FRANCIA CONSOLIDA LA NEGATIVA A LA CONSTITUCIÓN EUROPEA
El “no” a la Constitución europea está creciendo en los sondeos a cinco días del referéndum, alimentado por el descontento social y económico, la fuerte impopularidad del Ejecutivo conservador y el temor a Europa y a la globalización.
Tres encuestas de los institutos demoscópicos Ipsos, CSA e Ifop divulgadas hoy dan al “no” ganador con el 53% o el 54% de las intenciones de voto, un avance de dos puntos en una semana.
Tras un efímero repunte del “sí” en la primera mitad del mes, son diez los sondeos consecutivos que dibujan la perspectiva de un rechazo al texto en la crucial consulta del próximo domingo.
El “no” es ampliamente mayoritario (60%) entre los simpatizantes de izquierdas, incluidos los del dividido Partido Socialista (PS, 54%), mientras que, por el contrario, los de la derecha parlamentaria en el poder dicen “sí” al texto con un 73%.
En una entrevista televisada anoche, el ex primer ministro Lionel Jospin llamará a sus correligionarios socialistas, sobre todo al 26% de indecisos que dictará el resultado, a no dejarse “engañar” por quienes “se dicen pro europeos y piden el no”, y a no hacer pagar a Europa la factura de su ira con el Ejecutivo conservador.
El jueves le tocará al jefe de Estado, el neogaullista Jacques Chirac, lanzar por televisión un último llamamiento a la responsabilidad de los franceses para que no debiliten la voz de Francia en Europa y no detengan la construcción europea.
El reto para Jospin y Chirac es “centrar en el futuro de Europa la atención de los indecisos, para evitar que “la dinámica de la última recta final” favorable al no” lleve a un “verdadero referéndum-sanción”, según el director de Ipsos, Pierre Giacometti.
Sobre el avance del “no” en el electorado socialista, cita “la mezcla explosiva de la creciente impopularidad” del Ejecutivo, “los efectos” de la supresión del festivo de Pentecostés, y “la eficacia de los argumentos de campaña” del bando del “no”.
Este bando, que se movilizó mucho antes que el campo del sí (aliviado y adormecido, quizás, por el apoyo mayoritario de los militantes del PS a la Constitución en una consulta interna el pasado diciembre), es de lo más heterogéneo.
A la izquierda, abarca al Partido Comunista (PCF), que se reivindica pro-europeo y anti-liberal, a los disidentes socialistas y Verdes, a la ultraizquierda y a los anti-globalización, unidos contra la Europa “ultra-liberal” encarnada en la Constitución.
En ese “no de izquierdas” ocupa un lugar especial el “número dos” del PS y ex primer ministro Laurent Fabius, que durante años fue exponente del ala liberal del partido y cuya campaña por el “no” para renegociar un tratado “más social” respondería, según los partidarios del “sí de izquierda y derecha”, a sus ambiciones personales para las Presidenciales de 2007.
“Mi no de izquierdas es fundamentalmente pro-europeo e internacionalista. Como el de millones de franceses que van a votar no (…) La Europa de hoy es demasiado libre-cambista y no lo bastante solidaria”, se defiende Fabius, que acusa al Ejecutivo de preparar, si ganara el sí, medidas liberales “retardadas”.
En el “no de derechas”, destaca el líder del soberanista Movimiento por Francia, Philippe de Villiers, que inicialmente centró su campaña en el rechazo al eventual ingreso de Turquía en la Unión Europea para luego denunciar la directiva Bolkestein sobre la liberalización de los servicios en Europa, y las deslocalizaciones.
Abanderado de una franja sumamente minoritaria de la conservadora y gobernante UMP, el diputado Nicolas Dupont-Aignan reivindica el “gaullismo” en su campaña por el “no”, lo mismo que el ex ministro del Interior y líder del Reagrupamiento por Francia, Charles Pasqua, apenas audible al estar salpicado por el escándalo del programa “petróleo por alimentos” para el Irak de Sadam Husein.
En la ultraderecha, radicalmente anti-europea y abanderada por el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen, el “no” alcanza el 92%.
Más allá de los factores políticos -la impopularidad de Chirac y de su primer ministro, Jean-Pierre Raffarin, ronda niveles récord-, el “no” se apoya en la fractura entre las “Francia de abajo y de arriba”, palpable en el referéndum del tratado de Maastricht en 1992 (ratificado por los pelos) y en la primera ronda de las Presidenciales de 2002 en las que Jospin fue eliminado por Le Pen.
En el sondeo de CSA, el rechazo a la Constitución prima entre las clases populares (65% de los empleados y 74% de los obreros), los artesanos o los agricultores, mientras que los directivos o los diplomados universitarios se pronuncian claramente por el “sí”.
“Hay dos países”, comenta el director de CSA, Roland Cayrol.
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