GUITARRAS FURIOSAS EN BOLICHE CARETA (O CÓMO EL PUNK COPÓ EL CENTRO A PURO POGO)
La noche pintaba como para pegarse una buena sobredosis de punk, y así fue: Contragolpe y Cadena Perpetua calentaron el frío clima del boliche La Nada con dos shows tan potentes como emotivos.
Es cierto: el éxodo del rock hacia los boliches suele ahorrarle a organizadores y músicos más de un detalle importante a la hora de armar un recital, pero lo que se gana en la previa se termina notando –y mucho– a la hora de la verdad. Y la de anoche no fue una de las –escasas– excepciones que confirman esta regla: la mala distribución del espacio –el escenario estaba en el medio del boliche, casi debajo de un entrepiso– en combinación con la fuerte iluminación ambiental confabulaban contra la oscuridad, algo casi esencial en una noche de punk.
Solo el fervor de los incondicionales, de una y otra banda, pudo cambiarle la cara al boliche céntrico. Por poco más de tres horas, claro.
FESTEJOS Y DESPEDIDA
En la previa, los santafesinos de Contragolpe habían adelantado una noticia que cargó la noche de sensaciones fuertes: era el último show de Emiliano Gaspoz, su baterista. Así, la banda que completan su hermano Nicolás –en guitarra y voz–, Iván Gedzius –en bajo y voz– y Marcelo García –en guitarra y coros– salió a escena con un show tan potente como emotivo. Era la despedida del batero, sí, pero también una nueva oportunidad para presentar “Ocho años y 27 minutos”, su último trabajo.
Los viejos clásicos de la banda insignia del punk local se sucedieron con algunos covers cuidadosamente seleccionados (entre los que se destacó una versión a la velocidad de la luz de “Mis colegas”, de los españoles de Ska-P) y la gente respondió con pogo y coros.
No faltaron, en el final del set, los amigos que quisieron sumarse a la despedida del batero de Contragolpe desde arriba del escenario: en las ya clásicas “Yo te amo” y “Todo cambiará”, que cerraron el set, el “Pema” Martínez, de Linternas, sumó su voz y luego todo fue cerveza y abrazos al, ahora, ex baterista.
LA TERCERA ES LA VENCIDA, PERO NO LA ÚLTIMA
Apenas 20 minutos después del show de Contragolpe, los porteños de Cadena Perpetua se treparon al escenario y comenzaron una verdadera avalancha de punk: más de 30 canciones apretadas en poco más de una hora y media bastaron para confirmar que son, a esta altura, una de las mejores bandas argentinas del género, más allá del escaso reconocimiento que consiguieron a lo largo de sus 15 años de carrera.
Hernán Valente –guitarra y voz–, Eduardo Graziadei –bajo y coros– y Damián Biscotti –batería– eligieron arrancar el set con “Imperialista”, de su última placa de estudio (Malas Costumbres, 2003), una canción que cada vez que Bush amenaza a algún país del Tercer Mundo gana en vigencia. Y si el arranque, a puro pogo, fue demoledor, lo que vino después estuvo a la altura: al toque pegaron el clásico “Cómo poder”, de su tercer disco (Largas Noches, 2000) y de ahí en más entrelazaron nuevos y viejos himnos punks. “La ignorancia”, una versión aggiornada de “Mundo inmundo”, “Ya no ves el sol” y “Ángel del pasado” fueron algunos de los oldies más festejados entre los aplicados seguidores de Cadena; de los últimos dos discos es innecesario enumerar los temas elegidos: los tocaron a casi todos.
Párrafo aparte para dos de las canciones más celebradas: “Vivirás”, ese sentido homenaje a los pibes muertos en Malvinas, y “Panorama” (que llegó a la hora de los bises), precedida por una breve explicación de Valente que mereció una de las ovaciones de la noche: “Cuando hicimos este tema, pensamos mucho en lo que estaban pasando ustedes”. La alusión era clara: se refería a la inundación de 2003, que también figura en las referencias de otro de los cortes del último disco, “Secretaría de Turismo” (en donde se puede escuchar la siguiente ironía: “Si llueve vas a ver la fiesta de la inundación”).
El final fue a toda orquesta: empalmaron “Si te vas” con la reclamada “Un caso más” y cerraron definitivamente la noche con una furiosa versión de “Dispara”. Así cerraron su tercera presentación en Santa Fe, que –prometieron– no será la última.
El punk arrasador de Cadena Perpetua y Contragolpe había transformado el elegante y moderno boliche en algo un poco más alegre, pero la felicidad, para algunos, no pudo ser total: mientras los músicos aún se despedían de su público, afuera, uno de los pibes que sacaron –con la nariz lastimada– los cada vez más celosos patovicas trataba en vano de explicarle a un policía que todo había sido un malentendido: “Es un recital de punk”, decía entre hipos, todavía agitado por el pogo. “¿O qué te creés? ¿Que vinimos a ver a Bandana?”.
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