FUE A QUEJARSE POR LOS RUIDOS Y UN CHICO DE 14 AÑOS LO BALEÓ
Villa Martita es un barrio residencial de la zona Este de Santa Rosa. Allí viven, entre otras figuras, empresarios y políticos. Y la tranquilidad es un símbolo en sus calles arenosas y sin asfalto. Sin embargo, esa paz se alteró en la tarde del viernes. Cuando aún no se habían acallado los ecos de la espectacular victoria argentina en Alemania, un chico de 14 años hirió gravemente a un vecino (un fotógrafo de 37 años) de dos balazos. Ocurrió después que el hombre fuera a pedirle que no hiciera ruido con un cuatriciclo.
La víctima es Paul Anguzar, un conocido fotógrafo de la ciudad. El agresor es hijo de una psicopedagoga. El incidente comenzó cuando Andrea, la esposa del fotógrafo, fue a pedirle a un grupo de adolescentes que andaba en cuatriciclo que no hicieran ruido. Quería que su hijo de 7 meses, durmiera la siesta.
Pero lejos de acatar el pedido de la madre por su bebé, el chico de 14 años (vive a media cuadra de los Anguzar), desafiante, hizo un trompo delante de la casa y se subió a la vereda. En ese barrio las calles son de tierra y las veredas, en su mayoría tienen el césped cuidado.
Fue allí cuando el fotógrafo discutió fuertemente con el adolescente y le recriminó lo que había hecho. Lo siguió hasta la casa, pero el menor estaba solo.
Lo que sigue es confuso. Según lo que estableció la Policía, el chico sacó un pistola 9 milímetros, (tenía algunas reformas, preparada para competición) y le disparó al fotógrafo. El arma estaba guardada en algún mueble y cargada, lista para ser disparada.
Un tiro le dio a Anguzar en el brazo; el otro (por la espalda) le afectó el bazo, la médula espinal y el hígado. Se cree que fue cuando el fotógrafo quiso escapar.
Antes de los disparos, la esposa de Anguzar había llamado varias veces a la Seccional Primera, la comisaría con jurisdicción en el lugar pero dicen que no hubo respuesta y no fueron al lugar. La mujer estaba hablando otra vez con la Policía, para pedirles que fueran, cuando escuchó los tiros.
Cuando la Policía llegó a la casa, en la calle Rubio al 500, el menor estaba con una crisis de nervios. Según fuentes policiales, decía: “me asusté y le disparé”.
El chico se mostró reticente a colaborar con los investigadores. No dijo los nombres de sus compañeros, que huyeron después de los disparos, aunque luego fueron identificados. La pistola fue encontrada después de un rastrillaje, oculta en una planta del patio de la casa.
El adolescente de 14 años estaba junto a tres chicos del barrio. Dicen que este grupo ya había tenido problemas con otros vecinos. Y tenían denuncias porque manejaban cuatriciclos siendo menores de edad.
En el verano, según testimonios recogidos por Clarín, en la cuadra donde vive el chico agresor las calles quedaban surcadas por las huellas de los cuatriciclos.
Hace unos meses hubo otro grave incidente en el barrio. Juan Pablo Pollak (un diseñador gráfico) fue víctima de un ataque anónimo: le tiraron una bomba molotov en la entrada de su casa. Sólo provocó daños menores. La casa de Pollak está a una cuadra de donde fue herido Anguzar.
La investigación por el atentado de la molotov quedó a cargo de la Brigada de Investigaciones. Luego de varias averiguaciones, se comprobó que Pollak había denunciado a unos menores que andaban en cuatriciclo por el barrio. Según trascendió, de esas investigaciones surgió que los menores habrían tenido responsabilidad en ese ataque. Y hasta se habría comprobado que la molotov fue armada con datos sacados de Internet.
Según publicó el diario La Arena, el chico de 14 años va a 9º año del tercer ciclo de una EGB. Antes asistió al IPEM, un instituto privado, de donde se fue por problemas de conducta. Dicen que allí habría protagonizado un incidente con un arma.
Ayer, el chico ayer seguía a disposición de la jueza Verónica Fantini (jueza subrogante en el Juzgado del menor y la Familia), aunque no se sabía dónde lo habían alojado ya que el IPESA (Instituto Provincial de Educación Socializadora de Adolescentes) está preparado para recibir chicos con otros antecedentes.
El barrio donde ocurrió el ataque estaba alterado en la jornada de ayer. En Villa Martita se levantan mansiones de empresarios y políticos pampeanos. Muchas se asoman detrás de coloridas y enormes parquizaciones.
La casa donde vive el menor y se produjo la agresión al fotógrafo permaneció con sus postigos cerrados la mayor parte del día. Algunos chicos y chicas adolescentes, que llegaban manejando sus autos, estuvieron varios minutos frente a la puerta, sin que nadie abriera.
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