GRAVES DENUNCIAS TRAS EL ÚLTIMO MOTÍN EN EL PENAL DE CORONDA
La ruta ofrece frutillas gordas, dulces. A cuarenta kilómetros de Santa Fe, se levanta una de las unidades penitenciarias más viejas y más conflictivas de la provincia, el Instituto Penitenciario Modelo de Coronda.
El fin de semana pasado, la cárcel vivió otro motín, que dejó como saldo una víctima fatal y más de cincuenta heridos, aunque el parte oficial de los sucesos ocurridos sólo habla de 12 contusos.
Hasta allí llegaron los diputados provinciales Angel D’Ambrossio, Alicia Tate, representantes de la Defensoría del Pueblo y quien escribe estas líneas.
LOS HECHOS
Lisandro Juan Pellegrina tenía 21 años, era rosarino y estaba preso por robo a mano armada. Nadie lo sabía, salvo sus amigos más cercanos. Su papá es agente del Comando Radioeléctrico. Lisandro apareció muerto después de la reyerta del pasado fin de semana, frente a su celda número 18, del pabellón cinco. Según los testigos, murió por un fuerte culetazo que recibió en la cabeza por parte de uno de los integrantes de las fuerzas de seguridad que ingresaron cuando todo era ruido. “Fueron los de cascos blancos y uniformes azules”, dijo “el Pelusa”, otro interno del pabellón cinco, que había entablado una amistad con el desafortunado rosarino. Pelusa es delegado y les comentó a los diputados radicales que “los heridos por armas de plomo son muchos más de los que se informaron oficialmente”.
Según la documentación oficial a la que accedió NOTIFE, un parte médico firmado por el doctor Daniel López, Mauricio Ramón Belizan tiene una herida de arma de fuego “en la región de la cadera, en dirección de atrás hacia delante, se palpa proyectil en la región inguinal”.
El Director del Penal, el subprefecto Eduardo Leclerc, confirmó la especie y dijo que “hay que determinar las responsabilidades, si la bala salió de las fuerzas de seguridad o de un interno del penal que haya construído un arma casera”.
Por cierto, Leclerc siempre tuvo una buena relación con los delegados de los pabellones. Hace 28 años que trabaja en el Sistema Penitenciario. Se muestra cansado, desbordado. Sus huesos se esconden debajo de un uniforme, que según parece, desea colgar pronto para disfrutar de su familia.
La imagen de “blando” le ha costado ubicarse en el medio de una interna del Servicio Carcelario. Los internos dicen que “él siempre prefiere el consenso pero hay sectores dentro del penal que apoyan y alimentan la doctrina del palo”. Así lo dice Carlos, un ladrón “por opción” que lleva diez años encerrado. Tiene 35 años, pero las canas y el rostro con algunos hachazos, lo vuelven más viejo. Es cordial.
En diez años, la población carcelaria creció en forma vertiginosa. De los 1.554 internos, sólo 672 tienen sentencia firme y 883 están procesados a la espera de una definición judicial. Completan la lista de internos, 13 presos federales.
Hace dos años que el Instituto Correccional Modelo de Coronda no tiene un juez de ejecución penal.
Hay también 30 presos infectados con V.I.H y 8 con tuberculosis. Mientras que, el sistema Penitenciario tiene designado 482 agentes, no todos operativos, de los cuales sólo 40 se encargan de la seguridad interna del penal y 22 para la externa, en cada turno de vigilancia.
En agosto de este año llegaron 75 nuevos presos y en setiembre, otros 135. La mayoría provenientes de la Alcaidía de Rosario.
LA OPERACIÓN
Hay dos grupos bien diferenciados dentro del penal. Uno responde a las buenas intenciones del subprefecto Leclerc, más dispuesto al diálogo y con fieles agentes que ocupan guardias rotativas. Del otro lado, se ubican los “Giulianis boys” (en referencia al Alcalde Nueva York, promotor de la mano dura y la tolerancia cero). Ese sector tendría un guiño de acción en las segundas líneas del Servicio Penitenciario, con el conocimiento de su Director, el abogado Armando De Martín. Pero el funcionario provincial comenta -off the récord- que la situación le incomoda. Sobre todo cuando se entera del accionar del GOEP, un grupo de elite que acostumbra a requisar a los presos, encapuchados. La interna pretende instaurar la mano dura y desplazar a Leclerc, a quien consideran “un blando”. Pero además, estarían operando para ocupar la jefatura del Sistema Penitenciario cuando el nuevo gobierno asuma en diciembre. Al menos tres de los seis internos entrevistados confirmaron la especulación. Principalmente Carlos Priotti, un ex delegado del pabellón siete, que no tiene un solo apercibimiento por inconducta. Es más, fue uno de los muchos presos que intentaron calmar los ánimos cuando el motín ardía en los pabellones 10 y 12.
