FUERTE INVERSIÓN DE PETROBRAS EN UN GASODUCTO ARGENTINO
El ministro de Economía, Roberto Lavagna, obtuvo ayer la confirmación por parte del presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, de que se invertirán 200 millones de dólares en la ampliación del gasoducto San Martín, que opera Petrobras. Lavagna se reunió ayer durante ocho horas con la plana mayor del gobierno brasileño para pedir tiempo y comprensión con el proceso de reindustrialización de la Argentina.
Primero se encontró en Itamaraty con su par brasileño, Antonio Palocci, y luego partió hacia el Palacio do Planalto, donde lo esperaban Lula y el jefe de Gabinete, el poderoso José Dirceu. A ambos les recitó el mismo discurso sobre la necesidad argentina de volver a contar con un parque industrial completo. Lula le confirmó la decisión política de que, tal cual había pedido el presidente Néstor Kirchner, Petrobras invertirá en la ampliación del gasoducto San Martín.
“Lo que nosotros necesitamos es un cierto tiempo para poder llevar adelante el programa de reindustrialización de la Argentina”, dijo Lavagna en una entrevista con LA NACION y otros dos diarios argentinos, al explicar el mensaje que trajo a Brasil. Su visita no incluyó conversaciones sobre pequeños conflictos sectoriales, como el que vive el sector del calzado o los electrodomésticos, sino que se centró en un mensaje político mayor: que la Argentina necesita que su industria se integre con la brasileña, que Brasil asuma una “práctica de buen comportamiento” para captar las inversiones multinacionales y comprensión brasileña para eliminar las asimetrías entre los sectores de ambos países.
En su maratón de reuniones con ministros tuvo incluso que explicar claramente las palabras de Kirchner, que antes de ayer anunció que el libre comercio automotor no será lanzado en 2006, como estaba previsto y como esperaba Brasil.
La integración automotriz
El artículo 26 de la Política Automotriz del Mercosur establecía que el libre comercio comenzaría si no se hubieran producido desequilibrios de comercio, recordó Lavagna durante una conferencia de prensa, como quien señala una letra chica no leída por el otro socio. “En 1998, la Argentina tenía un 14% del mercado automotor brasileño; hoy tiene poco más de un 2%. Brasil tenía un 30%; hoy tiene un 60%. Esto muestra que no se cumplió con el objetivo del tratado automotor. Ahora es lógico que haya una transición distinta para llegar al objetivo”, dijo.
Luiz Fernando Furlán, ministro de Desarrollo, Industria y Comercio, y el primero que se reunió con Lavagna, no reaccionó bien al anuncio hecho inicialmente por Kirchner. “Las declaraciones de presidentes las tiene que responder un presidente. Lula va a responder”, dijo.
Sobre los pedidos de comprensión y de buena conducta para atraer multinacionales –es decir, para que Brasil no se quede con todas las inversiones que llegan a la región–, fue evasivo. “Lavagna me dio las carpetas con los pedidos al final de la reunión. Voy a leerlas en un vuelo que voy a tomar ahora”, dijo, riendo.
Furlán, que en una entrevista reciente con LA NACION dijo que los empresarios argentinos tienen que “dejar de lloriquear” y salir a vender, insistió indirectamente en que no es Brasil el responsable de los problemas argentinos.
“La Argentina se resiente por falta de financiamiento y garantías”, dijo, y recordó que actualmente el tipo de cambio en ambos países está equiparado y las cifras de crecimiento son parecidas. Y remató: “Lavagna dijo que los problemas que lo preocupan no son culpa de Brasil”.
Furlán, que integra el grupo empresarial ortodoxo del gobierno, admitió, sin embargo, la posibilidad de modificar la reglamentación del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (Bndes) para que una línea de crédito de la entidad permita financiar la compra de autopartes argentinas a las industrias brasileñas.
Posteriormente, Lavagna tuvo un breve encuentro con Palocci, que insistió en la “marca Mercosur”, y partió hacia el Palacio de Itamaraty, la sede de la cancillería brasileña, para un almuerzo con el ministro Celso Amorim.
Después de escuchar los planteos de Lavagna, Amorim intentó mediar entre las explicaciones del ministro y las quejas del empresariado brasileño, que no simpatiza con las concesiones a la Argentina. “Hay que tener comprensión con un país que pasó por problemas graves, pero al mismo tiempo no hay que perjudicar al Mercosur como proyecto”, sostuvo.
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