HALLAN EN PARANA UN CENTRO CLANDESTINO DE DETENCION
El secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, reveló el hallazgo de un centro clandestino de la dictadura en las afueras de Paraná, que ya fue reconocido por sobrevivientes y donde vieron por última vez a un desaparecido en Santa Fe en el verano de 1977. El secretario ejecutivo del Archivo Nacional de la Memoria, Carlos Laforgue, formalizó la denuncia ante la Justicia Federal y ofreció “todos los informes y relatos que pudieran guardar relación con el descubrimiento”. Ambos funcionarios recorrieron ayer el lugar junto al vicegobernador de Entre Ríos, Pedro Guillermo Guastavino; el intendente de Paraná, Julio Solanas y víctimas del terrorismo de estado. Dos de ellas, María Luz Pierola y Beatriz Pfeiffer, identificaron los restos de una casa de campo donde estuvieron secuestradas a fines de febrero o principios de marzo de 1977 y vieron por última vez con vida a Emilio Feresín, quien cayó en Santa Fe junto con el primo de su esposa, Guillermo White, el 10 de febrero de 1977. Los dos están desaparecidos. “Este hallazgo no sólo implica recuperar parte de la memoria, sino que es un elemento fundamental para el trabajo de la Justicia en la lucha contra la impunidad”, dijo Duhalde.
Pierola y Pffeiffer cayeron en Concordia a mediados de febrero de 1977 y recién ahora -veintisiete años después‑ pudieron identificar el lugar exacto donde estuvieron secuestradas. Una casa de campo, hoy en ruinas, en un predio arbolado. Por los vestigios pudieron identificar un ambiente grande, otro más pequeño, el baño circular, la galería de ladrillo, un aljibe y un molino de viento muy cercano -en el patio mismo‑ de la vivienda. “Teníamos un recuerdo. Y en el imaginario pensábamos que la casa estaba dentro de los cuarteles del Ejército”, dijo Pierola. Ahora descubrieron que el centro clandestino está a una distancia de los calabozos del Batallón de Comunicaciones que un vehículo puede recorrer en pocos minutos. A cien metros del lugar, había otra construcción con sótano, una característica que se repite en los testimonios de otros sobrevivientes. Pero que también fue demolida.
“Cuando vimos lo que quedaba de la casa no tuvimos dudas. La identificamos por los cimientos, sobre todo por el baño redondo” al final de la galería, relató María Luz. Ella estaba conmovida por la presencia del hijo de Feresín, Juan Emilio Basso, un joven militante de HIJOS en Rosario y periodista de El Eslabón, que ayer pudo recorrer el lugar. Lo acompañaron otros sobrevivientes del centro clandestino: Jorge Taleb, su esposa Oliva Cáceres de Taleb -ambos detenidos en 1976‑ y Jorge Molinelli.
“Nosotras fuimos las últimas en ver a Emilio con vida -recordó Pierola-Era a fines de febrero o principios de marzo de 1977. Nos habían detenido en Concordia. Nos llevaron al cuartel del Ejército donde nos torturaron y después nos trasladan a esta casa. Estuvimos un tiempo y también fuimos torturadas salvajemente igual que Emilio. El estaba muy mal. Lo habían martirizado muchísimo, tenía agujeros en la piel producto de la picana eléctrica y estaba muy abatido porque su mujer había sido detenida en el momento del parto, cuando nació Juan Emilio”.
Pierola y Pfeiffer fueron llevadas nuevamente hasta los calabozos del Ejército y allí perdieron de vista a Feresín. “No sabemos lo que pasó con él, fue la última vez que lo vimos. Entonces, los genocidas tienen que responder qué pasó con Emilio, qué hicieron con él, dónde está”, insistió María Luz. “Desde el primer día reclamamos que la justicia indague a los responsables. Lo que dijo el doctor Duhalde es real: sin justicia, el pasado seguirá presente. No será posible construir el futuro”.
El centro clandestino está ubicado en lo que hoy es propiedad de la Municipalidad de Paraná, a corta distancia del cruce de las calles Lebensohn y Pascual Uva. “Está muy cerca de los cuarteles del Ejército. Y en la época de la dictadura, los militares se apropiaban de estas casas. A cien metros hay otra que tenía sótano”.
‑Una característica que se repite en otros testimonios -recordó Rosario/ 12.
‑Así es. Creemos que pudo haber varios centros clandestinos. Pero toda esta zona estaba copada con los militares. Los vecinos cuentan eso, que veían movimientos de vehículos, bueno, ya es hora de que empiecen a testimoniar ante la Justicia. Que no tengan miedo de decir lo que pasó para poder reconstruir la verdad.
Un día después de la desaparición de Feresín, un grupo de tareas asaltó una casa en calle Castelli al 4300, en Santa Fe, donde sobrevivió una niña de meses que recién pudo reconstruir su historia en 1998. María Carolina Guallane supo entonces que su verdadero nombre era Paula Cortassa y sus padres biológicos: Enrique Cortassa -hoy desaparecido‑ y Blanca Zapata, quien ingresó al hospital José María Cullen con un embarazo a término y un balazo en la frente.
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