GINES GONZÁLEZ GARCÍA: "ME GUSTA SER PROVOCADOR"
Cuando llegué al Ministerio de Salud, pregunté por el Ministro y me dijeron: “¿Ginés?”. No me dijeron “el doctor González García”. Lo llamaron por su nombre de pila. ¿Aquí lo tutean?
No, tutearme no. Pero en la calle todos me dicen Ginés. Inclusive la propia prensa dice: “Ginés dijo tal cosa o se pelearon con Ginés”.
Entonces tiene cierta “categoría estelar” como Susana y Mirtha. A ellas también las llaman sólo por el nombre (risas).
Apellido demasiado fácil y nombre menos común: a lo mejor por eso lo usan. Después de Alejandro Magno y César, estoy yo. Ahora sólo somos tres (risas).
Sus provocaciones devienen en debates. Pero, además, ¿le gusta ser provocador?
Sí, puede ser. Siempre fui provocador. Siempre traté de cambiar la historia. Creo que es la razón por la que tuve protagonismo durante muchos años, ¿no? Cuando planteo esa clase de temas, hay como una cosa romántica: intento hablar por los más débiles. Nunca hay ninguna motivación “voto activa”, en procura de votos. Pero, sí. Me gusta ser provocador. Muchas veces me dijeron que estaba loco, que cómo iba a decir eso, que estaba arruinando mi historia y una carrera.
¿Por ejemplo cuando se metió con los medicamentos y los laboratorios? (N. de R.: con la ley de genéricos).
Sí, me decían que era una locura.
¿Quiénes se lo decían?
Muchos amigos míos, gente del mundo académico. Hasta mi mamá y mi papá me preguntaban: “Nene, ¿no tenés miedo?”. En ese tiempo nadie me decía “dale para adelante”. Pero bueno, después empezó a haber un consenso y muchas personas empezaron a sentirse parte de la causa.
La ley de medicamentos, ¿le dio envión para avanzar con otros temas?
En realidad yo tengo, desde chiquitito, una omnipotencia muy grande. Y eso tiene que ver con un hogar muy femenino, con mi abuela (que murió a los cien años), mi mamá y mi tía.
¿Por qué?
Ellas me dieron mucha seguridad. Una vez mi mamá me dijo: “sabés lo que me gusta de vos? Que yo de chico te enseñé que eras un rey, pero vos nunca te olvidaste” (risas). No creo que sea valentía lo que tengo, creo que es una mezcla de inconciencia y seguridad. También de omnipotencia: yo terminé con diez años la primaria y empecé con diez la secundaria. Con quince, la universidad. Con veintiuno me recibí. Todas esas cosas eran naturales para mí. Hay un poco de conservadurismo en el planteo de lo que es la política en la Argentina. Por eso, quien toma riesgos e intenta cosas provocadoras, obtiene cierto reconocimiento.
Su mamá, ¿cuántos años tiene?
Ochenta y seis.
¿Y sigue diciendo que usted es un rey?
En San Nicolás nació un chico que pesaba seis kilos. Era un súper bebé. Y mi mamá llamó para decirme: “Nene, nene, ¿viste que nació ‘otro’ (enfatiza) súper bebé en San Nicolás?” (Risas) ¿Cómo no creérsela, no?
Sus hijas son mujeres
Sí, mi mundo ha sido femenino. Mi abuela, mi vieja, mis hijas.
¿Y ahora, cómo se las arregla solo? (N de R: está separado). ¿Se le complica?
No.
¿Cuántas horas trabaja por día?
Eso no debería decirlo porque son muchas. Este es un oficio de tiempo completo. Queda mal decirlo.
Esto significa que come mal y duerme poco, que no hace una vida saludable.
Comer, como muy mal. Dormir, a veces duermo poco y otras no tanto. Pero trato de recuperar sueño. Pero comer, como mal; en parte por culpa mía. No le voy a echar la culpa al cargo, pero a veces uno termina la noche comiendo un buen plato con un buen vaso de vino y eso no es bueno para los kilos que tengo.
¿Qué tiene ese plato?
Es un plato lleno (risas).
¿No camina, no se cuida, no hace dieta?
No, no. Dieta hago todos los mediodías. Belle de jour (risas). Ahora estoy en un plan. Voy a tratar de llegar a los dos dígitos, ahora tengo tres.
¿Entonces?
Estoy ahí. No es fácil. La obesidad es una enfermedad. Es la gran epidemia de Occidente.
Hasta que usted habló de la despenalización del aborto, muchos decían: “de ese tema no se puede hablar en este país”.
