GINÓBILI CLAUSURÓ CON TODAS LAS LUCES UN AÑO BRILLANTE
Para Emanuel Ginóbili, este 2003 que se va no será un año más en su vida. Una muestra de la importancia de estos 365 días para Manu es el último partido del año de San Antonio Spurs, su equipo: fue la figura y el goleador, con 25 puntos (su tercera mejor marca desde que está en la NBA), en el triunfo ante Milwaukee Bucks por 89-74.
El 2003 no había empezado bien para Ginóbili, ya que a fines de 2002 la lesión en su tobillo derecho retrasaba la adaptación en la NBA y generaba dudas. Pero Manu se bancó el mal momento; sabía que lo mejor estaba por llegar. Se puso al servicio del equipo. Con buenas actuaciones llegadas desde el banco, lentamente se fue ganando la aprobación de compañeros, técnico (Gregg Popovich) e hinchas.
En mayo llegaron los playoffs, donde se convirtió en pieza clave. Las series ganadas a Phoenix, Los Lakers y Dallas lo transformaron en el primer argentino en ganar un campeonato de Conferencia (la Oeste) y el primero en jugar una final de la NBA. Y luego de vencer 4-2 a los New Jersey Nets, en junio, pasó a ser el primer compatriota en obtener el anillo de campeón en la liga más competitiva del mundo. Para más datos, se convirtió en el primer jugador hispano en ganar el título en su temporada debut y el segundo sudamericano en conseguirlo —el anterior había sido el venezolano Carl Herrera, con Houston Rockets, en 1994/95—.
Considerando que fue su primera temporada en la NBA, Ginóbili tuvo un destacado aporte para que San Antonio fuese campeón por segunda vez en su historia: jugó 69 partidos, de los cuales sólo en cinco fue titular. Tuvo un promedio de casi 21 minutos por partido en cancha, 2,3 rebotes, 2 asistencias y casi 8 puntos. Además, promedió 1,39 robos (ahora está cuarto en ese rubro, con 2,2, cerca del ruso Andrei Kirilenko, de Utah, quien tiene 2,3 y es el tercero detrás de Baron Davis y Allen Iverson).
Al regresar a la Argentina, ya sea en Buenos Aires, Córdoba o en su Bahía Blanca natal, grandes y chicos se agolpaban a su paso para poder tener un autógrafo o una foto con su ídolo, o simplemente para verlo. La Manumanía se había instalado en todos los rincones del país.
Pero no todo fue NBA para Emanuel este año. También tuvo tiempo de pasear su basquetbol por Puerto Rico, en agosto, y conseguir —junto a sus compañeros de la Selección Argentina— el pasaporte para los Juegos Olímpicos de Atenas, en agosto del año próximo. Aunque no rindió como se esperaba debido a que venía de la exigente temporada estadounidense y del desgaste extra que significa disputar las finales, supo demostrar por qué es un jugador distinto.
En esta temporada que arrancó, hay tres fechas que nunca se borrarán de su mente: la del 15 de junio, cuando logró el título. El 28 de octubre, cuando recibió el anillo de campeón. Y el 6 de noviembre, en aquella magnífica jornada en la que, pese a perder 120-117 tras dos tiempos extras, marcó 33 puntos —su máximo hasta el momento— en el mismísimo Staples Center, la casa de Los Angeles Lakers de O’Neal, Bryant y compañía.
Con la titularidad asegurada, Ginóbili se destaca partido tras partido. Nadie lo trata como un novato. Saben que luego de Tim Duncan es el jugador más desequilibrante en San Antonio. Pese a llegar desde Italia con chapa de anotador, no sólo la emboca para ganar un partido. Es un defensor de calidad y asiste a sus compañeros como si fuese un base. Y para confirmar su crecimiento están las estadísticas, en las que mejora en todos los rubros.
Pese a no haber arrancado bien, el conjunto dirigido por Gregg Popovich suma 13 victorias seguidas (22 triunfos y 10 caídas), y gracias a esa racha se ubicó primero en la División Medio Oeste y tercero en la Conferencia Oeste, detrás de Los Angeles Lakers y Sacramento Kings.
Así termina el año consagratorio de Manu. Un año lleno de satisfacciones. El sábado, frente a Philadelphia, inicia otro ciclo que puede afirmar su crecimiento.
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