GANÓ CHÁVEZ Y LLAMÓ A LA RECONCILIACIÓN
Cuando muchos venezolanos ya dormían, luego de una jornada extenuante y tras más de 18 horas de votación, el Consejo Nacional Electoral (CNE) lanzó la bomba: Hugo Chávez había ganado el referendo, el mandato presidencial estaba a salvo. Instantes después, el grito empezó a retumbar por media Venezuela: “¡Fraude!”, “¡Fraude!”. Rostros somnolientos y desencajados por la indignación deambulaban por varios puntos de Caracas. En el ambiente se olía la tensión. Cada minuto que pasaba iba en aumento. Pero, pasado el mediodía, el Centro Carter y la Organización de Estados Americanos (OEA), finalmente avalaron los datos del organismo electoral, y confirmaron sin dudas el amplio triunfo del oficialismo por casi 17 puntos.
“Aceptemos las diferencias, aprendamos a vivir en convivencia”, dijo Chávez, al confirmarse su victoria tendiendo una mano a la oposición. “Nosotros reconocemos la existencia del otro, un 40 por ciento, un poco más, se expresó por la opción del ‘Sí’, eso es respetable, yo les expreso nuestro reconocimiento”, afirmó.
Para los partidarios del jefe de Estado la fiesta había comenzado temprano. Cerca de las cinco de la mañana varios miles de chavistas se agolparon bajo el balcón presidencial del Palacio de Miraflores para escuchar a “su líder”. Una hora antes, Francisco Carrasquero, presidente del CNE, había anunciado el triunfo del “No” por el 58,25% contra el 41,75 del “Sí”, con casi el 95% de las mesas escrutadas.
Mientras la opositora Coordinadora Democrática denunciaba graves irregularidades (asegura haber triunfado por más de 18 puntos), el presidente Chávez, vestido de rojo, el tradicional color del chavismo, envió “un mensaje de saludo, de respeto y de aliento” a todos aquellos que votaron en su contra para desalojarlo del poder, e intentó tranquilizar a los mercados, al asegurar que “mi gobierno garantiza la estabilidad del petróleo”.
Tendiendo las manos y dirigiéndose de forma paternalista a sus opositores, el mandatario declaró: “Ellos también son venezolanos. Con su participación han vencido a la violencia, al golpismo y al fascismo”. “Tienen derecho a pensar distinto a nosotros, no es cierto que tengamos un país que los excluya”, agregó, en lo que se interpretó como un intento de reconciliación lanzado a todos los sectores.
“Este no es sólo un triunfo del pueblo venezolano, sino también de los pueblos latinoamericanos y del Caribe”, dijo Chávez y se tomó tiempo para agradecer públicamente una carta de apoyo enviada por Diego Maradona. La respuesta de la gente no se hizo esperar: “Maradoo”, “Maradoo”, aclamaron los chavistas, soportando un pertinaz aguacero.
El festejo oficialista se completó unas ocho horas después, cuando el ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, y el secretario general de la OEA, el colombiano César Gaviria, legitimaron el triunfo presidencial.
“Luego de un análisis de nuestras propias cuentas de evaluación del proceso, estamos en condiciones de decir que coincide con los resultados parciales anunciados por la CNE”, declaró Carter. Y añadió que el conteo rápido que utilizan como control para la credibilidad de los resultados en muchos países es “totalmente fidedigno”. Gaviria completó el concepto: “Nuestros mecanismos de control interno o control rápido han demostrado que los resultados oficiales son compatibles con ese conteo”.
“No hemos encontrado elementos de fraude en el proceso, queremos ser sumamente claros. Estamos convencidos de que si se hace un conteo de resultados mesa por mesa, van a coincidir”, dijo el ex presidente colombiano.
La respuesta opositora a este aval de los observadores internacionales al triunfo de Chávez fueron declaraciones de varios dirigentes de la Coordinadora que insistieron con pasión desenfrenada en denunciar un masivo fraude del oficialismo. Por la tarde, grupos de opositores se mani festaron ante el hotel que alojaba a Carter y Gaviria, lanzando fuertes insultos contra ambos. “Los observadores internacionales nos han abandonado”, gritaba furiosa una mujer de unos 50 años, quien también arremetió contra la prensa extranjera.
El nerviosismo se extendió y lo que por muchas horas parecía inevitable, finalmente se convirtió en realidad. Casi simultáneamente a las protestas contra Carter y Gaviria, cerca de 250 a 300 antichavistas se dirigieron a la Plaza Altamira para manifestar su bronca por lo que, siguen asegurando, se constituyó en “uno de los más grandes robos” de la política venezolana. Allí fueron atacados a balazos por chavistas. Una mujer de 61 años murió al recibir un disparo. Otras cuatro personas, entre ellas un diputado opositor, fueron heridos.
“¡Asesinos!”, “¡Asesinos!”, gritaron algunos agredidos ante una bandera venezolana manchada con sangre de un herido.
Fiel a su estilo, el presidente Chávez convocó a la tarde a una conferencia de prensa en el Palacio de Miraflores. “No vamos a cegarnos con la victoria”, prometió en el inicio de, esta vez, una corta introducción antes de responder varias preguntas.
Tras lamentar que ningún dirigente opositor fuera a desayunar con él (un pedido que hizo públicamente la semana pasada si resultaba triunfador) acotó que “aún no es tarde. Si no es un desayuno, puede ser una cena”.
Este intento de conciliación fue acompañado, sin embargo, con una de sus ya conocidas chicanas hacia el liderazgo opositor, al cual criticó en varias ocasiones por no aceptar los resultados oficiales: “Tengo la impresión de que esos dirigentes no están a la altura de todos los compatriotas que votaron por el “Sí”, dijo.
Para la televisión privada —que responde a la oposición— el contundente pronunciamiento de los observadores internacionales nada ha cambiado. Siguen cerrando cada bloque con su tradicional grito de batalla: “Llévatelo”. Un inequívoco síntoma de la peligrosa polarización que fractura a la sociedad venezolana.
Una división que sólo podrá superarse con ejemplos de madurez democrática como los mostrados el domingo por los venezolanos de a pie. La palabra la tiene ahora toda la dirigencia política. ¿Estará a la altura?
Este contenido no está abierto a comentarios

