Flor de la V: “La TV te lleva a la vagancia mental”
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Lejos de los escándalos, la protagonista de la comedia Enredados dice que hoy elige leer, estar en silencio y estudiar francés. Habla de la discriminación y opina de la legalización de las drogas.
Se te nota muy tranquila. En una época eras más provocadora. ¿Qué cambió?
Crecí, creo. Tiene que ver con eso. Cuando sos más chica sos más impulsiva, te mueven otras cosas. Después cuando vas creciendo te vas dando cuenta que la vida pasa por otro lado. No sé, ser más reflexiva, no llegar al choque, no tomártelo todo tan personal. No vas a ser monedita de oro para todo el mundo. Pero a veces la exposición cuesta mucho. Y yo, a esta edad, aprendí a no mirar.
¿A no mirar qué?
No siento curiosidad. No entro a las páginas de espectáculos. No miro nada en la televisión. Si está, la miro, pero no es que llego y estoy mirando lo que pasa. Cuando uno entra al medio es como que todo pasa por ahí. El programa de espectáculos, si hablaron de vos, si dijeron tal o cual cosa. Después te das cuenta que no, que no pasa por ahí.
¿Cómo estás cuando estás en tu casa?
En silencio. Me encanta estar así. Empecé a disfrutar de estos silencios. Tomarme un té, leer un libro, estar tranquila con este sol que se ve a través de la ventana. Antes era mucho más televisiva. Siento que la televisión es un arma de doble filo. Es un invento maravilloso pero te lleva a un lugar como de vagancia mental. Empezás a hacer zapping y podés irte hasta el canal 8 mil. Estás así (se inclina en el sillón), pudiendo ocupar tu mente en hacer algo. Leer o estudiar, no sé. Ahora estoy estudiando francés. Practico verbos, yo qué sé. La tele te lleva a estar tirada. Y si estoy tirada, prefiero tener la mente en blanco. Cuando era chica no lo entendía, pensaba que era perder el tiempo. Ahora no.
Un tiempo atrás, de afuera se te veía un poco mareada, como que habías perdido la humildad o estabas agrandada. ¿Vos sentiste eso?
Lo digo con total honestidad: voy a tratar de ser, no sé ni cómo decirlo… Lo digo respetuosamente, pero siento que gran parte del periodismo me hizo mucha campaña en contra. Mucha y muy intensa. Y sin merecerlo. Yo viví campañas muy severas. Yo trataba de alejarme, de no contestar. Y se tomó como que estaba mareada. Simplemente tuvo que ver con eso.
Imagino que viviste la discriminación. ¿Cómo te suena hoy esa palabra?
Siempre pienso que si hubiera sido mujer, te juro, me hubiera costado todo el 10% de lo que yo luché y trabajé para llegar a donde estoy. Llegué acá a fuerza de voluntad, de sacar el pecho contra todo, de no dejarme abatir por nada. Llegué por corajuda. Fue una lucha, una batalla constante. Todo fue un sacrificio. Para una persona trans es todo más complicado. A mí lo que me salvó fue la gente. Me puso en el lugar que me puso. Las marcas, en definitiva, les podrás gustar o no, pero quieren vender. Así que si te apoya la gente, te apoyan.
Drogas, fiestas electrónicas, murieron 5 chicos en una, ¿qué sensación te genera?
Cosas como esas traen debates interesantes. La Argentina no está preparada para la legalización, para incorporarla. Pero yo creo que eso lo que podría traer es un poco de orden. Me hace acordar, aunque sea muy trillada la comparación, a lo del divorcio. Decían que cuando saliese la ley se iban a separar todos, y no se separó nadie. Y con la legalización no es que van a salir todos a tomar pastillas, a drogarse, creo que sólo se ordenaría todo un poco. Sería algo mucho mejor que esta nebulosa en la que vivimos que potencia al narcotráfico.
Cuando decidiste tener hijos, en 2011, se armó una gran polémica: “¿Una persona trans va a tener un hijo? ¿Eso está bien?”. Contame cómo lo viven hoy ellos, que ya tienen casi 5 años.
Son chicos todavía. Pero el día que me pregunten va a ser algo que vamos a charlar. Es la vida que les tocó. Yo tomé una decisión: quería ser madre, atravesar este momento, vivirlo. Si me hubiera guiado por lo que decía la gente no lo hubiera hecho. Pero toda mi vida fue así. Yo tengo mi vida, fui extremadamente feliz y la viví como quise. Lo mejor que me pudo haber pasado en la vida es que me puedo morir y decir ‘¿saben qué? Yo viví como quise’. En cuanto a tu pregunta, un hogar feliz, un núcleo feliz con hijos felices, puede vencer cualquier tipo de prejuicio y adversidad. Yo sabía que en el colegio y en la calle les iban a decir cosas. Vivimos en un mundo cruel en el que hay de todo. Pero lo importante es que ellos estén criados con amor. Tengo a favor que cambió el mundo.
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