GRAN BRETAÑA PUBLICARÁ “SU HISTORIA OFICIAL” SOBRE LA GUERRA DE LAS MALVINAS
El hundimiento del Belgrano fue el resultado de una decisión militar, no política, y una señal de la debilidad estratégica británica. Tal sería, en síntesis, el contenido de los dos tomos de la “historia oficial” del conflicto en el Atlántico Sur que el gobierno británico encargó hace ocho años y que saldrán a la venta el 28 del actual con el título de “Official History of the Falklands Campaign” (Editorial Frank Cass Ltd.-Routledge).
Eso es lo que se desprende de un artículo escrito como adelanto por su autor, sir Lawrence Freedman, en la revista History Today. Una nota en la cual el prestigioso académico habla de las ventajas y limitaciones inherentes a la investigación histórica en el ámbito oficial, pero sobre la cual Freedman dijo a LA NACIÓN que prefería no hacer “ningún comentario”.
“Una historia oficial puede fácilmente ser presentada como una suerte de pacto faustiano -señaló-. El historiador gana acceso privilegiado a cada concebible fuente de información, incluidos memorándum, telegramas diplomáticos, cajas de señales militares, reportes de inteligencia. A cambio, el alma debe ser vendida por cuanto el resultado debe ser una versión sanitizada que confirme la línea oficial. Sería tonto pretender que no hay aquí un problema -admitió cándidamente-. Sutileza en el lenguaje es normalmente una alternativa aceptable de la censura.”
La idea de realizar una “historia oficial” del conflicto atlántico surgió en 1996 cuando la cartera del Foreign Office estaba en manos del conservador Malcom Rifkind. Pero el proyecto no fue confirmado hasta un mes de la llegada al poder del laborismo.
La noticia fue dada a conocer por el primer ministro Tony Blair en julio de 1997, un año antes de la visita oficial de Carlos Menem, la primera que efectuó un presidente argentino al Reino Unido después de la guerra.
Freedman dice haber trabajado con total libertad durante sus ocho años de investigaciones: “El departamento histórico del Foreign Office sabe que la credibilidad de la obra depende de mi análisis independiente”, afirmó.
Al mismo tiempo, concede que no hay que esperar grandes revelaciones porque, aun cuando él pudo acceder a papeles secretos, “éste ha sido uno de los conflictos sobre los cuales más se ha escrito”. Las novedades, aparentemente, no abundan. El mismo ya contribuyó a esclarecer el tema con dos libros, incluido uno escrito junto a la académica argentina Virginia Gamba Stonehouse (“Señales de guerra”, Faber&Faber, 1990).
El jefe del departamento de Estudios de Guerra de la universidad londinense de King´s College atribuye el génesis del conflicto bélico a oportunidades diplomáticas perdidas. La ausencia de flexibilidad en la década del 60 entre la posición argentina de respetar los “intereses” de los isleños frente a la británica de defender sus “deseos”, lo que implica un veto, creó en los argentinos la idea de estar envueltos en negociaciones “bizantinas”. Esa frustración habría empujado a la junta militar argentina a tomar el asunto en sus manos el 2 de abril de 1982.
Freedman sostiene que si la junta presidida por el general Leopoldo Galtieri hubiera mantenido la calma en lugar de lanzar la invasión, la Argentina podría haber alcanzado su objetivo de soberanía.
“Los sucesivos gobiernos británicos jamás se ocuparon del desarrollo económico y social de las islas. La población estaba declinando y, de haber la Argentina demostrado autocontrol, esa situación habría continuado hasta convertirse en algo insostenible”, destacó en History Today.
EPÍLOGO Y ÉXITO
El epílogo de la guerra también podría haber sido distinto. “Los argentinos podrían haber tomado opciones distintas, como mantener su armada en altamar tras el hundimiento del Belgrano. Tras el desembarco británico, podrían haber atacado los barcos que transportaban tropas, equipo y material en lugar de los buques de guerra que los escoltaban, o podrían haber patrullado más agresivamente cuando los británicos marchaban en dirección a la capital, Puerto Stanley.”
“De haber tomado cualquiera de estas medidas -dijo-, el resultado habría sido diferente. La pérdida de uno de los dos barcos transportadores británicos habría forzado al gobierno a reconsiderar su posición.”
El mayor éxito de los argentinos, a su entender, consistió en el hundimiento del Atlantic-Conveyor, que transportaba helicópteros, claves para el desplazamiento de las tropas en tierra, lo que se convirtió en algo muy difícil.
La ayuda brindada por Chile y los Estados Unidos al Reino Unido es mencionada en la obra, pero para destacar las dificultades que Margaret Thatcher tuvo en obtenerla, a pesar de la relación personal de amistad que tenía con Ronald Reagan y del interés de los halcones del Pentágono en suministrar armamento a los británicos.
Freedman estima que la tensión creada en la “relación especial” anglo-norteamericana explicaría por qué las tropas SAS de elite enviadas a espiar en territorio argentino tuvieron que hacer un aterrizaje forzoso cuando volaban en helicóptero por territorio chileno.
El hundimiento del crucero ARA General Belgrano por parte del submarino nuclear Conqueror refleja para Freedman “más la debilidad que la fortaleza” estratégica británica.
“Mi conclusión -sostuvo- va a desilusionar a aquellos que están convencidos de que la primera ministra ordenó el hundimiento para evitar el progreso de las negociaciones de paz porque ella quería luchar hasta ganar. El gobierno británico se inventó un problema porque la descripción inicial del ataque fue inexacta en muchos aspectos y no fue corregida cuando mejor información fue recibida. Pero el alegato clave de que la orden fue tomada por razones militares sigue siendo válido.”
El académico admitió que los archivos oficiales sobre el “escándalo del Belgrano son muy delgados” en comparación con otros voluminosos destinados a abordar temas como el manejo de la opinión pública y las investigaciones parlamentarias.
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