FONTANARROSA Y GALEANO HABLARON DEL MUNDO Y SUS ARRABALES
-Galeano: Según cálculos de la John Hopkins University, en Irak ya han muerto 100 mil civiles, en su mayoría mujeres y niños. Traducidos a términos estadounidenses, sería un millón 300 mil personas. ¿Te imaginás si hubiera caído esa cantidad de estadounidenses como consecuencia de una invasión iraquí, que escándalo?!! El mundo duraría milenios en olvidarlo. Pero como los muertos sin iraquíes, el mundo no parece muy inquieto por el asunto. Se acepta como normal que haya pueblos que paguen con muerte el desarrollo de esa cultura del terror. Aunque después se diga, no, no, no tienen nada que ver. ¿Y si no tienen nada que ver, por qué los matan? Porque eso es redituable, permite que Bush gane las elecciones.
-Fontanarrosa: Yo he visto un crítico político norteamericano diciendo que suponía que iba a ganar Bush porque nunca había sido derrotado un presidente en funciones en épocas de guerra, como que no cambiaban de caballo en medio del río, sin que con esto haya ninguna similitud zoológica…
-G.: Te salió muy bien, sin ánimo de ofender…
-F.: Estaba todo pensado…
-G.: (Bush) es discípulo de Menem… puede ser… hay muchas cosas en común. Como dice el creador de Homero Simpson, Mat Groening: Si se encontraran serían íntimos, son iguales…
-F.: Son esos rayos que parten de la cultura norteamericana y presentan otra imagen. Los Simpson, Woody Allen. Verdú, el español, que vivió muchos años en EE.UU. y decía que habiendo muchos de ellos en EE.UU., la imagen del intelectual no es muy bien vista. Pero que un presidente norteamericano tenía que aparece en alguna foto arreglando un tractor. Eso de la cosa práctica, del hombre rústico, invariablemente los presidentes norteamericanos en algún momento aparecen andando a caballo… incluso cayéndose…
-G.: Me acuerdo de la invasión de la República Dominicana en 1962, durante un gobierno demócrata en EE.UU. cuando mandaron 42.000 marines para apoyar un golpe militar contra un presidente elegido por las urnas, Juan Bosch. Entran los marines en nombre de la democracia para apoyar a los militares golpistas. Un periodista le pregunta a Bosch en el exilio porqué odiaba a los EE.UU. y él contestó algo que me parece estupendo y profundo: Usted se equivoca señor, nadie que haya leído a Mark Twain puede odiar a los EE.UU., yo odio al imperialismo, que es algo muy diferente.
-F: Recuerdo a un columnista muy brillante que se llama Art Woodward. Hace muchísimo leí, en medio de tantas intervenciones militares, que le informaban al presidente que iban a tener que enviar los marines para proteger a los ciudadanos norteamericanos que estaban viviendo en ese país. Y el presidente responde: Pero si en es país no hay residentes norteamericanos. Y le contestan: Pero bueno, entonces los mandamos juntos con los marines. Y a la luz de este resultado con Tabaré Vázquez en Uruguay, ¿cómo ves la escena latinoamericana?
-G.: Buenas perspectivas, siempre y cuando se tenga conciencia clara de que en estas cosas, solo, estás frito. Sea cual fuere tu tamaño, chico como Uruguay o grande como Argentina, Brasil o México, en la soledad estás frito. La única posibilidad de hacer algo es juntos, juntarse, unirse, es algo del sentido común, elemental. Y creo que en ese sentido apuntan los nuevos gobiernos, pero por ahora no se traduce muy claramente en actos. Se debería negociar juntos la deuda externa, porque esta cuerda atada al pescuezo de todos nuestros países implica una especia de supergobierno que gobierna a los gobiernos. Esta negación de la soberanía que te obliga a pedir permiso para todo, hasta la designación del portero de un ministerio, a ver qué opina la tecnocracia del FMI o el BM. Entonces hay que sentarse a negociar juntos frente a la gran banquería, decirles: no señores, estamos juntos. (…) Y lo mismo en relación a la identidad cultural, el derecho a ser uno mismo; de cada voz a decirse, a ser escuchada, no ser el eco de voces ajenas. El derecho de cada cuerpo a no ser la sombra de otro. Juntarse para esas cosas.
