GUSTAVO LAMBRUSCHINI: "FUE UNA REVOLUCIÓN EN EL SUJETO"
“Un policía duerme en cada uno de nosotros, es necesario matarlo”.
Entrevistador (E): ¿Qué lectura histórica podría hacer acerca de los hechos de aquel Mayo Francés de 1968? Verdadera revolución o apenas una fecha, ¿qué queda detrás del mito?
Gustavo Lambruschini (GL): El Mayo Francés fue una auténtica revolución ubicada y circunscripta en los niveles simbólicos, que trajo importantes consecuencias políticas.
Tuvo dos grandes logros: por un lado es un movimiento que tiene un inequívoco signo generacional: los jóvenes fueron el sujeto de esa revolución básicamente cultural. En segundo lugar, el programa que planteaban no se circunscribía a las banderas clásicas. Preguntémonos, ¿quiénes fueron los derrotados en esta revolución, a mi juicio “gananciosa”, en el sentido polí-tico del término? Por un lado obligó al gobierno de De Gaulle, es decir, a la derecha francesa, a tener la necesidad de llamar a un nuevo gobierno; el otro gran derrotado, que quedó clara-mente expuesto como un partido conservador en el peor sentido del término, es el Partido Comunista, sin cuya traición los acontecimientos hubiesen tenido otras derivaciones: cientos de miles de trabajadores llegando a París para la constitución de un Frente Obrero Estudiantil.
Sin embargo éste fue un movimiento claramente de izquierda, que situaba en la derecha incluso al Partido Comunista, considerándolo por lo tanto como conservador del orden exis-tente. Su programa incluyó un reclamo por la paz en plena guerra de Vietnam. Esta fue ade-más la época de la revolución sexual, con prolongadas consecuencias que llegan hasta este mismo momento. Fue una revolución que pretendía no sólo hacer explotar las relaciones so-ciales existentes sino también las relaciones sociales introyectadas en una sociedad violenta: una revolución en el sujeto. Para decirlo en los términos del pensador de la época, que fue (Herbert) Marcuse, “emancipaba y liberaba los impulsos eróticos, tanto sociales como en el sujeto”. Esta revolución entonces tuvo un programa más amplio que el tradicional de la iz-quierda clásica encarado por el Partido Comunista.
E: Usted señaló la importancia del aspecto simbólico de la revolución de Mayo de 1968. ¿Qué función cumplió el arte en ese momento?
GL: Quiero marcar que ese aspecto simbólico se traduce al ámbito de lo político provo-cando una catástrofe en los partidos tradicionales. Parte de la novedad de esta revolución es su profunda impronta estética. Ya ahí se veía con claridad por un lado la herencia de un arte de vanguardia que se autocomprende como parte de la revolución social, de la vanguardia políti-ca. El arte de vanguardia aprende de la política de vanguardia y de la moral de vanguardia los pulsos subversivos y emancipatorios de la contracultura.
E: Si nos situamos en la Francia del Mayo del 68 reconocemos como algunas de las causas de este mo-vimiento un aumento marcado y repentino de la matrícula en las universidades, un cuestionamiento de la fun-ción social de la educación, crisis de salario… ¿qué le hace pensar en relación a nuestro contexto?
GL: Aquí, para decirlo de forma clásica, se dan las condiciones objetivas y no las condi-ciones subjetivas. En el Mayo Francés se dieron las dos cosas: una teoría emancipadora que prende en un sujeto auténticamente agraviado. Acá vemos que los estudiantes argentinos to-dos los días están humillados, lacerados por la política del gobierno y sin embargo los conatos de resistencia son minoritarios, aislados y dispersos. Pero esto no quiere decir que no pueda provocarse en algún momento el encuentro entre aquellas dos condiciones. Dependerá de la voluntad de lucha que pueda imprimirle el movimiento estudiantil al conjunto de los estudian-tes. Haría falta una profunda política de ilustración respecto de la situación general de los jó-venes que en esta sociedad no tienen ningún porvenir, como tampoco lo tienen los mayores ni los estudiantes.
Entonces presenciamos una profunda degradación moral e intelectual de la Universidad argentina. Esta degradación de los estudiantes, que no son capaces de luchar por el sosteni-miento de una política de la educación pública, también le corresponde al claustro de profeso-res. Creo que políticamente la Universidad argentina es una Institución profundamente me-nemista, y desde el punto de vista intelectual, de la producción de conocimiento, también está degradada: hoy no constituye tema de debate el sentido político y moral de la producción cien-tífica y técnica. Estoy pensando básicamente en las facultades de ciencias duras. Tampoco es, como en otra época, una discusión en las facultades de humanidades y ciencias sociales la pro-ducción de un conocimiento que pueda transformarse en las armas de la crítica que preceden a la crítica de las armas. Con lo cual la Universidad es un auténtico Aparato del Estado, en el peor sentido. No veo ninguna traza de que eso pueda cambiar a corto plazo.
E: Sartre vio en los estudiantes al sujeto revolucionario en aquel mayo, ¿cuál es hoy ese sujeto, si es que existe?
GL: Yo creo que tal como están dadas las cosas hay dos movimientos que tienen que poder sostenerse: el movimiento de los trabajadores no ocupados, es decir, el sector piquetero. Éste es probablemente el movimiento político más interesante que tiene la Argentina, en el sentido de que tienen una acendrada y muy experimentada voluntad de lucha. Sobre todo transforman a personas que podrían suicidarse, deprimirse, alcoholizarse, degradarse moral-mente reconociéndolos como seres humanos. Allí cada uno tiene su función, su tarea a reali-zar, allí existen relaciones de solidaridad, etc. Una lucha por la dignidad en la que no se nos puede ocultar que por todos los medios la burguesía, de la cual el Estado es sólo su ubicario, trata de doblegarlos, corromperlos, destruirlos, desmoralizarlos, etc.
Por otro lado, hay un movimiento no menos importante pero al cual le veo un futuro un poco más restringido, que es el de las fábricas recuperadas. Es una experiencia de autogestión obrera. Tienen un problema central que es cómo subsistir bajo los términos de la sociedad capitalista. Concretamente: cómo pueden trabajar sin crédito, sin poder acceder al sistema financiero. Por lo tanto esta experiencia sólo podría subsistir si el Estado decidiera francamen-te apoyarla. Pero lo que vemos es justamente todo lo contrario: el Estado como brazo militar del Capital opera para destruirla.
La idea del socialismo entendida como efectivamente debe entenderse, esto es, como la autogestión obrera, como el paso del trabajo heterónomo al trabajo autónomo, es entonces una experiencia adquirida. Los trabajadores discuten democráticamente al interior de las fábri-cas sus estrategias morales, políticas, comerciales, productivas, y se autolegislan en ese sentido. Por supuesto que después de esto uno puede volver a elegir un amo, pero ese sujeto debe en-tender en ese caso que no sólo elige un amo, sino que lo elige por una derrota política y social.
En cuanto al sujeto estudiantil, por ahora lo veo muy debilitado. No veo que exista en los “chicos” -sonríe irónicamente- la voluntad de constitución de un frente obrero estudiantil como en la Francia de 1968. Nosotros hablamos del Mayo Francés, pero es importante señalar que lo que corresponde con esa experiencia en la Argentina son las organizaciones político-militares, es decir, las guerrillas. La revolución aquí tuvo una decisión moral mucho más alta. En el Mayo Francés no hubo un solo recalcado ni un contuso, mientras que en nuestro país las víctimas fueron 30.000. La experiencia revolucionaria tuvo acá rispideces y agudezas que no tuvo en otro lado.
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