Como Ministro de Salud, yo no puedo dejar de hablar de una circunstancia que involucra a medio millón de argentinas por año, que es el total estimado de abortos por año. El post aborto tiene casi 80 mil internaciones por año. La mayoría son por abortos provocados. Es un tema que no se puede poner debajo de la alfombra. Es muy grave. Un tercio de la mortalidad materna se debe a causas post aborto. En la Argentina, el aborto está despenalizado en dos situaciones: cuando es violada una mujer con debilidad mental y cuando hay riesgo de salud o de vida para la madre. Es una injusticia absurda criminalizar a la mujer. Hay una enorme hipocresía. Yo creo que habría que ampliar esa despenalización. Me parece que es muy injusto que esto no suceda.
¿Cuándo usted dice que hay que despenalizar, habla de todas las situaciones?
Si tuviera un alcance mucho más amplio, tendríamos muchas menos consecuencias. Primero, yo defiendo la vida. Y todos nuestros programas son para defender la vida. Por ejemplo, el programa “Nacer”, que se inicia en el Norte argentino, protege a la madre y al niño. Después, está el programa de Salud reproductiva, que desde hace dos años previene el embarazo no deseado y distribuye tanto información como anticonceptivos a lo largo y a lo ancho de la Argentina. Trabajo para generar un cambio. Pero hay medio millón de situaciones que no inventé yo y que ya suceden en el país. Creo que ni yo ni nadie está a favor del aborto. Hay quienes están llevando a un falso dilema.
¿Qué sintió cuando el obispo Baseotto dijo que había que atarle una piedra al cuello y tirarlo al mar?
La verdad, fue tan brutal que ni siquiera me enojó. Me pareció una cosa bestial. Me dolió por la Argentina, por cómo esas cosas pueden volver a pasar. Porque a veces se dicen cosas por una calentura. Pero escribirlo. ¡Pensarlo y escribirlo! Y me di cuenta que era una maniobra política porque la carta nunca llegó. Yo ni siquiera hice la denuncia. Sí lo traté de mentiroso cuando dijo que el profiláctico dejaba pasar el virus. Esa es una mentira que le hace mal a la gente.
El episcopado dijo que los argumentos usados para legalizar el aborto reflejan, en realidad, lineamientos neocolonialistas de organismos internacionales.
No entiendo cómo puede ser neocolonial un argumento donde dos tercios del mundo tiene el aborto legalizado, despenalizado. Con China ya hay un tercio de la población mundial. Y también está legalizado en Europa, Estados Unidos, Canadá. En realidad lo que estamos discutiendo es el acceso a la información y a los derechos de las mujeres más débiles, más pobres.
¿Quiénes son los que se oponen a las políticas de salud reproductiva?
Toda política que pretenda ser justa debe dar igualdad de acceso a la información y a los bienes. Y en el caso de los bienes de salud, como los anticonceptivos y los profilácticos, su distribución debe ser gratuita. Pero ahí también hay una discusión hipócrita.
¿Cuál es la discusión?
Nadie dice que hay que prohibir estos elementos. Hablan de que no se los demos a los que no tienen información, educación o insumos. El adversario es la realidad, la pobreza. Yo no creé esta situación. Mi pelea es contra ese tipo de enemigo. No he tenido peleas personales. He trabajado en función de un objetivo. Y esto lleva muchos años.
¿Es optimista? ¿Cree que podrá haber resultados a corto plazo?
Estoy convencido de que rápidamente vamos a tener resultados: va a haber menos mortalidad materna e infantil, menos madres adolescentes, menos sida, menos enfermedades de transmisión sexual. Las mujeres van a tener los chicos que quieran tener y no los que les impongan.
¿Qué dijeron su mamá y su tía cuando habló de despenalizar la marihuana para uso medicinal?
Siempre me apoyan. ¿Cómo vamos a tener aprobada la morfina y la heroína y vamos a hacer escándalo con la marihuana?
¿El adversario es la ignorancia?
Sí, claro. La ignorancia y una sociedad que debe aprender a dejar de combatir. La obligación que tenemos es consensuar y no confrontar. Y no es una sociedad acostumbrada a eso.
¿Kirchner alguna vez le dijo: “¡En qué lío me metiste, Ginés!”?
No, para nada. Nunca me lo dijo.
Tiene fama de malhumorado el presidente…
¡Ah! Malhumorado sí. Y yo también. Pero ése es otro tema. No se va a creer que yo soy tan suavecito como me ve ahora.
Está por cumplir 60 años…
(Interrumpe) ¡No diga nada! El problema es que yo siempre fui un pibe que prometí. Y ahora empecé a dejar de serlo. Eso me tiene un poco preocupado.
¿Recién ahora empieza a dejar de ser un pibe? ¿A los 59? ¡Eso es tener autoestima! Tiene que empezar a dar clases de autoayuda cuando deje la política.
(Risas). Yo siempre pienso que lo mejor se está por hacer. Que el mejor gol de Racing todavía no lo vi, que la mejor conversación con un amigo todavía no la tuve. Creo eso en serio.
Este contenido no está abierto a comentarios

