Habló el denunciante del cura Brizzio: “No es justo que otros pasen por lo mismo”
En una entrevista periodística, el acusador del ex párroco de Esperanza narró lo que vivió hace 20 años y las razones que lo condujeron a exponer la situación que conmueve a la Iglesia santafesina.
Hace una semana se conocía públicamente el traslado de Axel Arguinchona, padre muy querido por la grey católica, de Santa Fe a la ciudad de Esperanza, como cura párroco de la basílica Natividad de la Santísima Virgen, en lugar de Luis Brizzio. Tan sólo un día después la Iglesia santafesina, en una nota firmada por el vicario Javier González Grenón, admitía que el relevamiento de Brizzio se debía la denuncia de una “conducta indebida”, mantenida hace 20 años.
El escrito también hablaba de estrés y que ese cúmulo de causas obligaba al arzobispo José María Arancedo a tomar la medida que tomó. Hoy, en una entrevista concedida al diario Rosario/12, habla por primera vez la víctima, a quien se le preservan datos de identidad. El hombre relata que los hechos en cuestión ocurrieron hace dos décadas, cuando él tenía entre 16 y 17 años y se había unido a los grupos de Acción Católica de Jóvenes, en la ciudad de Gálvez, coordinados por el párroco Luis Brizzio.
A los 18 años se fue de su ciudad, pero el trauma de lo vivido nunca se borró. Cuenta el denunciante que hace poco tiempo googleo el nombre de Brizzio y vio una foto en la que se lo veía rodeado de adolescentes y temió que lo que él asegura haber vivido, se repitiera. “Sentí cierta responsabilidad y me sentí cómplice por darle la posibilidad de que vuelva a hacer lo que me hizo”, declaró. Esta es la entrevista difundida hoy:
– ¿En ese grupo conociste al padre Luis?
– Lo conocí por participar en esos grupos donde yo ocupaba un cargo de organización. Mi familia asistía a grupos católicos. Parecía que teníamos un vínculo de amistad, cercano. Incluso el cura párroco, Daniel Achkar, era muy allegado a mi familia. Todo comenzó cuando Brizzio me planteó que me veía triste o preocupado, como muchos adolescentes, y usó esa situación para vulnerarme. Fueron al menos tres sucesos de abuso sexual que comenzaron como abrazos en un momento de quiebre emocional mío, y continuaron con roces y manoseos. El primer episodio fue en otro pueblo cerca de Gálvez, donde él celebraba misa. Los otros dos fueron en la parroquia de Gálvez durante los encuentros de Acción Católica. Se me tiraba encima. Me quitaba capacidad de reacción. Aunque eran situaciones de poco tiempo, me daba vergüenza y angustia. El me responsabilizaba cuando yo le preguntaba qué estaba pasando. Me mandaba a confesar por haber cometido un acto impuro. La última vez intentó una penetración, mientras salíamos de una habitación, tras apagar la luz. Fue entonces cuando dejé de asistir.
– ¿Cuándo pudiste contar esto por primera vez?
– Al tiempo de haberme alejado de la Iglesia, ya tenía 18 años, empecé a pensar que ahí había otros chicos, incluso menores que yo, y que no lo podía ocultar. Entonces hablé con Achkar, que estaba a cargo de la parroquia. A él le costó entenderlo, y sentí que me preguntaba si yo tenía algo que ver con esa situación. Me sentí incómodo y me fui. Días después, mis padres organizaron una comida en mi casa con su grupo y el párroco, que me preguntó si yo lo autorizaba a hablar con Brizzio sobre el tema y le dije que sí. A los días me llamó Brizzio para hablar conmigo. Lo esperé en la plaza de enfrente de la parroquia, a la vista de la gente. Ahí me pidió perdón y me dijo que no lo había podido controlar. Sentí que se me reía. Lo decía de manera tan fría. Yo me quería ir y no me quedó un buen sabor de aquella situación. Durante un tiempo no dije nada; pero una noche salí al boliche, tomé y volví descompuesto a mi casa. Creí que no era por el alcohol y desperté a mi papá; me llevó al sanatorio y tenía la presión altísima. No sentía las piernas. La enfermera le dijo a mi padre que algo me pasaba, le dijo `hay algo que este chico no dice’; y cuando ella se retiró le dije a mi papá que Brizzio me tocaba, o se lo di a entender. Sé que él habló después con Achkar, y yo les dije que si el padre Luis no se iba, lo iba a denunciar. Creí que yo tenía derecho a estar tranquilo en mi ciudad, sin tener que cruzármelo e ir a la Iglesia si yo quería. Lo trasladaron a los pocos días. Después Achkar les consiguió una entrevista a mis padres con Storni. Sé, por ellos, que les dijo que yo tenía que saber perdonar y que se ocuparían de que el cura hiciera terapia. Les dijo que “donde sobreabundó el pecado, sobreabunda la gracia de Dios”.
– ¿Cómo siguió tu vida sin concretar esa denuncia?
– No volví al grupo. Me fui a estudiar a otra ciudad al poco tiempo. Ir a Gálvez me daba angustia. Durante mucho tiempo me sentí culpable y responsable. Hice y hago terapia. Nunca supe de otra situación igual, pero tampoco me contacté con nadie del grupo. Cuando me enteré de las denuncias de Storni sentí que seguramente Brizzio seguía impune por la vida, y que todo había sido encubierto.
– ¿Qué te llevó a darlo a conocer ahora?
– En el último tiempo, ya con el Papa Francisco, noté que la Iglesia empezaba a tomar otra actitud en estos temas. Me llegó porque toca una historia mía no resuelta. Sentí una responsabilidad. Cuando estas cosas no se dicen uno pasa a ser cómplice de quien abusa, porque le estás dando la posibilidad de que pueda abusar de otro. Sobre todo, teniendo en cuenta lo que representa un cura y cuántas familias les confían sus hijos. En varias fotos, él aparece rodeado de adolescentes. Me sentí responsable por lo que podía ocurrirle a cualquiera de ellos. Cuando uno encubre está siendo cómplice. Entonces envié un mail al Vaticano contando lo que me pasó, para que se hiciera algo. Fue el 5 de noviembre. No me respondieron los emails y es cierto que no oí de otros casos, pero me pregunté si era justo que alguien corriera el riesgo, habiendo un antecedente. A los pocos días vi una foto de Brizzio que se había encontrado con el Papa. Por esos días me contacté con la Red de Sobrevivientes al Abuso Sexual Eclesiástico en Argentina y con el abogado Carlos Lombardi, de Mendoza, que empezó a asesorarme para manejar la situación. Y el viernes pasado (6 de febrero) me llamaron del Arzobispado de Santa Fe para ir a declarar y me dijeron que había una investigación. Al día siguiente me enteré del apartamiento de Brizzio.
l término de la entrevista, el hombre manifestó que “el daño psíquico y la secuela que dejan estos episodios son importantes. No creo justo que otros pasen por lo mismo, y tampoco que este hombre se retire por un supuesto cuadro de estrés”, dijo. Y agregó: “Me llevó tiempo poder hablarlo, pero creo que era el momento. Es hora de que se haga algo”.
Fuente: UNO Santa Fe
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