“Cómo permitieron que el motín tome grandes dimensiones con el grupo de elite que tienen acá?”, se preguntó Priotti. Y agregó “Cualquier persona que tenga un mínimo conocimiento de control de motines sabe que no se puede generar un motín generalizado por la rebeldía de dos pabellones, cuando con gases y una represión a tiempo, frenaban la trifulca”.
“Hay una interna acá adentro, que todo el mundo lo sabe, de sectores que quieren que el Sr. Director se vaya porque tiene una política dura, pero con un criterio humano (en referencia a Leclerc). Del mismo modo, dijo que “hay gente que quiere que esto se apacigüe y otra que quiere que esto arda. Yo lo invité a De Martín a que se venga al penal a hablar sobre temas de seguridad, pero prefiere resolver los problemas en forma privada. Ustedes observen….cómo puede ser que se generen tantos destrozos si tenemos mesas y sillas plásticas? – Imposible, se contesta… A menos que usted me abra la puerta y permita que pase todo esto. Después se reprimió, a pesar de que se le había dicho a los internos que no se iba a reprimir. Acá, en algún momento, vamos a perder muchas vidas humanas y no sé quién va a pagar los costos políticos. En mi pabellón hubo varios heridos, sesenta o setenta y tal vez me quede corto…”
-¿Hay un sector del Servicio Penitenciario o todos los guardia cárceles interesados en alimentar el caos ante la primera chispa?, preguntó NOTIFE.
-Hay un sector que responde a un grupo duro. El otro, responde al Director actual, que quiere hacer las cosas justas, pero el primer grupo quiere que el Director se vaya porque dicen que es muy flexible. Esos grupos conviven acá adentro, hay guardias muy serias, muy humanas y otras que lo único que le ofrece es palo y goma. Entonces ahí nos damos cuenta que hay posturas enfrentadas.
-¿Se comenta que existe un política oficial interesada en destruir las instalaciones para obtener fondos? ¿Usted qué sabe sobre ése rumor?, insistió este portal.
-Siempre piden sumas (de dinero) exorbitantes, porque lo primero que dicen es que acá se rompe todo, cuando en realidad el daño es mínimo. Después, los presupuestos son elevadísimos, existe un interés en algunos sectores para que surja un caos todos los días, para que surja mucho dinero.
Después recibimos a Juan, Rubén, Marcelo y José Luis, todos estaban esposados. Resaltaron los dichos de los delegados entrevistados.
Hablaron de la familia, de los violadores. “Yo soy chorro”, dijo uno que apenas se le alcanzaba a ver la piel de los brazos, debajo de los tatuajes. Habló de Freud, de la familia, de los años que estuvo sin sentencia firme, de la esperanza de salir algún día de ese infierno, del peligro de la muerte.
Fumaron, hablaron de los “encapuchados” que los requisan y los golpean, del deseo de que no se olviden de ellos. “Yo me expongo mucho estando acá con vos”, me dijo Marcelo a los ojos. Agradeció la presencia y se marchó con las manos aprisionadas hacia el pabellón.
-No se olviden de nosotros, repitió otro jovencito de 24 años. No se olviden. Ahora viene lo más duro.
Apuró el paso y se perdió por los pasillos del penal junto a sus compañeros.
Emprendimos la vuelta a la ciudad de Santa Fe, cuatro horas después. El camino de regreso ya no fue el mismo. Fue distinto.
Y las frutillas, al costado de la ruta, ya no se veían tan dulces.
AGRADECIMIENTOS ESPECIALES: SUBPREFECTO EDUARDO LECLERC, DIRECTOR DEL INSTITUTO PENITENCIARIO MODELO DE CORONDA (POR TODAS SUS ATENCIONES), ALICIA TATE, ANGEL D’AMBROSSIO, LILIAN ECHEGOY (POR LA SERIEDAD Y EL COMPROMISO).
GRACIAS A : CARLOS, RODOLFO, JUAN, RUBÉN, MARCELO Y JOSÉ LUIS.
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