Guillermina Valdes: “Ya no me hago cargo del prejuicio ajeno”
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La actriz, que protagoniza en plena calle Corrientes, habló sobre la mirada de los otros, su vida como madre de cinco hijos y cómo se vive en su hogar el regreso de ShowMatch a la televisión.
El camarín cumple con todo lo esperable de un camarín. Es pequeño, sí, pero tiene un enorme espejo, una silla y una baqueta, un estante para apoyar maquillaje y perfumes, un barral donde colgar la ropa, una bacha para lavarse las manos, un hornito aromatizador, flores y fotos, muchas fotos familiares, de besos con su pareja, de viajes, de momentos atesorados con sus cuatro niños. Guillermina Valdes invita a pasar amablemente y pide disculpas por las pocas comodidades. “¿Estás bien o te voy a buscar una silla?”, pregunta, genuinamente preocupada. Su voz es suave, maternal; no cuesta nada imaginarla leyendo un cuento o haciendo la tarea junto a alguno de sus hijos.
Pero en pocas horas, esa Guillermina angelical quedará atrás y será Laura quien tome la escena. Literalmente. En Invencible, la obra que protagoniza en el Multiteatro, compone a una mujer de barrio, de origen humilde y mirada dura, tono severo y ácido, un ser lastimado, escultural e infranqueable. Y lo hace con convicción, al punto de sorprender a esos que creen que llegó hasta ahí sólo por ser “la pareja de Tinelli”. Ella lo sabe, aunque esa ya no es su batalla ni tampoco la guerra que quiera dar.
“Uno siente que está eso del ‘a ver qué hace’. En la obra anterior, Sexo con extraños, sentía que estar todo el tiempo demostrando algo, que tenía de mostrar que podía estar en un escenario actuando, pero esta vez dije: ‘Pará, si yo disfruto, soy laburadora, estoy de miércoles a domingos acá, tengo cuatro hijos y hago todo por hacer un trabajo de manera responsable, desde la creatividad absoluta que me nace’. El prejuicio lo tienen ellos”, le cuenta Valdes a La Nación.
-¿Sentís que estás parada en otro lugar ahora?
-Es posible. Y lo que más me gusta es la gente que se acerca y me habla, lo que me dicen de la obra y del equipo. Todos tienen derecho a opinar sobre un trabajo, pero tienen que venir a verlo. Es decir, si quieren opinar sin ver mi laburo, que lo hagan; yo ya no me hago cargo del prejuicio ajeno, de esa mirada sin fundamentos.
-¿Te gusta el contacto con el público?
-¡Sí! Es muy lindo, me encanta. Hay gente que se queda esperando para ver salir a los actores del teatro y te dicen: “¡Muy bien, eh!”. Cuando te dicen eso, queda claro que había un preconcepto y que lograste revertirlo. Y no hay ningún problema con eso, quizás se trate de dar examen toda la vida, y lo daré como buena alumna que soy, para que me sigan evaluando. Yo, mientras tanto, sigo haciendo lo que me gusta.
-¿Cómo llegó esta propuesta de Daniel Veronese?
-La propuesta llegó en noviembre o diciembre del año pasado. Cuando me dijeron que era una obra de Veronese fue como un sueño. Mi representante me dijo: “Mirá, yo sé que vos podés hacer este papel, que podés estar muy bien acá”. Leí el libro y me encantó, me gustó mi personaje y el conflicto.
-¿Cómo definirías el conflicto que atraviesa Invencible?
-No quiero contar mucho, pero no es un conflicto central y que deba ser resuelto, pero sí hay un planteo en esta suerte de “choque de culturas” entre estas dos parejas que tienen una gran diferencia en cuanto a la vida que lleva cada una y el modo en el que ven el mundo. No es una obra moralista en la que te dicen quién está bien y quién está mal, ni tampoco hay buenos y malos, aunque inevitablemente el público termina tomando partido por uno o por otro. Eso está bueno, porque indica que hay empatía con los personajes.
-¿Cómo te encontraste con Laura? Porque hay un punto en el que los cuatro personajes parten de un estereotipo pero, a medida que avanza la obra, van tomando otras tonalidades.
-En mi caso, nunca sentí que Laura fuera un estereotipo porque lo vibré siempre a este personaje. Sí hay algo que tuve que construir porque tengo una imagen que tiene que ver con lo sofisticado, con la suavidad y la ternura, y el director me pedía exactamente lo contrario, más allá de lo que imaginé cuando leí la obra. Laura no sonríe, salvo que la hagan reír mucho, no es simpática, no tiene cumplidos con nadie. Eso pasado por mi cuerpo podría ir al estereotipo, pero yo intenté no caer en eso. Sí es muy impactante cuando están las dos parejas juntas, por la tensión que se genera y lo diferentes que son. Eso nos pidió el director, que exaltáramos esas diferencias.
