FUGA RÉCORD: ESCAPARON 22 PRESOS DE LA COMISARÑIA DE GRANADERO BAIGORRIA
Veintidós presos que se encontraban alojados en la comisaría 24ª de Granadero Baigorria, es decir casi el 70 por ciento de la población carcelaria del lugar, escaparon ayer luego de cavar un túnel de casi dos metros de longitud por debajo de la medianera de la comisaría y salir a la huerta de una casa lindera. La fuga, la más masiva de la historia ocurrida en penales policiales de la provincia, se produjo en el marco de una inusual superpoblación carcelaria en las seccionales del departamento Rosario, donde viven en condiciones infrahumanas 1.279 personas.
La fuga hizo rodar cabezas rápidamente. El ministro de Gobierno, Carlos Carranza, y el jefe de policía provincial, Ricardo Milicic, evaluaron que el escape fue efecto de la negligencia en los controles de parte del personal de la comisaría. Y por ello el jefe de la Unidad Regional II ordenó el relevo y pase a disponibilidad preventivo de sus autoridades (ver página 32). También relevaron al jefe de la zona, comisario inspector Alberto Antegiovanni.
Al cierre de esta edición, solamente uno de los 22 fugitivos había sido recapturado. Se trata de Marcos Ibarra, de 22 años, localizado en Fragata Sarmiento y Coulin, en la zona sudoeste de Rosario.
El jefe de la Unidad Regional II, comisario mayor Luis Pogliese, dispuso que las autoridades de la seccional baigorriense sean separadas de sus cargos mientras se investigan las responsabilidades en el episodio. Mientras tanto, tropas de varias agrupaciones y secciones policiales rastrillaban la jurisdicción en busca de los evadidos. La histórica fuga, que supera a la ocurrida en la seccional 1ª a principios de enero -de donde se escaparon 20 reclusos de idéntica forma- se produjo durante la madrugada de ayer en el edificio ubicado en Moreno, entre Chacabuco y Pueyrredón, a pocos metros de la ruta 11.
El gran escape
La hora exacta no pudo ser precisada por las autoridades policiales, pero el boquete en el piso fue descubierto minutos antes de las 8.30 cuando los uniformados se preparaban para el traslado de un detenido al Hospital Eva Perón, donde debía realizarse un estudio médico. Al momento de producirse el gran escape la población carcelaria llegaba a los 32, es decir que huyeron de los calabozos las dos terceras partes o casi el 70 por ciento del total de los internos.
Por eso, cuando los agentes fueron a sacar al recluso enfermo, lo primero anormal que dijeron advertir fue la evidente ausencia de personas dentro de los calabozos. Enseguida vieron el montículo de tierra acumulado entre el piso y la medianera, y un agujero en el suelo de unos 40 o 50 centímetros de diámetro. Entonces dieron la alarma. Según indicaron a La Capital fuentes policiales, los internos se escaparon entre las 4 y las 7 de la mañana. Pogliese consignó, según le habían dicho, que las requisas de rutina realizadas horas antes no habían descubierto nada anormal dentro del penal.
Los dos últimos controles se realizaron a la 1 y a las 3 de la madrugada sin que se detectara nada extraño. En ese momento la guardia estaba compuesta por 4 agentes en total y los presos trabajaron con cucharas y chuzas fabricadas por ellos mismos. También se ayudaron con potes o vasos de plástico que usaron para recolectar la tierra. En las últimas horas que ocupó el puesto Alberto Antigiovanni, titular de la zona 5 y desplazado anoche, sostuvo que el túnel medía entre un metro y medio y dos de extensión y que el boquete que abrieron los evadidos tenía cerca de medio metro de diámetro.
“Creemos que trabajaron durante tres o cuatro horas. La losa del piso al parecer estaba muy frágil por la humedad y la rompieron con facilidad. Además, la tierra estaba muy blanda, casi mojada, y eso les permitió cavar con rapidez. Pensamos que no fue algo que comenzó y terminó esta misma madrugada”, consignó Antegiovanni.
Los 22 reclusos salieron a la huerta de una casa lindera a la comisaría que tiene su frente sobre Chacabuco al 942. Los presos pasaron por debajo de la medianera que separa la comisaría de la quinta y salieron por un agujero en la tierra, muy cerca de un cantero con hortalizas y por donde habitan un par de teros. De allí saltaron los tapiales y ganaron la calle. Ayer no se sabía si la fuga de la veintena de presos pasó desapercibida para los habitantes de la casa, que en todo momento evitaron hablar públicamente del tema. “No quiero saber nada con la prensa. Ahora solucioname este problema”, le gritó el dueño de casa a un funcionario policial que miraba desde el techo de la comisaría el pozo abierto por los convictos en la quinta.
La seccional 24ª queda en la misma manzana que el Registro Civil, un jardín de infantes y un geriátrico. Algunos vecinos, sorprendidos por la cinematográfica fuga de ayer, no dejaban de acordarse de otras evasiones que se produjeron en el mismo lugar, que en distintos momentos llegó a albergar a más de 40 reclusos.
Pogliese ordenó por la tarde el relevo de los jefes de la seccional, comisario principal Pablo Insaurralde y comisario José Di Vita. El jefe provincial, Ricardo Milicic, había dejado traslucir que no daba crédito a la versión de los removidos.
Los desplazamientos y la medida disciplinaria alcanzaron también al superior de servicio en el momento de la evasión y al cabo de cuarto, que es el responsable del penal policial.
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