GAUDIO ES EL REY DE PARÍS
El santafesino dio una exhibición al comienzo, pero después acusó calambres y en un desenlace a puro nervio la balanza se inclinó para Gaudio. Es el primer campeón argentino en Roland Garros después de 27 años.
Fue un día glorioso para el tenis argentino, que por primera vez en su historia metió a dos jugadores en la final de un Grand Slam. En un partido atípico, dramático, en el que uno terminó luchando contra su físico, que le decía que no podía más, y el otro peleó contra su mente, que lo sacaba del partido. La gran alegría quedó para Gastón Gaudio, que ganó el torneo más importante del mundo en polvo de ladrillo. Fue inesperado, tanto por lo que se imaginaba en lo previo al partido como por lo que se vio en los dos primeros sets. Pero el partido se quebró cuando Coria cayó físicamente y acusó calambres en la pierna izquierda. Allí aprovechó Gaudio y consiguió la gran alegría de su carrera, para consagrarse como top ten y ser el segundo campeón argentino en París, después de Vilas en 1977.
Más allá de la inesperada victoria del Gato, se debe remarcar que el tenis argentino tuvo su gran torneo en este Roland Garros 2004. Con tres de los cuatro semifinalistas masculinos, Chela que llegó hasta cuartos de final y Paola Suárez en las semis de damas. Desde el lunes, con tres jugadores entre los diez mejores del mundo: Coria tercero, Nalbandian cuarto y Gaudio décimo. Y buenas chances, sobre todo para los dos primeros, de subir más en el corto plazo. Es verdad, el tenis argentino hizo historia. Pero todavía puede haber espacio para más disfrute. Sólo hay que esperar.
El primer punto del partido -que, como la mayoría en ese comienzo, quedó del lado de Coria- dejó ver que iba a ser un choque entre dos jugadores de gran técnica. Claro que, aunque los toques de calidad iban a estar presentes, los grandes protagonistas de ese comienzo fueron los nervios de Gaudio. La tensión era lógica, en la primera final de Grand Slam para los dos.
El 6-0 con el que terminó el primer set tuvo como explicación fundamental los errores de Gaudio, muy por debajo de lo que puede dar y de su producción en las rondas previas, y la firmeza de Coria, que jugó como un número 3 del mundo que quiere ser el 1. Si la historia seguía así, los pronósticos que daban como claro favorito a Coria iban a cumplirse demasiado rápido.
“¡Todas se van, todas se van!”, gritó un desesperado Gaudio en el segundo set, cuando ya estaba otra vez un quiebre abajo. Coria jugaba como un verdadero campeón. Mostraba el nivel que todos le conocen, en el partido que más quería y más necesitaba ganar.
El segundo set marchaba otra vez fácil para Coria, que lo tuvo set point a Gaudio cuando sacaba 5-1. El Gato logró mantener el saque y quebró en el siguiente, en el primer momento de cierta paridad en el partido. Pero después Coria se recuperó y quebró para quedarse con el parcial por 6-3. Cada vez que Gaudio amagaba con levantarse, el santafesino lo bajaba sin contemplaciones. Coria se metía entre los ídolos del deporte argentino con la calidad técnica de un Maradona y el instinto que tenía Monzón para noquear a los rivales.
La mejor versión de Gaudio se vio en el tercer set y permitió disfrutar, finalmente, del partido parejo que muchos habían imaginado. Llegó a ponerse 3-2 arriba con su saque, pero inmediatamente después apareció la otra gran virtud que tiene Coria además de su técnica: la garra. Le quebró enseguida al Gato y ahí dio la sensación de que la historia estaba casi liquidada. Sin embargo, Gaudio se mantuvo firme, quebró en el noveno game y se llevó el parcial por 6-4. Había que ir a un inesperado cuarto set.
Ahí apareció lo que nadie esperaba. Iban 1-1 y Coria, con gestos elocuentes de dolor, llamó al médico para que lo atendiera por calambres en su pierna izquierda. El santafesino miró en ese momento a su padre, cerró su puño y le dijo: “No puedo más, tengo el músculo así”. De ahí hasta el final del set Coria se arrastró por la cancha y no ganó un game más. Era el 6-1 para Gaudio y todo quedaba para un quinto parcial de resultado incierto.
El partido parecía haberse dado vuelta definitivamente. ¿Era de Gaudio ya? La historia diría que no. Porque de repente Guillermo Coria, aunque seguía con dificultades físicas, empezó a llegar a pelotas a las que antes no podía ni correr. Le quebró a Gaudio en el primer game y, aunque perdió enseguida su saque, otra vez consiguió el break en el tercero. Al Gato -a quien seguramente se le cruzó por la cabeza la historia del año pasado en Hamburgo, cuando Coria también acusó una lesión y le ganó el partido- se le volvió muy difícil mantener la concentración, en un trámite que se había vuelto completamente anormal.
La esperanza de Gaudio reapareció en el octavo game. Quebró a Coria para ponerse 4 iguales y la esperanza pasaba de su lado. No pudo mantener su saque en el juego siguiente y el santafesino quedó con su servicio para partido. Y ahí el Gato logró el quiebre otra vez para quedar 5-5. A esa altura, todo era a puro nervio y había reaparecido el clima de clásico. Sobre todo en las sonrisas irónicas de Gaudio después de cada punto ganado.
En el game siguiente, tampoco Gaudio pudo mantener el saque y otra vez la definición quedó para el servicio del deshilachado Coria. Y el Gato, que levantó dos match points, logró otra vez quebrar para ponerse 6-6. Más drama no podía haber.
La definición llegaría en el 14° game. Gaudio aprovechó la primera chance de match point y se abrazó a su sueño luego de un revés cruzado, con su sello, al que Coria no pudo llegar. Para estallar en el festejo loco, abrazarse con su entorno y vibrar con el mayor logro de su carrera.
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