GANÓ MACRI LAS ELECCIONES PORTEÑAS PERO HABRÁ BALLOTAGE
Sin poder evitar el ballottage ni el escenario de fuerte polarización, pero con una diferencia algo mayor que la pronosticada por varias encuestas previas —alrededor de 4 puntos porcentuales— Mauricio Macri, de Compromiso para el Cambio, se impuso ayer en la primera vuelta de la elección para jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre el aspirante a la reelección, Aníbal Ibarra, candidato de Fuerza Porteña.
Con estos resultados, las fórmulas integradas por Macri y Horacio Rodríguez Larreta y por Ibarra y Jorge Telerman comenzaron desde sus primeras declaraciones de evaluación de los resultados la campaña por conseguir los votos cosechados por los otros candidatos, con vistas a la segunda vuelta del próximo 14 de setiembre.
Esos votos deberán provenir, sobre todo, de los electores de Luis Zamora, tercero en la jornada de ayer, y de Patricia Bullrich, ubicada en el cuarto lugar.
Con la diferencia establecida por Macri, permanece la indefinición no sólo respecto de la identidad del próximo jefe de Gobierno porteño, sino también respecto de los efectos nacionales definitivos de una elección instalada, en buena medida, como un hito en la construcción de apoyo orgánico e institucionalizado al proyecto de Néstor Kirchner, o en la generación de un nuevo polo, con un nuevo liderazgo, de oposición de centroderecha a ese proyecto.
“El 70 por ciento de los porteños se pronunciaron contra el reeleccionismo”, dijo Macri, tras conocerse las tendencias del escrutinio, como un comentario que roza el decidido apoyo de Kirchner a la reelección de Ibarra.
“Una gran mayoría de los ciudadanos de la Capital se definieron contra la vieja política”, retrucaron entre los componentes de la alianza de centroizquierda que apoyó a Ibarra, rápida recuperación de la estrategia de relacionar a Macri con el menemismo.
Sólo la segunda vuelta dará razón a una u otra de esas dos interpretaciones contradictorias del sentido del voto de ayer, porque las diferencias entre Macri e Ibarra no arrojan favoritismos ciertos para el 14 de setiembre.
Tampoco hubo gestos definidores de los candidatos que quedaron afuera de la segunda vuelta, pero que recibieron votaciones significativas, sobre la actitud que adoptarán para la segunda vuelta.
Zamora reiteró que llamará a sus votantes a no apoyar ni a Macri ni a Ibarra, y Patricia Bullrich anunció que recién hoy propondrá una actitud concreta para la segunda instancia.
La primera sirvió en cambio para definir la distribución de las 12 bancas de diputados nacionales en juego, aunque con el avance del escrutinio los coeficientes del sistema D’Hont podrían determinar alguna alteración en esa definición.
En todo caso, esa distribución podría asegurar paradójicamente algunos escaños más a favor de las políticas de Kirchner en la Cámara de Diputados.
Estos es así porque tres de los diputados electos en la lista de Macri —en principio serían 5—, Jorge Argüello, Lucrecia Monti y Cristian Ritondo, se integrarán presumiblemente a la bancada del PJ y es difícil pensar que rompan la disciplina partidaria si ese bloque permanece como punto de apoyo del Gobierno en el Congreso. Los otros dos electos serían el cabeza de lista radical Jorge Vanossi y el conservador Federico Pinedo.
Y también es presumible que los 4 electos por las tres listas que apoyan a Ibarra acompañen desde otros bloques las iniciativas de Kirchner. Se trata del economista de la CTA Claudio Lozano y de la peronista Juliana Marino por la lista de Fuerza Porteña, del periodista Miguel Bonasso por la del Partido de la Revolución Democrática, y de Silvana Giudici por el Partido de la Ciudad.
Es obvio, en cambio, que los diputados electos por la fuerza de Zamora, Autodeterminación y Libertad —Marta de Brasi y Carlos Tinirello—, desde la izquierda, y por Bullrich, de Recrear —Hugo Martini—, desde la derecha, sumarán para los sectores de oposición en la Cámara de Diputados.
Hasta anoche resultaba todavía muy imprecisa la distribución de las 60 bancas de la Legislatura de la Ciudad, por la gran cantidad de listas que competían por ellas, muchas de las cuales apoyaban a un mismo candidato a jefe de Gobierno.
Esa dispersión fue uno de los factores que complicó y retrasó notoriamente el escrutinio.
Aunque ese retraso, que incluso motivó desde el búnker de Macri algún reclamo con más olor a instrumento de campaña para la segunda vuelta que a auténtica preocupación por el desarrollo del recuento, también tuvo que ver con el atraso con el que se abrieron una buena cantidad de mesas en distintos barrios.
Fue ésa la única irregularidad menor de una elección que, en cambio, no se vio afectada por ningún incidente ni denuncia de importancia.
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