GIMNASIA Y RACING NO SE SACARON VENTAJAS
La pelota no entendía nada. Justamente este Racing que tiene un técnico que se caracteriza por pregonar un fútbol pulcro, ofensivo, no logró armar un circuito acertado y se pasó casi toda la noche lejos del arco de Gimnasia. Esta vez no sólo le faltó contundencia, tampoco tuvo juego. Anoche mostró que aún le falta bastante para ser un equipo que convenza, que su actualidad es tan incompleta como marca el tener cero gol en contra y sólo uno a favor en tres partidos. Ni siquiera pudo aprovecharse de la maldición de goles en tiempo de descuento que perseguía a Gimnasia. Más aún: el equipo platense, con humildad, fue el que estuvo más cerca del triunfo.
Todo Racing anoche se contagió de Mariano González. De la versión menos lucida de González, esa que se viene viendo seguido en los últimos tiempos. Volvió a jugar como enganche, fue el que más tuvo la pelota y uno de los más imprecisos. Esa fue la razón principal para que se viera a Racing débil en ofensiva. Una muestra más de que Mariano González rinde mejor por los costados, porque su característica es el vértigo, no la justeza que se precisa para comandar ataques desde el medio.
En el primer tiempo, Racing sólo llegó en los 10 minutos iniciales. La chance más clara fue un pelotazo largo y exacto de Domínguez que Estévez enganchó bien con la zurda en el área y terminó con un remate al cuerpo de Olave. En la semana Cappa había dicho que su equipo debía tener paciencia ante un rival combativo como Gimnasia. Sus jugadores le hicieron caso y buscaron los espacios sin desesperarse. Pero ni así encontraron el camino para llegar.
Claro que Gimnasia hizo lo suyo para poner en dificultades a Racing. Con un prolijo planteo de dos líneas de 4, le quitó espacios, una tarea en la que fueron importantes los dos volantes centrales, sobre todo Esteban González. Desde allí Gimnasia se fue afirmando, y luego de los 20 minutos empezó a marcar diferencias. Lastimaba a Racing llegando por la izquierda, con Castillo y con las proyecciones de Serafín García, y más por la derecha con el muy buen trabajo de Solana.
Así se acumularon dos caídas de Enría en el área —no pareció que fueran consecuencia de infracciones—, dos remates de Olveira, el mejor de la cancha por presencia en las dos áreas, —uno se estrelló en el palo—, otro de Serafín García que Cuenca desvió al córner y un cabezazo de Rueda que salió apenas desviado. Y eso que Gimnasia sentía la falta de alguien que se hiciera cargo del armado de los ataques, que Enría protestaba más de lo que se metía en el juego, y que a Rueda, en su especial partido contra Racing, le faltaba justeza en el toque final.
El segundo tiempo siguió en la misma tónica, pero con menos llegadas aún. Cappa mandó a la cancha a Casas por el inexpresivo Estévez, e hizo debutar a Nuno Molina por Mirosevic para reorganizar el medio: Molina fue a la derecha, Rimoldi (no pesó en ataque) se ubicó en el centro delante de Galdames, y Mariano González pasó a la izquierda. En Gimnasia ingresaron Choy por Castillo y Verón por Yllana, que había bajado su rendimiento. Fueron cambios lógicos y poco arriesgados, y la ausencia de emociones se acentuó. Sólo un tiro libre de Domínguez que dio en el travesaño sacudió un poco los ánimos. En el final, mandó la desesperación de Racing ante los embates de Gimnasia. Pero el cero siguió sin moverse.
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