“FUE EL CARUCHA”, ALCANZÓ A DECIR UN HOMBRE ANTES DE MORIR
Antes de perder el conocimiento, Juan Omar Buenaventura Prieto alcanzó a pronunciar el sobrenombre de quien le había disparado. “Fue el Carucha”, le dijo a su mujer con el último aliento mientras la bala que le había impactado segundos antes en el estómago se llevaba su vida. El hombre de 54 años fue asesinado antenoche cuando fue a comprar cigarrillos a un quiosco ubicado a pocos metros de su casa de barrio Godoy, en el sudoeste rosarino, un rato antes de partir junto con su familia hacia la fiesta de casamiento de una vecina. Carucha, de 25 años, y su presunto cómplice de 21, ambos conocidos del barrio y con varios antecedentes penales, fueron detenidos horas más tarde por personal de la seccional 32ª como responsables del crimen, aunque el arma homicida no fue encontrada por la policía.
El homicidio del Flaco Prieto ocurrió el sábado por la noche, alrededor de las 22.30, en Saavedra al 7300. A esa altura la calle está cercada por terrenos, tiene apenas dos cuadras de extensión y muere al este en el paredón de una fábrica de vidrio. Es en pleno barrio Godoy, un sector delimitado por a grandes rasgos por Circunvalación, las avenidas Presidente Perón (ex Godoy) y Rivarola y el límite del municipio rosarino con el de Pérez.
Prieto vivía con su mujer, Nidia, en la casa levantada en Saavedra 7354. La vivienda tiene montado en su frente una pequeña verdulería que hasta ayer era atendida por Nidia. Estaban juntos desde hacía ocho años y ella tiene tres hijos adultos de su anterior marido, que falleció. Prieto se rebuscaba la vida como paquetero y todas las mañanas salía en bicicleta a vender por el barrio, aunque solía llegar hasta Fisherton.
El sábado a la noche todos estaban listos para asistir a la fiesta de casamiento de una vecina y clienta de la verdulería. Edelmiro Javier Barreto, uno de los hijos postizos del hombre asesinado, narró lo sucedido. “Nadie está preparado para algo así. Todos estaban por irse al casamiento y Prieto dijo en un momento «aguanten que voy por cigarros». Ni bien salió a la calle se escuchó el disparo. Lo apretaron dos tipos delante del quiosco para sacarle unos mangos y como se resistió le metieron un tiro”.
Conocidos del barrio
El estampido hizo que Nidia y sus familiares salieran a ver qué había pasado. Prieto había caído delante del localcito que está a no más de 15 ó 20 metros de su casa, sobre la misma vereda. “Cuando mi mamá le preguntó qué le habían hecho él respondió: «Fue el Carucha». Después un vecino llamó a un remisero, lo cargamos en el auto y salimos para el Hospital Clemente Alvarez. Pero llegó muerto”, recordó Edelmiro.
Según vecinos y allegados a la víctima, Carucha y su cómplice son conocidos del barrio. Carucha fue identificado por fuentes policiales como Andrés Miguel González, de 25 años y un prontuario cargado de delitos contra las personas y la propiedad. Los vecinos contaron que vive en Cabín 9, que es un barrio lindero a Godoy pero pertenece al municipio de Pérez, y lo veían pasar casi todos los días hacia la avenida Presidente Perón, donde limpiaba parabrisas en el semáforo de Circunvalación.
En cuanto a su cómplice, la policía detuvo a Marcos Agustín Corso, domiciliado a unas diez cuadras del lugar del crimen, en Deán Funes al 8300. Fuentes de la comisaría 32ª, que interviene en este caso por razones de jurisdicción, aseguraron que los sospechosos fueron señalados por testigos, entre ellos una joven que vio salir corriendo a González guardando un arma en la cintura.
“A este Carucha lo sindican como el autor del disparo. Y del otro, de quien directamente dieron el nombre, dijeron que estaba con él. A Corso lo conocíamos porque hace un mes salió en libertad luego de que lo descubriéramos con una pistola 9 milímetros guardada en su mochila. Resulta que el arma había sido robada a un policía a principios de 2005”, comentó una fuente de la 32ª.
Horas después del asesinato Carucha fue detenido en la esquina de Irurtia y Colombres, y a Corso lo atraparon en Deán Funes y Manuel González. Ambos fueron puestos a disposición del juez de instrucción Adolfo Prunotto Laborde. Para los investigadores el hecho está esclarecido, pero al cierre de esta edición no habían podido aún secuestrar el arma homicida.
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