Gualeguaychú, dividida por el corte y unida contra Botnia
El inminente fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya encuentra a la sociedad de Gualeguaychú con pensamientos divididos. No hay excitación, sí una leve ansiedad por conocer el veredicto y, a partir de ello, la posibilidad de volver a encontrar un puente de conexión entre dos ciudades enfrentadas por la radicación una empresa: Botnia.
Gualeguaychú, famosa por sus carnavales, ganó también notoriedad de sociedad brava y combativa, con posiciones radicales, que supo generar en su momento variadas simpatías.
En el cenit del conflicto agropecuario, esta ciudad de 100 mil habitantes, con Alfredo De Angelis como estandarte, fue ícono del chacarero federal alzado contra el atropello del poder central. Dos años antes, la Asamblea Ambiental se colocó en el epicentro político, le marcó la agenda al gobierno y nunca más los pudieron dominar y calmar, ni siquiera declarando la lucha contra las pasteras como “causa nacional” y llevando el caso a un tribunal internacional, que el 20 de abril se dispone a dar su fallo inapelable.
Poder efectivo
El poder de la Asamblea radica en el sostenimiento del corte del puente internacional. Casi todas sus energías se concentran en mantener esa acción. Saben que sin la publicidad de ese bloqueo, su causa contra Botnia y la contaminación de la cuenca del río Uruguay sería papel mojado o una noticia de recuadro, de esas que acompañan anuncios sociales o eventos curiosos.
“Molesta que se nos identifique sólo por el corte. Nuestra lucha va más allá de Botnia: somos una cuña al sistema de industrialización del río Uruguay”, declara José Pouler a La Capital. El activista, uno de los referentes de la Asamblea, dice que la presencia de la pastera finlandesa en la zona representa la avanzada de otros emprendimientos fabriles similares en toda la cuenca.
Por eso, no le sorprendió que el presidente de Uruguay, José Mujica, haya avisado, al mismo tiempo que reemplazaba a Tabaré Vázquez, que las próximas pasteras a instalarse en su país serán todavía más grandes que Botnia. “Son decisiones soberanas. Si la ponen lejos de Gualeguaychú, el problema es de ellos, no nuestro”, concede, y agrega: “Si el fallo sostiene que Uruguay violó el estatuto del río, Botnia se tiene que ir, no hay vuelta, porque el corte es la consecuencia de la instalación de esa empresa” .
Pouler atiende a La Capital en la mesa de una pizzería de su propiedad en pleno centro de la ciudad. Se muestra amable, pero su mirada deja escapar algunas señas de desconfianza, y las acompaña con palabras: “Los medios que no son de acá ahora remarcan que va poca gente a la Asamblea, que somos duros, extremistas. Lo que pasa es que cada cual tiene que atender su negocio y a veces no hay tiempo para ir a las reuniones. La situación económica no está bien para muchos de nosotros”.
No fue un buen año para la economía de Gualeguaychú, que se mueve básicamente por el turismo. Las lluvias y la posterior crecida hicieron desaparecer las playas, se alquilaron menos cabañas y todos los índices, menos los ríos, bajaron. El carnaval dejó divisas, pero no como en otros años.
Movidos por este panorama, e incluso desde antes, los comerciantes de la ciudad quieren terminar con el corte del puente. Dicen que ya no causa efecto y que perjudica por igual a las personas de las dos riberas. Más allá de los lazos culturales, Gualeguaychú también hacía negocios con los uruguayos que pasaban a esta orilla, en especial en los rubros alimento y ropa.
“El corte está agotado, no va más. Tenía sentido al comienzo, pero está visto los problemas que nos trajo, y no hablo sólo del aspecto económico”, sostiene Abel Martínez Garbino, miembro y referente de Ciudadanos Movilizados, una agrupación contraria al piquete. Aunque afirma concordar con el reclamo de fondo, dice que hay encuestas hechas en la ciudad donde su posición es mayoritaria a la postura de la Asamblea Ambiental. “Nosotros tenemos 6.000 firmas de ciudadanos que quieren que se transite libremente el puente, tampoco queremos a Botnia, pero hay que encontrar otras alternativa para que se vaya”.
Martínez Garbino es denostado sin piedad por la Asamblea. “¡Qué va a tener apoyo!, este tipo maneja cuatro gatos locos. Cuando sean más que nosotros, que vengan acá e impongan su posición”, dice Jorge Friztler a La Capital en la puerta del Club Frigorífico minutos después de que culminó la asamblea, el jueves a la noche, y en la que se rechazó la solicitud del arzobispo de Gualeguaychú, Jorge Lozano, para que se levantara el corte durante Semana Santa.
Coincidencias
Esa asamblea se hizo el mismo día en que se conoció que el Tribunal de Justicia de La Haya fallará el 20 de abril. Cinco días después, la Asamblea volverá convocarse en el puente en la quinta Marcha por la Vida, el acontecimiento que más adrenalina mueve entre los activistas.
“Puede ser la última o el inicio de otra forma de lucha”, sostienen los asambleístas, dejando entrever que el corte de ruta, como modalidad de protesta, se encuentra en su fase final y que otra historia comenzará a partir de ahí. Pero el elemento “innegociable” seguirá siendo el mismo: que Botnia se retire o sea desmantelada.
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