GRADUADA A LOS 19 AÑOS, YA CURSA DOS CARRERAS MÁS
Con apenas 19 años recién cumplidos, Daniela González aprobó ayer la última materia de la licenciatura en Ciencias Químicas en la Universidad de Morón.
Y ya empezó a estudiar Medicina -aprobó una materia- a la vez que encara el doctorado en Química.
Desde el 28 de noviembre hasta ayer, Daniela rindió con buenas notas una seguidilla de nueve materias de Ciencias Químicas, carrera que tiene 37 asignaturas.
Para tener el título le falta un trabajo de recopilación de bibliografía, pero el festejo se da al aprobar la última materia. Amigos y compañeros de la carrera, todos más grandes, le entregaron ramos de flores a su mamá y a ella, a quien embadurnaron con huevos y harina a la salida de la universidad.
HACE CASI 9 AÑOS
En marzo de 2000, la investigadora Eugenia Sacerdote de Lustig, de casi 90 años, nos comentó el caso de Daniela, una chica muy adelantada a la que quería ayudar y que tenía problemas económicos para seguir sus estudios.
A los 15 años, ya estaba en 2° año de su carrera y vivía en Merlo, sobre una calle de tierra, a 45 minutos de su facultad. El 7 de abril de 2000 Daniela salió en la tapa de LA NACION. Amalia Lacroze de Fortabat, presidenta de la empresa Loma Negra, leyó esa nota y ese mismo día decidió regalarle a su familia una casa más cerca de la universidad, y apoyar económicamente sus estudios.
Daniela cumplió las expectativas. Cursó todas las materias de Ciencias Químicas, y además hizo cursos de genética forense y de medicina legal. También realizó una pasantía de trabajo por casi dos años en el laboratorio de la empresa Cladiant, en Llavallol.
Ayer, a las 8 de la mañana, había expectación en el piso 7° de la Universidad de Morón, donde el profesor Marcelo Mignone empezaba a tomar Química sanitaria. Varios estudiantes repasaban antes de rendir. Alberto Moschini -el hombre que eligió la casa para Daniela, por la Fundación Fortabat-, ya jubilado tras 39 años de trabajo en Loma Negra, esperaba con su esposa, Celia.
Adriana Albanese de González, la mamá, recordaba a Daniela bebita, cuando de día no dormía y miraba todo, cuando a los dos años y medio escribió su primera palabra (Alf), sin que nadie le enseñara, y empezó a leer; cuando a los 9 años la acompañaba a una escuela secundaria técnica a la que iba como alumna oyente de química inorgánica.
“Lo que importa no es el título -dijo la madre-. A mis hijas les enseño que sean agradecidas, buenas personas.” Su papá, José Antonio, criado en el campo, hizo sólo primer grado. “Mi viejo en el cielo estará esperando para festejar”, comentó, ante la ansiedad del examen. Y su mamá, Rosa, la abuela de Daniela, nunca fue a la escuela, pero aprendió a leer y escribir por su cuenta siendo chiquita. Tiene una peluquería en Salto, provincia de Buenos Aires.
Uno de los compañeros de estudios, Walter Serratusell, de 27 años, se había graduado el día anterior. Dijo que Daniela es buena, generosa. “El domingo vino a casa a ayudarme a preparar una materia que ella ya había dado”, comentó.
El papá de Daniela, Daniel González, llegó sin dormir desde Hurlingham, donde desde las 18 del día anterior había estado en el comando de Patrullas. Suboficial principal de la policía bonaerense, había empezado su trabajo hacía 24 horas, cumpliendo un adicional en la custodia de un banco.
“A mitad de año, Daniela no pensaba rendir todo junto. Pero cuando se incentiva, no la para nadie”, dijo. La emoción, contenida, del padre podía más que el cansancio. Conversaba con Adrián Díaz, del Rotary Club de Merlo, que becó a Daniela entre los 9 y los 13 años.
El doctor Eduardo Cozza, secretario de Ciencia y Técnica de la Universidad de Morón, recordó cuando en 1997 la mamá fue a ver si su hija podría ser admitida como oyente antes de concluir el secundario. Ahora él dirigirá su tesis doctoral sobre Bioquímica de la presión arterial.
APROBADA CON 9
Fabián García, de 33 años, terminó de rendir, con 7. “Te pasan por todos los temas”, comentó. A las 11.53, Daniela entró en el aula. Salió veinte minutos después, aprobada con 9. Abrazos de los padres, aplausos, y un inmediato llamado telefónico a la abuela en Salto. Entre sus compañeras, Graciela Díaz, de 42 años, tiene mérito. Con cuatro hijos retomó sus estudios, que concluirá el lunes. Hubo festejos, fotos, cambio de ropa, harina, agua con una manguera.
Acompañamos a Daniela a su casa, en el desvencijado Gacel 1988 de su papá. Jazmín y Lassie, las dos perras, ladraron alborozadas.
Estaban los Moschini, y dos amigos de Daniela y su hermana, Gabriela: Leandro y Marisol. Llamó Susana, la primera maestra de jardín, del colegio Sagrada Familia, de Merlo. “Siempre la apoyó”. Daniela -que la noche anterior había festejado hasta las 23 la graduación de su compañero Walter y que hasta las 4 se había quedado repasando- fue a darse una ducha. Cuando volvió, todos brindamos con gaseosas.
Leyó entonces una carta que le escribió su mamá: “Te queremos como sos y lo más importante que anhelamos es que nunca cambies… Agradezco a Dios el don maravilloso de tu existencia. Gabriela y vos son lo mejor que me pudo pasar en la vida”.
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