FINALIZÓ EL III CONGRESO DE LA LENGUA ESPAÑOLA Y ROSARIO AHORA QUIERE MÁS
El III Congreso de la Lengua ya pasó. Fue en Rosario. Y el saldo para propios y ajenos no mereció (o casi) sino elogios. Por lo que ya ocurrió hubo beneplácito, alegría, satisfacción por el deber cumplido y autoestima bastante más alta. Pero ahora, ¿cómo sigue Rosario? ¿Qué le deja en leña dura el congreso a la ciudad? Para responder a estas preguntas La Capital dialogó con varias de las figuras que tuvieron, de un modo u otro, activa participación en el congreso. Inequívoca, la respuesta general es que queda el desafío de seguir para adelante, con más actividades, con más protagonismo, con mayor visibilidad como polo de cultura nacional e internacional. Rosario quiere más.
“Como fruto permanente de este congreso quedan todas las obras que se hicieron en la ciudad, como un teatro El Círculo y un Museo Histórico totalmente renovados, o los trabajos del Centro Cultural Parque de España”, afirmó el gobernador Jorge Obeid. Sin embargo, apostó más fuerte a lo intangible: “Lo más importante que queda es lo que no se ve: este fervor que nos ha empapado, estas ganas de hacer cosas y la demostración de que se puede cuando hay voluntad de todos”.
También el intendente Miguel Lifschitzx tildó al congreso de “extraordinario”. No sólo “por la calidad de las ponencias y la organización, sino por el clima de participación que se generó en la ciudad y que hizo que los invitados se fueran emocionados por el afecto y el calor que recibieron”.
En lo personal, Lifschitz confesó haberse sentido tocado por “la gente común de Rosario, el hombre y la mujer de los barrios que viven cotidianamente la ciudad” y que durante esos días “fueron parte también del congreso participando de las actividades culturales paralelas o aunque sea parándose en las esquinas para esperar ver pasar algunas de las personalidades que nos visitaron”.
La gran pregunta es si -y cómo- se podrá mantener algo de ese “espíritu de Rosario” que declamó el presidente de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, al momento de clausurar el III Congreso de la Lengua. Es decir, un espíritu ávido de contacto, abierto al debate cultural, consciente del poder que autoriza asumir el protagonismo, sin exitismos ni su contracara, los lamentos de un eterno complejo de inferioridad.
Autoestima rescatada
Varias de las voces consultadas por este diario lo pusieron de relieve. “Este evento internacional rescató la autoestima de los rosarinos, que aunque no lo digan viven con la superstición y el resentimiento de no ser porteños ni de la capital provincial. Esto prueba que las cosas importantes también pueden ocurrir acá, lo que no es casual: suceden acá porque existe una tradición cultural de la que muchas veces los rosarinos no son conscientes”, aseguró el escritor Jorge Isaías, invocando su carácter de rosarino por adopción. Por eso, también tocó otro de los mitos (y no tanto) que acunan y a veces adormecen a la ciudad. “Rosario es importante, acá no se vende soja solamente, sino que hay cuestiones culturales e intelectuales vitales: es el momento de despegar”, propuso.
A su lado, la escritora Alma Maritano sostuvo que “la ciudad fue una fiesta” y bregó por que “esto movilice y produzca una toma de conciencia de que nos puede pasar lo que ocurre en Europa, donde hay un montón de ciudades chicas con una vida cultural enorme”.
También el diseñador Dante Taparelli señaló que el final del congreso -“con lauros”- marca un camino. “De ahora en más no podemos ir para atrás, la gente tiene un entusiasmo que se debe aprovechar”, dijo, antes de advertir que “el rosarino se dio cuenta de que existe en el mundo, que no sólo hay leprosos y canallas, sino el alto orgullo de tener una ciudad maravillosa que se hace entre todos”.
El panelista local y orador en el acto de cierre, el Negro Fontanarrosa, fue un poco más cauto y serio que lo que había mostrado en sus discursos durante el congreso. Rescató, sí, que el evento “le ha venido muy bien a la ciudad” y que “los rosarinos le imprimieron su sello”. Sin embargo, declinó augurar qué impacto futuro podría tener sobre la actividad cultural. “No sé, me parece que hay que esperar, y mantener una tendencia de protagonismo y de trabajo, nada más”, aseguró.
Otro de los panelistas rosarinos, el escritor Jorge Riestra, rescató la participación calurosa de la gente y sobre todo de los jóvenes, a la vez que valoró al congreso como un “sacudón” para la ciudad. “Estas cosas son como estremecimientos del alma que hacen falta y que nos dan una dinámica sana”, dijo.
También la escritora y panelista Angélica Gorodischer elogió el desarrollo del encuentro y sostuvo que funcionó como una reafirmación para el “polo cultural” en que “hace rato se ha convertido Rosario”. Sin embargo, tuvo fuertes críticas hacia los organizadores del congreso. “No sé si por machismo, o quizás por ignorancia, lo que es a la vez una pena y una vergüenza, hubo sólo 11 mujeres sobre 160 personas invitadas”, afirmó. Ni siquiera un 10 por ciento.
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