-Pese a estar en plena calle Corrientes, la obra también tiene una esencia muy propia del off. ¿Lo sentís de ese modo?
-Sí, y me encanta. Yo vengo de escuela de teatro, y cuando uno estudia y prepara sus escenas tiene que llevar su cenicero, sus libros. Todo ese trabajo va creando en uno la responsabilidad de que esos objetos empiecen a formar parte de ese nuevo mundo que está arriba del escenario. Eso tiene que ver con la creatividad y con lo artesanal que tiene el teatro. Me parece que, por ejemplo, si en el momento en que hay que hacer algunas modificaciones en la escenografía entraran tres personas gigantes a mover las cosas, me desconectaría un poco. Entonces, que seamos nosotros, los actores, quienes lo hagan, nos hace comprometernos muchos más con lo que estamos contando.
-¿Cómo te recibieron tus compañeros (Valeria Lois, Carlos Portaluppi, Héctor Díaz), teniendo en cuenta que no venís del “palo” del teatro?
-La otra vez lo llamé a Veronese para pedirle disculpas por tener que andar rindiendo cuentas sobre por qué Guillermina, que no tiene tanta experiencia, es protagonista de una obra suya. La verdad es que si alguno tiene algún prejuicio, yo nunca lo noté. Tuvimos dos encuentros de lectura y el tercero fue, después de todo el verano, con la letra ya estudiada. Si yo caía en una nube de pedos (risas), obviamente que iba a dar lugar para que aflorara el prejuicio. Pero si vos vas con la letra sabida, hacés todo lo que dice el director, proponés cosas. Ese es el trabajo del actor. Y si estás en sintonía con tus compañeros y con un director, más allá de que pueda gustarles lo que hacés o no, hay un trabajo realizado, y sobre el trabajo realizado siempre hay respeto.
-¿Cómo te llevás con los rituales del teatro?
-Me encanta. Yo soy una chica de barrio y adoro que mi camarín tenga una bacha, tiene su mística. Si yo tuneara mi camarín un mes antes para que esté más acorde con mi departamento, por ejemplo, perdería gracia. No es una cuestión de lujos, sino de que me encanta esto que hago. Por eso estoy acá.
-¿Sos cabulera?
-No, tengo un par de hornitos, soy muy de los olores. Soy más de encerrarme en el camarín y hacer ejercicios con la voz, porque Laura tiene una voz más dura, más grave que la mía. Tengo que colocar la voz antes de salir a escena porque Laura no tiene suavidades, y eso lleva tiempo.
-¿Por qué tenés relegada la tele?
-La verdad es que cuando aparecieron propuestas fueron muy aisladas y no demasiado comprometidas, eran cosas chiquititas o que no se terminaban de definir. Es como de las dos partes: yo nunca me metí en esos caminos que aparecieron, que tampoco fueron tantos. Y la realidad es que el teatro me encanta, esto de buscar al personaje cada noche y ver cómo lo vas empezando a encontrar está buenísimo. El cine también te lo da, pero la tele tiene algo más comercial y siento que hay más ego. Acá hay una energía que me calma, no siento presión.
-Vos te preparaste mucho para ser actriz. ¿Cómo ves ese camino ahora, a la distancia?
-Creo que es un camino de mucha conciencia en la vida, más que en la actuación en sí y la preparación. Hay mucha gente que no estudió y es sumamente talentosa; yo siento que tuve que estudiar, que tuve que prepararme, hacer clown, tomar clases de canto, ir a una fonoaudióloga, ir a la escuela de teatro… Yo llegué desde este lugar y viviendo cosas en mi vida que me llevaron a tener más conciencia de lo que realmente quería hacer, hacia dónde iba y, fundamentalmente, prepararme para poder sostenerme en ese camino.
-¿Cómo lo conseguiste?
-Si yo no tengo armonía en mi casa, no puedo salir a trabajar. Soy canceriana y si mi hogar está equilibrado y mis cuatro hijos, que viven conmigo, tienen todo lo que necesitan, ahí sí pienso en salir a hacer algo. Entonces, cuando me preguntan por qué puedo dedicarme más a la actuación ahora, respondo que es porque siento que tengo más libertad.
-¿Qué cambió para que puedas escucharte un poco más?
