HALLARON LOS CUERPOS QUE FALTABAN Y TODO ES DOLOR EN RÍO TURBIO
La larga desgracia que cayó sobre Río Turbio, este pueblo aislado de mineros carboníferos y silueta fantasmal en un rincón helado de la Patagonia, se va cerrando. Previsiblemente no hubo sobrevivientes entre los mineros que estaban desaparecidos dentro de la montaña desde el último lunes a la noche, cuando comenzó el incendio que todavía sigue. Los muertos son finalmente 14. El gobernador santacruceño, Sergio Acevedo, anunció ayer que ya habían sido localizados por los brigadistas los últimos dos cuerpos. Cuatro de los cadáveres, de todas formas, seguían anoche dentro de la mina en un estado muy avanzado de descomposición.
El sábado estuvo también cargado de imágenes dramáticas. Hubo un gendarme que se desmayó por el olor mientras trasladaba un cuerpo con cinco días de descomposición; hubo un bombero con un ataque de pánico a causa del trabajo de rescate a oscuras, siete kilómetros adentro de la montaña; y hubo personas llorando a los gritos en el hospital, al recibir los cadáveres de los familiares por los cuales rezaban desde el lunes a la noche.
Los brigadistas seguían ayer sacando cadáveres de la mina, en condiciones dramáticas. Los bomberos de la Policía Federal, acostumbrados a trabajar en subsuelos con techos que se les vienen encima, están abrumados por la dureza del trabajo en la mina, con una visibilidad de 50 centímetros, en medio del barro, del humo, del encierro y de temperaturas mayores a 100 grados.
Cinco cuerpos estaban señalizados con sogas desde la noche del viernes, cuando las brigadas los localizaron, pero no alcanzaron a sacarlos porque un bombero se descompuso y hubo que volver atrás. Los brigadistas trabajan con tubos de oxígeno de limitada autonomía, por lo que un retroceso alteraba todo.
Ayer a la mañana ingresaron a las galerías 32 personas, entre mineros, gendarmes y bomberos y después del mediodía consiguieron sacar tres cuerpos. Uno era Jorge Vallejo, un chaqueño que había llegado a Río Turbio como gendarme y que había formado su familia aquí. El lunes a la noche uno de sus hijos estaba trabajando con él dentro de la mina y pudo salvar su vida. Otro era Héctor Rebollo, un cordobés de 53 años, que era tío de un minero muerto en un accidente con la cinta transportadora de carbón el año pasado. Rebollo manejaba el camión que intentó y no pudo salir de la mina cuando se dio la orden de evacuar. Según muchos de sus compañeros, ese tramo que consiguieron avanzar en el vehículo terminó por salvarles la vida. El tercer cadáver que ayer salió de la mina era José Armella, un joven de 25 años de 28 de Noviembre, el pueblo vecino construido por Yacimientos Carboníferos Fiscales en 1959.
Los equipos de rescate que debían llegar desde Estados Unidos ayer al mediodía se demoraron. Por la niebla no pudieron aterrizar en Puerto Natales, la ciudad chilena vecina a Río Turbio y debieron bajar en El Calafa te, que está a casi 300 kilómetros de aquí. Según el intendente Matías Mazú, participarán ahora en la recuperación de la mina: todavía hay que apagar el incendio y reconstruir partes de las galerías que se derrumbaron.
Ayer por la tarde los brigadistas estaban recuperándose del esfuerzo y se preparaban para volver a la mina. Entre ellos está el médico de Gendarmería Enrique Godoy, quien con la cara demacrada por la falta de sueño confirmó a Clarín que algunos mineros murieron por inhalación de monóxido de carbono y otros por los golpes de los derrumbes.
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