HALLAN A HIJA DE DESAPARECIDOS SIN EXTRACCIÓN DE SANGRE PREVIA
Abuelas de Plaza de Mayo encontró a una joven mediante un allanamiento judicial de objetos personales para hacer el estudio de ADN, según relató Estela de Carlotto.
Su identidad no trascendió, pero es la nieta número 83 que las Abuelas de Plaza de Mayo encontraron en su lucha por restituir a sus verdaderas familias a los hijos nacidos durante el cautiverio de sus padres en la última dictadura militar.
Su lugar de nacimiento no fue una clínica o un hospital, sino el centro clandestino de detención La Cacha, en las afueras de La Plata, en 1977.
Su madre la llamó Lucía y es hija de María Elena Corvalán y Mario César Suárez Nelson, aún desaparecidos. Y su caso lleva la particularidad de haber sido el primero en que la Justicia logró determinar la identidad sin utilizar el método de extracción de sangre, muchas veces resistido por los jóvenes apropiados.
Tras 20 años de investigación y de iniciada una causa judicial, la verdad llegó. El juez federal de La Plata Arnaldo Corazza recibió del Banco Nacional de Datos Genéticos el resultado de la pericia de ADN que confirmaba la identidad de la joven.
“El juez determinó un allanamiento en la casa de la chica, de allí tomaron muestras de saliva del cepillo de dientes, de piel a través de la ropa y de cabellos de un peine”, relató Carlotto, presidenta de la agrupación que busca a los hijos de personas desaparecidas.
La investigación se inició para conocer el destino de la niña desaparecida Ana Libertad Baratti De la Cuadra. Pero también había sospechas sobre los nietos de otras dos familias y en este caso se determinó entonces la identidad de otra joven.
“Estamos muy contentas porque finalmente se logró establecer la identidad a través de este otro método”, agregó Carlotto, quien reconoció que para los jóvenes muchas veces es doloroso someterse a la extracción de sangre. Contó, además, que en otras oportunidades ya se había instrumentado este tipo de allanamientos, pero que ésta fue la primera vez que el resultado coincidió con las sospechas que tenía la familia sobre la persona encontrada.
Según un comunicado difundido por Abuelas, la asociación había recibido una denuncia según la cual un “cantante de tango y comerciante” de La Plata, con las iniciales “O A”, tenía una niña apropiada. Ante las sospechas, él y su mujer se fueron a Paraguay pero en 1993, el hombre fue detenido; años después corrió la misma suerte su esposa.
Estos datos coinciden con los del cantante Oscar Alonso, que fue denunciado en 1998 por Abuelas, y luego sobreseído por la Justicia.
El caso más paradigmático sobre la negativa a someterse a la extracción de sangre es el de Evelyn Vázquez Ferrá. La joven, para proteger su derecho a la intimidad y el de su familiar de crianza, se negó a hacerlo y la Corte Suprema de Justicia le dio en octubre de 2003 la razón.
Vázquez Ferrá habría nacido en la Escuela de Mecánica de la Armada de padres que luego fueron asesinados. La niña fue entregada a un marino, Policarpo Vázquez, que junto con su esposa la inscribieron como propia.
La madre de la niña sería Susana Pegoraro, desaparecida en 1977 junto con su padre. La abuela de Evelyn, madre de Pegoraro, presentó una querella.
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