-Bueno, esto es un gran laburo interno y tiene que ver con la conciencia, con laburar con lo que uno quiere y saber en qué lugar querés estar y qué lugar no querés estar. La madurez te da esa posibilidad, la experiencia de momentos vividos que te generaron incomodidad. Con el tiempo uno le va pidiendo al universo lo que quiere hacer, y va pensando que si quiere algo hay que moverse por determinado lugar. Hay algo bastante mágico en eso, en mis ganas de hacer teatro y de pronto tener la posibilidad de estar en la calle Corrientes. Eso es algo que no pasó con la tele todavía, y no tiene por qué suceder. No estoy desesperada. Yo estoy muy tranquila y me gusta preservar mi tranquilidad.
-¿Cómo recordás tu etapa dentro del modelaje?
-La verdad es que es un momento de mi vida al que le tengo mucho cariño porque fue cuando me pude independizar de mis padres. Me fui a los 18 de Necochea a estudiar veterinaria a Tandil, y después me vine a Buenos Aires a trabajar cuando me di cuenta que veterinaria no era lo mío. El modelaje era como un paso que me permitía tener mi dinero, administrarme; fue como un tránsito, algo que me fue abriendo puertas, me llevó a vivir un tiempo afuera. Fue algo que disfrutaba pero que nunca sentí como una pasión.
-¿Seguís en contacto con otras modelos de tu época?
-No tanto. Mis amigas son de Necochea, otras que me hice en la vida. Las que conocí modelando se retiraron rápido o eran chicas que conocía en los concursos. Me quedé con mis vínculos más primarios. Mis amigas modelos son chicas del interior que no pudieron trabajar en Buenos Aires y se fueron a otros países. Me fui relacionando con personas que tenían más que ver conmigo.
-O sea que la chica que vino de Necochea no se “perdió” en el camino.
-Y si me perdí en algún momento, me estoy recuperando (risas). Hay formas de perderse, a veces más relacionado con la forma en que te relacionás con tus afectos desde un presente que te deja en un lugar distinto. Yo lo que siento es que a veces no me escuché a mí misma. Nunca nadie me dijo “cómo cambiaste”, pero sí me perdí de escuchar lo que tenía ganas de hacer por una cuestión situacional.
-¿Cómo sería un día típico en la vida de Guillermina Valdes?
-Bueno, ahora la rutina está atravesada por el teatro, porque de miércoles a domingo tenemos funciones y, entonces, tipo 6 de la tarde ya estoy pensando en entrar al teatro, dar alguna nota. También tengo reuniones por mi marca de zapatos, reuniones en el colegio, llevo a mis chicos a que realicen actividades… Mi agenda es una agenda de cinco, de mis cuatro chicos y yo. Lorenzo todavía es chico y está mucho con el padre. Es decir, está mucho conmigo, pero si tengo que hacer algo sé que Marcelo está y se queda con él. Me siento madre, empresaria y actriz.
-Hace poco vimos en un clip de Instagram a tu hijo Dante, de 16 años, cantando y tocando la guitarra. ¿Cómo los acompañás en esa búsqueda que va haciendo cada uno de ellos?
-Los acompaño con todo el amor porque me parece que está buenísimo que sepan desde tan chicos lo que quieren, lo que les gusta. No publico mucho ni soy de poner las luces en ellos porque el papá no está muy de acuerdo con eso, entonces lo respeto y los acompaño desde el lugar de madre que los escucha y los impulsa. Uno toca la guitarra, la otra quiere ser DJ, otra juega al hockey. Son muy diferentes, y eso está buenísimo.
-¿Se revolucionó mucho tu hogar con el regreso de Marcelo Tinelli a la tele?
-No, porque él ya lo vive con mucha naturalidad, medio que lo hace “de taquito”. Obviamente está con más energía, está con mucha actividad, pero no lo modifica. Para Marcelo, hacer tele es como ir al gimnasio (risas).
-¿Te gustaría participar del programa?
-No, pero más que nada porque no sería tan libre mi paso por el “Bailando por un sueño”, por ejemplo. Hay muchas cosas dando vueltas, y si yo cuido tanto la tranquilidad. Además me parece que se trata de preservar la relación antes de cualquier otra cosa.
-¿Consumís televisión?
-No tengo mucho tiempo. A veces mis hijos miran algo y me engancho, o miro alguna serie con mi pareja, pero nunca me siento a mirar la tele. Soy más de escuchar las noticias en la radio AM, en el auto, para estar informada.
-¿Cómo te imaginás de acá a 10 años?
-No, no soy de imaginarme a futuro, vivo el presente y dejo que la vida me sorprenda. Ya me ha sorprendido bastante la vida, por cierto.
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