-F.: Es todo un tema el de la identidad, y hablo desde el desconocimiento. A mi nunca me ha preocupado el tema de la identidad, no tengo mayores dudas. No se de qué forma te puede paralizar la duda al respecto. ¿Lo detuvo a Piazzola para hacer su obra, por ejemplo? Para mi la identidad es como el movimiento, se demuestra andando. Está en las cosas que uno hace. Detenerse mucho en pensar qué voy y cómo, no me parece positivo. Siempre me acuerdo de una frase de Ray Bradbury que decía: primero escribir y después pensar. O sea, arranquemos. Me parece un poco paralizante eso de decir de dónde vinimos, a dónde vamos. Que no te impida el laburo, ¿no?
-G.: El tema es que el pájaro no se echa a volar cuando los libros le pesan demasiado en las alas. A mi me aburre mucho toda esa literatura del ser argentino y el ser mexicano y el ser qué se yo… La identidad no está en los museos, sino en la vida viva y por lo tanto cambia todo el tiempo. Yo soy lo que soy, pero sobre todo soy lo que hago para cambiar lo que soy. Creo en una identidad en movimiento, la otra no me interesa. Pero también es necesario abrir un frente de lucha en defensa del derecho a la expresión propia. Por suerte se han abierto canales imprevistos de comunicación alternativa a través de internet. Y aquí empiezo por hacer una autocrítica porque cierto tiempo tuve mucha desconfianza en este asunto de internet, dada mi condición prehistórica porque siempre desconfío de las máquinas. Creo que las máquinas beben de noche, por eso de día hacen cosas inexplicables. Ahora reconozco que gracias a estas redes de internet, esas voces que sonaban en campanas de palo, ahora tienen una resonancia imprevista y llegan a todas partes. Son las paradojas lindas de este mundo, que a veces nos sorprende en el horror, pero también en la maravilla. Una red armada por el Pentágono para planificar expediciones militares, se convierte en un instrumento de la vida (…).
-F.: Yo he tenido temor y extrañeza frente a eso. Porque cuando eramos chicos y en casa se compraba el Wincofon, no te lo dejaban tocar porque todos los elementos domésticos se podía romper, eran caros. Ahora los chicos con desparpajo agarran esas computadoras y las someten. No es el caso nuestro. En un momento que aprendí a prenderla a la computadora, lo que me desconcertaba es que me hacía más preguntas que mi mujer…
-G.: Es verdad…
-F.: Vos ponés salir, pero te pregunta: ¿quiere salir o quiere archivar? Quiero archivar. Sí, pero ¿lo archiva en la carpeta o en la bandeja de recepción? En la bandeja. Sí ¿pero realmente quiere salir, está seguro? ¡¡Pero salí y dejate de hinchar las pelotas!!! Era una cosa terrible… Pero, como dice Eduardo, hay cosas incomprensibles y ya entramos en la metafísica, es el concepto de infinito. Ni puedo acercarme. Te dicen: lo que pasa que el universo llega hasta ahí, pero ¿y después? Nadie me ha podido contestar eso. Y también me costó darme cuenta qué es internet, bah, no se qué es internet. Si vos decir teléfonos, hay una empresa que dice teléfonos de cuál o tal parte, decís Pentágono y hay un edificio bellamente diagramado. Pero internet no, no hay dueños y hasta hay dificultades de control. Yo sigo recibiendo fotos pornos…
-G.: Hay que celebrar todo lo que ayude a redescubrir la diversidad del mundo. Y eso es lo que ha sucedido con internet. No hay que caer en la tontería de confundir al criminal con el cuchillo. El hecho de que los medios tecnológicos se utilicen con destino de muerte o consumo idiota, no quiere decir que esos medios tengan la culpa. En la Grecia antigua cuando se cometía un crimen se hundía el cuchillo en el fondo del río, como si el cuchillo lo hubiera cometido. La televisión no tienen la culpa del mal uso que se hace de ella, y en algunos países cumple una función multiplicadora de las conciencias y difusora de las cosas que valen la pena. Son instrumentos. En el mundo de hoy hay que celebrar la diversidad. Porque nunca el planeta fue tan injusto y desigual en la oportunidades que brinda, pero tampoco tan igualador en las costumbres que impone. Hay como una uniformización obligatoria de una cultura única. Nosotros hasta en nombre de la guerra contra el aburrimiento tenemos que defender la diversidad del planeta, el derecho a defender que resuenen muchas voces, la cantidad de mundos que el mundo contiene.
