FUERTE RESPUESTA A LAS CRÍTICAS EN EE.UU. SOBRE LOS PIQUETEROS
“Nada de off the records. Vamos a hablar todo a grabador abierto”. Con ese tono empezó ayer su conferencia de prensa con los medios que acompañan al presidente Néstor Kirchner el canciller Rafael Bielsa. Se sabía —algo inevitable en una gira en la que los enviados especiales están pegados a sol y sombra a los funcionarios y sus voceros— que Bielsa iba a embestir contra Roger Noriega, el subsecretario de Asuntos Hemisféricos del gobierno de Bush.
“Si el señor Roger Noriega está preocupado por lo que pasa en el país, el gobierno argentino está harto de las intromisiones de Noriega en los asuntos internos de la Argentina”.
De esta manera, Bielsa —es decir Kirchner— le adjudicó a Noriega la responsabilidad por las críticas provenientes de Washington. Los corresponsales de Clarín y La Nación en esa ciudad reprodujeron declaraciones de un funcionario del Departamento de Estado que pidió reserva de su nombre, en las que manifestó la preocupación de Washington por el avance de las protestas piqueteras, las disputas entre Kirchner y Duhalde y por el hecho de que el Gobierno dilapidara su popularidad sin hacer reformas.
Bielsa calificó las definiciones como “propias más de un parroquiano en un bar que de un funcionario” al que, por esa razón “se le debe contestar de la misma forma”. Rechazó así la posibilidad de presentar una protesta formal al gobierno de EE.UU.
Cuando se le consultó sobre la certeza de que el informante se trataría de Noriega respondió: “Me pagan para saberlo”.
El canciller dijo que intentó comunicarse con el secretario de estado de Bush, Colin Powell pero este se encontraba de viaje hacia Turquía, por lo que habló con el embajador de EE.UU. en Buenos Aires, Lino Gutiérrez.
“Me dijo que deploraba la situación y que debido al off de record pensó que esas declaraciones eran a título personal”, afirmó.
—¿Gutiérrez dijo que se trataba de Noriega?, preguntó Clarín.
—El no me dijo “no es Noriega”, respondió Bielsa.
Antes, el canciller había hablado desde Beijing con un par de radios argentinas y allí expresó textualmente: “(Lino Gutiérrez) me manifestó que se disculpaba por la situación y que seguramente expresaba las ideas personales de Noriega… Se disculpó por la incomodidad que esto había causado”.
La respuesta no se hizo esperar: Gutiérrez desmintió haberse disculpado ante Bielsa. “Estados Unidos no pide disculpas por reportes que aparezcan atrinuidos a un ”alto funcionario”. Le tengo mucho afecto y respeto a mi amigo el canciller. Tal vez en la conexión cuando me llamó desde China, no me entendió bien”.
En enero, el gobierno argentino ya había tenido otro entredicho con Noriega, quien entonces cuestionó los vínculos de la Casa Rosada con Cuba en una disertación que realizó en el Consejo de las Américas. “Terminemos de ser un alfombra”, dijo Kirchner.
Como en esa ocasión, el Gobierno concentró sus críticas en Noriega y en ningún caso las extendió al Departamento de Estado ni mucho menos al gobierno de George Bush.
Desafiante, mientras se esparcía el humo de la choriceada
organizada para el encuentro de Kirchner y su comitiva con la comunidad argentina en China, Bielsa se despacho a gusto ante la prensa en un salón del primer piso de la embajada argentina. Y no eludió ningún tema.
Luego, echó mano a la ironía: “Esto es como si yo hablara con ustedes como canciller sobre las barbaridades ocurridas en la cárcel iraquí de Abu Ghraib o la situación en Guantánamo”.
Sobre el final, Bielsa enmarcó el ámbito en el que, según él, se realizó la entrevista: “Fue en el Club de Prensa de Washington y el grupo convocante fue el Centro de Estudios Estratégicos”, al que definió “un think thank republicano ortodoxo”.
Y propuso “investigar” cuatro cuestiones en torno a las declaraciones que atribuye a Noriega: “En que marco fueron hechas; quiénes pertenecen a la organización que lo invitó; los socios argentinos de esa organización y por qué esas expresiones coinciden con las voces de algunos miembros de la oposición”.
“No me gusta la palabra complot pero la gente que piensa igual, se comporta igual”, remató (ver pág. 4). También remarcó la “coincidencia” de que esto ocurriera cuando la Argentina recibió el beneplácito del FMI por el cumplimiento de sus metas.
A esa altura, Kirchner y su comitiva ya habían abandonado la Embajada argentina. La parrilla humeaba casi vacía entre los últimos comensales. Bielsa no pudo probar bocado.
Este contenido no está abierto a comentarios

