GALLEGO: "PARA MÍ, ESTE TÍTULO ERA COMO UN MUNDIAL"
Estaba conmovido Américo Gallego. Se le notaba en el gesto. En las palabras. En la voz temblorosa cuando mencionaba a sus familiares o cuando recorría la dicha de un torneo que lo vio ganador. Una vez más. La cuarta en su breve carrera como entrenador. Se pasaba la mano derecha por la boca para elaborar el discurso, para tomarse un respiro antes de cada respuesta. Carraspeaba.
El marco, la situación, el encuentro con los periodistas, en el hotel en el que se hospeda en Rosario, ofició de despedida. Aunque hoy, a las 11, el Tolo mantenga una nueva reunión con el presidente de Newell’s, Eduardo López, para definir su futuro. Un futuro que él vislumbra será en su casa, junto a sus seres queridos, lejos de las presiones del fútbol. Más allá de que en la charla deje una puerta abierta para la continuidad al recordar que “López alguna vez ya me convenció”.
—La pregunta del millón es si te vas de Newell’s o no.
—Recién hablé con López, lo felicité. Mañana (por hoy) a las once tengo una reunión con él. Va a ser decisiva. Pero ya es sabido lo que le voy a decir.
—¿Le vas a decir que te vas?
—No se los puedo decir, pero es difícil. Hice todas las inferiores acá, mis parientes son de Newe ll’s, yo soy de Newell’s. Pero del otro lado está la familia. Pero les aseguro que acá, en Argentina, no voy a agarrar a otro equipo que no sea Newell’s. No voy a dirigir: de eso quédense tranquilos. No voy a Independiente.
—Después de todo lo que dijiste parece difícil que continúes…
—Ojo que la otra vez López me convenció. No se sabe lo que puede pasar mañana. Pero tengo tres chicos adolescentes y cuando no está el padre, es difícil. Mi señora no puede hacer todo.
El tema es su continuidad. Saber cuál será el próximo capítulo de su carrera. Le preguntan por la Selección, y aclarará para que no haya malos entendidos que el equipo “está en buenas manos, porque José (Pekerman) es un buen entrenador”. Pero claro, tampoco le cierra las puertas del todo: “Yo soy joven y tengo que aprender mucho, pero no va a faltar oportunidad”.
—¿Irías a dirigir en Europa?
—Ese es mi anhelo y sería una alegría inmensa porque me codearía con otros buenos entrenadores. Sostengo que los técnicos de la Argentina son los mejores.
—Real Madrid busca DT…
—Sí, pero para mí eso es inalcanzable. Si no, será México. Pero primero voy a descansar. Este título me puede abrir puertas, aunque creo que las tenía abiertas de antes. Creo yo. A mí ya me habían visto jugar en la Selección. Fui ayudante de campo. Algo hice, ¿no?
Está tan relajado, tan sereno, que reconoce que este lunes, el cuarto en su carrera en el que amaneció como técnico campeón, “es diferente porque se obtuvo el título ganándole a los grandes, excepto a Independiente, y porque lo conseguimos con casi todos los pibes de las inferiores”. Reconoce que, para él, el torneo “era como un Mundial, y perderlo en la última fecha iba a ser bravo”. Está entusiasmado con el título. “Es muy importante en mi carrera. Yo soy un técnico joven”, repite quizás con una humildad fingida.
Habla de los más jóvenes, pero también ofrece un párrafo especial para los mayores. Los hombres de experiencia que terminaron sosteniendo al equipo. Se acuerda de Maidana, de Capria, de Zapata. De Justo Villar, el arquero paraguayo que a su entender le hizo ganar “siete u ocho puntos” y que, además, por momentos le recordó “al Fillol de River y de la Selección”. Y claro, también mencionará a Ariel Ortega. “Lo amenacé en los últimos partidos. Lo conozco como a un hijo y le dije: ‘haceme ganar el campeonato que perdimos por tu culpa en River, cuando le diste un cabezazo a uno de Belgrano y te dieron cuatro fechas’. Me dijo que me quedara tranquilo, que me lo hacía ganar. Y cumplió”.
—¿El te hace ganar el campeonato o es al revés?
—No, yo soy como un chofer. Nada más. Si me equivoco, nos estrolamos (sic).
En el cierre, como para dejar en claro que su pensamiento está cada vez más lejos de Newell’s, le pedirá disculpas a los periodistas, con los que siempre mantuvo alguna disputa, y entregará una frase de despedida: “Les dejo un abrazo. Si nos vemos, será en febrero. Y si no, cuando vuelva a ver algún partido en Rosario”.
—¿Podés volver para la Libertadores del 2006?
—No sé. Ojo que todavía no me fui. Les agradezco mucho. Chau.
Y se fue, entonces sí, con su mejor sonrisa. La sonrisa de un técnico ganador…
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