GESTIÓN SECRETA DE LULA EN BUSCA DE UNA SOLUCIÓN
Aunque de manera muy discreta, Brasil decidió jugar todas las fichas que tiene a mano para “ayudar” a un arreglo entre Argentina y Uruguay por el conflicto de las papeleras.
El presidente Lula da Silva conversó personalmente con la presidenta de Finlandia, Tarja Kaarina Halonen, y le solicitó que haga “una gestión” ante la empresa Botnia, hoy en el centro de la disputa, para que la compañía “alargue los plazos para retomar la construcción de la planta”. Es, precisamente, lo que demanda el presidente Néstor Kirchner, quien ayer le reclamó a Finlandia “que asuma su responsabilidad y colabore” con la resolución del diferendo.
La cita de Lula con Tarja Halonen se realizó el 6 de abril en un vuelo en el avión presidencial brasileño que los depositó en la capital paulista de Campinas. Halonen venía de participar en un seminario de la UNCTAD (Organización de las Naciones Unidas para la Cooperación y el Desarrollo) en Río de Janeiro y tenía interés especial en el encuentro con el presidente brasileño. Durante el vuelo, Lula planteó a su colega finlandesa la necesidad de explorar una vía negociadora, sobre todo a partir del hecho de que Botnia es una empresa de capital estatal. Fue justo dos días después del cuarto fracaso de una cumbre entre Kirchner y el uruguayo Tabaré Vázquez.
La semana pasada, el canciller Celso Amorim retomó la iniciativa de Lula para conversar con el canciller del país nórdico, Erkki Tuomioja, a quien le planteó la “preocupación” brasileña.
La aceleración de las gestiones de Brasilia coincide con la percepción de que se acortan los tiempos para un entendimiento bilateral entre argentinos y uruguayos. En el Palacio del Planalto temen que naufrague una salida negociada y empiezan a admitir que semejante perspectiva colocaría al Mercosur a la vera del abismo. Brasil se muestra equidistante en las palabras, pero en los hechos termina por privilegiar la sociedad con la Argentina. Eso explica que ayer, en Asunción, Tabaré Vázquez haya amenazado con socavar el bloque: “El Mercosur está tardando demasiado” en responder a su pedido de intermediación.
El miércoles por la tarde el ministro Amorim recibió en Itamaraty (sede de la Cancillería brasileña) al secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Alfredo Chiaradía. Ninguno de los dos presentía aún la próxima jugada del gobierno uruguayo: por la noche de ese mismo día Tabaré decidió acudir al Tribunal de Resolución de Controversias del Mercosur (con sede en Asunción). En Itamaraty admitieron ayer ante este diario que esa apuesta uruguaya redujo los tiempos para una resolución del conflicto entre los dos países sin necesidad de recurrir a instancias judiciales internacionales. En la reunión de anteayer, Amorim pidió a Chiaradía que “las negociaciones se mantengan en un nivel bilateral”; es decir, “sin acudir a terceros”. Esto significaba pedir que Argentina evite el camino de La Haya. Pero el canciller brasileño admitió que a la Argentina no sólo la asiste el derecho soberano de ir a ese tribunal internacional sino también la letra del tratado del Río Uruguay que refiere cualquier diferendo a esa instancia judicial.
Amorim se encargó de transmitir que Brasil se pone a total disposición de “facilitar” un acuerdo bilateral. Por lo que se sabe, Tabaré ya pidió “ayuda” explícita a Lula da Silva. Curiosamente, Kirchner no hizo lo mismo. Y sin embargo, la balanza de Brasil parece inclinarse claramente por su socio privilegiado.
Fuentes muy próximas a la reunión en Itamaraty, donde también estuvieron presentes el asesor internacional de Lula Marco Aurelio García y el embajador argentino en Brasilia, Juan Pablo Lohlé, dijeron a Clarín que para Brasil el camino al Tribunal de la Haya es más complicado que beneficioso. En la evaluación brasileña, esa disputa “demorará al menos tres años en dirimirse”. En el interín, evaluaron, “aumentará la fricción entre los gobiernos de Uruguay y de Argentina”. En síntesis, sería puesta a prueba la supervivencia futura del Mercosur.
En ese contexto, a Lula y a Amorim les preocupa la próxima cumbre de América latina y Europa prevista para el 11 de mayo en Viena. Si la irritación entre Kirchner y Vázquez sube de tono, y si empeoran las relaciones con Finlandia, la megarreunión de Austria sería un fracaso.
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