FUGA, MOTÍN Y QUEMA DE COLCHONES EN UNA COMISARÍA
En el penal sólo hay una pieza con capacidad para 12 internos, pero vivían 42.
Foto: Carlos Romano
Presos que se turnan para dormir, que orinan en botellas, defecan en bolsas, con enfermedades en la piel, inmersos en la mugre y sin atención médica. Una descripción reiterativa al hablar de los penales de comisarías rosarinos, pero que sólo se pone al desnudo cada vez que esa situación genera alguna consecuencia. Eso fue lo que sucedió ayer a la madrugada, cuando cinco de los 42 reclusos que estaban alojados en la seccional 26ª, ubicada en Mitre 1957 de Villa Gobernador Gálvez, cavaron un túnel y lograron ganar la calle. La guardia descubrió la fuga alrededor de las 5 de la madrugada. Y el resto de los reos, para evitar represalias, se amotinó y quemó los colchones. Sólo la intervención de la Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC) logró descomprimir el conflicto y organizó el traslado de 28 reclusos a otras dependencias, tarea un tanto dificultosa ya que el resto de las seccionales también está superpoblado. La policía logró recapturar a tres de los cinco evadidos y sólo 12 de los internos quedaron alojados en la misma seccional, que quedó destruida. “Viven como animales”, fue una de las reflexiones de la abogada Carmen Maidagan, de la CTC, quien describió que los 42 reclusos conviven en una pieza de 6 metros por 7.
Los evadidos fueron identificados por la policía como Víctor Báez, de 19 años, y Diego Flores, de 20, ambos procesados por robo.
En tanto, en las zonas aledañas al penal, los agentes lograron recapturar a Gabriel Rasetto, de 30 años, acusado de robo calificado, y Luis Echeverría, 35 años, procesado por el mismo delito y a la espera de condena.
Un túnel conocido
Todo comenzó esta madrugada cuando un grupo de reclusos escapó por un túnel de la seccional en la que se encontraban alojados 42 presos. Es el mismo método que usaron hace poco más de un año para perpetrar una fuga similar. “Cavaron un túnel en el mismo lugar que hace un año. Cerca de la puerta y hasta los fondos de la comisaría, un lugar donde sólo hay un alambrado. A veinte metros está la vía y el descampado”, relató una fuente de la Unidad Regional II.
Cuando la policía descubrió la evasión, el resto de los detenidos se amotinó y prendió fuego a los colchones. Los internos comenzaron a golpear las paredes y puertas para reclamar que acudieran al lugar funcionarios judiciales y de la CTC.
Ante un alerta policial, llegaron a la comisaría efectivos del Cuerpo de Bomberos Zapadores, dispuestos a intervenir ante un posible incendio debido a la quema de colchones.
Unas dos horas y media después, cerca de las 8, llegaron a la comisaría miembros de la CTC, quienes comenzaron a dialogar con los detenidos para llegar a un acuerdo que pusiera fin a la revuelta. Lilian Echegoy, de esa entidad, relató que ayer a la mañana concurrió con Maidagan a la comisaría a partir del reclamo que hicieron los reclusos para que mediaran. “Ellos se amotinaron por temor a que la guardia los reprimiera tras la fuga”, explicó Echegoy.
La CTC negoció con los policías el traslado de los internos, cinco de los cuales fueron a la Unidad 3 y el resto a las seccionales 1ª, 2ª, 3ª, sub 19ª y sub 20ª. Sólo 12 decidieron quedarse en la comisaría 26ª. Ahora, si bien ya no hay hacinamiento, el trabajo de los bomberos para apagar el fuego de los colchones dejó el penal muy húmedo, con el piso mojado y a la mayoría de los internos enfermos.
Buscar los lugares para los traslados, no fue una tarea fácil ya que todas las comisarías se encuentran por lo menos triplicadas en su capacidad de alojamiento.
“Las condiciones aquí son como en todos los penales: hay que darse una idea de que estas personas están viviendo como animales, encerrados en lugares donde no entran, sin lugar para dormir, sin colchones. Haciendo sus necesidades fisiológicas en botellas o en bolsas plásticas”, describió Maidagan.
Quien comandó los operativos de traslado fue el jefe de la Zona IV de Inspección de la policía, comisario inspector Lucas Canavosio, que aseguró durante el motín no hubo heridos, aunque sí daños en la comisaría.
Enfermos y sin atención
Echegoy recordó que el lunes pasado, murió en ese penal un recluso de 50 años. “Lo llevaron al médico a último momento. Los presos nos dijeron que hace tiempo que estaba mal y no lo atendían”, agregó Echegoy.
“Otro de los detenidos tiene una herida en un ojo y tampoco tiene atención médica. A esto hay que sumarle que casi todos los detenidos tienen todo tipo de enfermedades en la piel”, concluyó la militante de la CTC.
El eterno problema del colapso carcelario
El hacinamiento y las infrahumanas condiciones de detención se reproducen en todas las comisarías de Rosario, donde hasta ayer se contabilizaban 1.086 internos. A esa cifra hay que sumarles los presos alojados en la alcaidía y en las distintas brigadas de la jefatura.
Todas las dependencias policiales alojan el triple de internos de los que su capacidad permite, y muchas de ellas son viviendas particulares devenidas en seccionales que no cuentan con condiciones edilicias para albergar presos.
Desde la provincia esgrimen la misma respuesta desde el año 1999, cuando también estaba Jorge Obeid en el gobierno y se declaró por primera vez el colapso carcelario: “El problema se soluciona construyendo cárceles”, repiten. Sin embargo, callan el hecho de que, a pesar de haber incrementado notoriamente el número de plazas penitenciarias, la población penal no para de crecer y de desbordar al Servicio Penitenciario. Y es probable que cuando esas cárceles estén terminadas ya no alcancen para descomprimir las comisarías.
Ayer, el gobernador Jorge Obeid dijo en declaraciones radiales en referencia al motín “estamos trabajando para construir las alcaidías en un corto plazo y están en marcha los proyectos para la construcción de cárceles. Esa es la única solución”.
Pero mientras tanto, en los penales locales, los motines y las fugas se transformaron en algo habitual.
Es que además, las comisarías no cuentan con personal suficiente para ocuparse del cuidado de los detenidos. De hecho, ayer la cantidad de reclusos alojados en la seccional 26°, doblaba en número al personal de esa dependencia.
Las seccionales más grandes cuentan con por lo menos 50 reclusos y sólo hay 20 en aquellas donde no hay lugar para alojar más de tres o cuatro detenidos, según evaluó una fuente policial.
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