-F.: Cuando hablabas de la televisión pensaba en otro avance imposible de comprender. Me quedé en la tostadora eléctrica en cuanto a comprensión. Pero pensaba que por el solo hecho de haber sido creada para transmitir fútbol, la televisión ya estaba justificada como invento. Si uno tiene la posibilidad de tener cable, las opciones son muchas. Siempre se dice que la televisión se mete en la casa. Y creo que no es así, porque uno va a comprar el aparato a un comercio, pide precio, lo mira, lo busca, se fija en el tamaño, compra la mesita, lo trae adentro. Y después con una hipocresía total dice, ¿pero cómo se metió este aparato en casa? Creo que uno de los grandes adelantos de la humanidad fue la penicilina y el otro el control remoto, por la sensación de poder que le da a uno. Estas viendo un discurso en directo de Bush a todo el mundo y en un momento decís: Mirá viejo, me hinché las pelotas, y lo sacás a Bush y ponés Utilísima. Y te sentís He-man…
-G.: Además la televisión tiene un efecto deformante porque se ha adoptado en América Latina el modelo norteamericano de TV comercial. Por esta manía de copianditis que tenemos desde tiempo coloniales, hemos sido adiestrados para la copia, para ser monos o papagayos. Y encima copiamos mal el modelo, porque podríamos hacerlo con la televisión holandesa, alemana u otras públicas que tienen alto nivel. En vez de copiar estos modelos cachivache al servicio de la sociedad de despilfarro. Hay una necesidad de estudiar los modelos alternativos de propiedad de la televisión, como se hace en otros países, donde pertenece a la sociedad civil, no al Estado.
-F.: Aquí antes llegaba mucha música francesa o italiana. Por ejemplo, el Festival de San Remo, y se disfrutaba. O el Neorrealismo italiano o el Nuevo Cine francés. Eso paulatinamente se fue desvaneciendo, pasó a ser un elemento de cinemateca o cineclub. Y la música perdió esa diversidad. Yo admito que también me he embrutecido notoriamente. El propio Silvester Stallone dijo que sin las explosiones, el cine norteamericano de los últimos 20 años no hubiera existido. Uno pierde cierta ejercitación de recibir otros estímulos.
-G.: Incluso perdimos cosas del mismo cine de Estados Unidos, que suele producir cosas muy valiosas, donde lo que suenan son voces de verdad y no explosiones que estallan en la pantalla y en la realidad. Con las explosiones ya no sos capaz de escuchar las voces. (…) Pero se trata de multiplicar esta energía naciente de gente que redescubre su alma perdida. Y este es un término de la tapicería y de la marinería. Cuando un almohadón se hunde, el tapicero dice: tiene el alma rota. Cuando el mástil se quiebra, el especialista dice: le falló el alma. Lo mismo pasa con los pueblos, se des-alman. Tenemos pueblos des-almados que han ido perdiendo su alma progresivamente a través de una larga cadena de humillaciones, de obediencias obligatorias, de silencios obligados. Hemos sido obligados durante demasiado tiempo a mentir o a callar y entonces nos cuesta mucho hablar con voz propia. Pero una vez que eso se desencadena, que estos procesos crecen desde el pie, como quería Alfredo Zitarrosa, no hay quien los pare.
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