquesta
La misma semana en que un juez de Santa Fe ordenó archivar la casua promovida por el ex concejal capitalino Mario Pilo, en la que pedía se investigara a todos los responsables de las muertes del 19 y 20 de diciembre de 2001, Carlos Reutemann ordenó un aumento a la cúpula policial que, más allá del archivo de ese expediente, deberá afrontar otras denuncias por los mismos episodios.
El juez Roberto Reyes no creyó que hubiera responsabilidad imputable a nadie por el récord de ocho muertos de aquellas jornadas (siete en Rosario y uno en Santa Fe), que en la Capital Federal –donde hubo solo cinco– debieron declarar desde los agentes implicados hasta el ex Presidente de la República Fernando De la Rúa, y por la que fueron presos Enrique Matov (secretario de Seguridad de la Nación) y el comisario Santos, jefe de la Policía Federal.
El entonces ministro de Gobierno, Lorenzo Domínguez, y el secretario de Seguridad, Enrique Alvarez, recibieron el “falta de mérito” luego de un proceso en que debieron declarar y del que inexplicablemente se eximió al jefe de ambos; el gobernador Carlos Reutemann.
El dossier jamás fue desmentido y su elaboración –un par de meses despues de los hechos sangrientos– le sirvió a Reutemann para despedir a Domínguez a través de los medios ya que el ministro no volvió a hablar con el Gobernador desde entonces y hasta hoy. Alvarez, en cambio, se quedó un tiempo más hasta que se aquietaran la aguas. Posteriormente se alejó del gobierno pero no de Reutemann.
A poco más de 20 días de dejar la Casa Gris, Reutemann recupera –al menos por un tiempo– la tranquilidad que no tuvo desde diciembre del 2001 cuando después de la caída de Fernando De la Rúa, las muertes de diciembre en el 2001, más la suecesión presidencial durante el 2002, y las inunciaciones del 2003, lo marcaron a tal punto de pensar seriamente su alejamiento de la política. La extraordinaria elección que hizo para volver al Senado de la Nación le devolvió el alma al cuerpo y si bien no hay certezas acerca de su futuro –más allá de la temporada en la cámara alta– parece haber recuperado la iniciativa política.
En ese marco, el festival de designaciones y repartija de dinero que viene haciendo puede leerse de dos maneras. Una es que ya nada le importa –para abonar esa teoría basta ver la designación de la momia de Horacio Usandizaga– y la otra es que se retira sembrando situaciones que remitirán a su gobierno. En este punto, los inevitables conflictos que deberá afrontar Jorge Obeid, no bien asuma, serán la ratificación de la jugada.
“Quiero plata para la policía”, fue la orden de Reutemann a Miguel Asencio que rápidamente puso manos a la obra y sacó la fórmula que se conoció la semana pasada y que no respeta ni los más minimos parámetros de justicia remunerativa: “A los que más ganan más le damos”, fue la consigna que soliviantó a la tropa que gana 600 pesos por mes.
A esta altura cabe preguntarse ¿por que Reutemann “premia” a los jefes policiales y no reparte ese dinero entre toda la fuerza ?
O también ¿por que a la policía y no a los maestros (directores sería el paralelo) o los médicos y enfermeras (jefes de servicio)?
Fiel a su estilo, Reutemann se limitó a decir que todo está dentro de la legalidad, respuesta que tambien utilizó para justificar el nombramiento de un par de docenas de amigos, parientes de amigos, y amigos de los parientes de algún amigo, en los juzgados de paz de la provinicia.
Según dicen en los pasillos de la Casa Gris, el festival no ha terminado y se esperan para la semana que se inicia una nueva tanda de “becarios” reutemistas. ¿Por qué Reutemann no instrumenta el llamado a concurso para cubrir esos cargos? ¿Qué pensará que sienten los vecinos de esas localidades a las que llegan desconocidos kinesiólogos o heladeros amigos del los amigos del Lole para hacerse cargo del Juzgado de Paz? “En esos lugares el Lole ganó con el 80 % de los votos”, vociferan los alcahuetes que se quedan callados cuando el ex amigo de gobernador, Jorge Massat, tramita la renta de 3000 pesos en el Senado de la Nación.
“Será un final a toda orquesta”, dicen en el entorno del ex piloto de Fórmula Uno, expectantes por algún “regalito” que les pueda tocar antes de partir. Tal vez haya alguna sorpresa.
Si hubo plata para los jefes de la policia cuando lo desincriminaron de los hechos del diciembre trágico, puede que llegue un aumento para la gente de Hidraúlica, cuando con el mismo criterio de jusiticia otro magistrado lo desvincule tambien de la causa por la inundación.
Más allá de los fueros que Reutemann conservará en su mudanza al Senado de la Nación, esos dos temas –principalmente los muertos por la represión policial– eran su desvelo. Tal vez ya no lo sean, al menos judicialmente.
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