HALLAN EN SAN LORENZO MÁS DE 30 RESTOS HUMANOS
Los restos que según se presume corresponden a más de 30 personas enterradas de manera clandestina ya se encontraron en el sector noreste del cementerio municipal de la ciudad de San Lorenzo -hasta días atrás correspondían a 8 cuerpos- justo en el sitio que hace casi dos años atrás fue señalado por dos testigos como aquel en el que los militares habían arrojado bolsas de nylon y cajones de madera, presumiblemente entre mayo y junio de 1976. El juez federal Nº 4 Carlos Vera Barros realizó ayer una inspección, se entrevistó con uno de los peritos de la causa, el antropólogo Juan Nóbile y escuchó los detalles del estado de la investigación. Las excavaciones realizadas permitieron establecer hasta el momento que se trata de fosas individuales -y no de una única fosa común- se presume que clandestinas porque no hay registros de enterramientos en ese sector. Algunas precisiones surgen de fuentes allegadas a la investigación y a testimonios que figuran en el expediente: los enterramientos no corresponden a un único momento temporal sino a distintos y contínuos enterramientos; es posible que hayan sido hechos, tal la denuncia original, en el otoño-invierno de 1976, una época en la que también el Ejército compró 6 cajones económicos -fibra de vidrio e madera- a la empresa de sepelios Caramuto en San Lorenzo, según indicaron fuentes judiciales. Queda aún mucho espacio por excavar en el sector mencionado del cementerio sanlorencino. “Se trata de los restos, en apariencia y por ahora, de un número superior a 30 personas”, dijo Vera Barros, el nuevo juez a cargo del juzgado Nº 4 donde se encuentran radicadas las causas por las mayores violaciones a los derechos humanos cometidos en el ámbito del II Cuerpo de Ejército y también el expediente por el que se investiga la existencia de una fosa común en el cementerio municipal de la ciudad de San Lorenzo.
Vera Barros dijo que todavía se está lejos de la identificación de los restos y que los trabajos demandarán muchos meses. Sin embargo los esfuerzos están orientados a encontrar “la punta del ovillo”, una forma en la que fuentes judiciales se refieren a la posibilidad de dar con la identidad de cada una de las personas que hasta ahora se presume están allí enterradas y que permita tener una mayor aproximación con el momento histórico en que ocurrieron los enterramientos.
Vera Barros estuvo en el cementerio junto a la intendenta de San Lorenzo Mónica de la Quintana y su esposo, el senador provincial Armando Traferri. El juez estuvo ayer por espacio de casi una hora en el vértice noreste del cementerio y se reunió con el perito de la causa, el antropólogo Juan Nóbile, quien trabaja en la investigación junto a la historiadora Gabriela Aguila y al Equipo Argentino de Antropología Forense.
Vera Barros inspeccionó el lugar donde pudo comprobar que en ese sector de la necrópolis se encontraron los restos que concuerdan con aquella denuncia inicial de hace casi dos años -que patrocinó el Equipo Jurídico por los Derechos Humanos- formulada por una mujer y ratificada por su tía de casi 80 años en la que se decía que en ese lugar se habían observado camiones del Ejército descargando cuerpos en bolsas de nylon o en cajones de madera. Otros testigos señalaron luego la presencia militar en distintos momentos.
El sector noreste del cementerio que se extiende a pocos metros de la construcción que corresponde al incinerador -nunca usado porque hasta allí no llega la instalación de gas natural- está protegido de miradas no autorizadas por una especie de cordón con grandes trozos de nylon negro. Detrás se divisan las estructuras de dos carpas, una que cubre la primer etapa de la excavación donde se encontraron los restos de 8 personas, a los que hizo referencia días atrás el secretario de Estado de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde. La otra carpa es utilizada por los oficiales de Gendarmería que deben custodiar el lugar por disposición del juzgado durante las 24 horas.
A partir de la excavación inicial se continuó en los últimos días con dos nuevas hileras en las que se encontraron restos óseos, en cajones y bolsas que corresponderían a más de 25 cuerpos. El trabajo minucioso que dirige Nóbile permitió encontrar no sólo restos humanos, sino también partes de cubiertas de fibra de vidrio de cajones mortuorios y otros elementos, entre esos “basura” de la época.
Hay una precisión: no se trata de una fosa común si por ello se entiende un único sitio al que se arrojaban los restos humanos sino que las excavaciones muestran la existencia de fosas individuales realizadas de manera clandestino, es decir sin ningún registro en los libros del cementerio municipal de ese sector.
De acuerdo a esos registros allí nunca hubo enterramientos y por otra parte tampoco hubo ningún tipo de indicador en ese espacio -cruces, placas o algún otro elemento-. La zona en la que hoy se realizan las excavaciones estuvo siempre con árboles, pastos y hasta basura.
Otro elemento de importancia incorporado a la causa a través de la declaración testimonial de un empleado de la firma Caramuto en San Lorenzo es que el Ejército compró al menos en una oportunidad 6 cajones de los más económicos, madera y tapa de vidrio, según fuentes judiciales.
Por último: los elementos recogidos muestran indicios de que los enterramientos corresponden a 1976.
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