HALLARON UN CADÁVER EN EL ARROYO EL COLORADO
Ayer, después del mediodía, encontraron el cuerpo de Maximiliano Vázquez, de 33 años, 500 metros río abajo del puente de hierro sobre el arroyo El Colorado, que había desaparecido de la superficie de las aguas el miércoles 19, después de las 17, tras zambullirse a la altura del parador El Gringo, venta de carnadas.
Vázquez había llegado en compañía de un amigo oriundo de la ciudad de Mar del Plata, y otro de la zona; almorzaron y se quedaron de sobremesa hasta las cinco de la tarde, cuando decidió refrescarse en las aguas del arroyo y no salió a flote.
Desde ese momento comenzaron tareas de rastrillaje que realizaron de manera conjunta; la Prefectura Naval Argentina y los buzos tácticos de la Policía provincial, para ubicar el cuerpo del hombre, pero no lograron encontrarlo.
Ayer, unos vecinos y baqueanos de la zona, observaron después del mediodía, que un cuerpo flotaba 500 metros río abajo de donde se había sumergido Vázquez, hace una semana.
Dieron aviso de inmediato a las autoridades de Prefectura y a la Policía, que lo rescataron de las aguas, y luego convocaron a sus familiares para el correspondiente reconocimiento.
El calvario duró una semana
Sus familiares habían llegado a Santa Fe el jueves de la semana pasada, después que se produjo el accidente, y aguardaban noticias sobre el destino de Maximiliano. Los buzos de las dos fuerzas de seguridad buscaron durante una semana, en las oscuras aguas del arroyo, pero no pudieron ubicar el cuerpo.
En esa zona se realizaron trabajos de apuntalamiento del puente sobre el arroyo, y los pobladores de la zona aseguraron, desde un primer momento, que el cuerpo pudo haber quedado enganchado en los hierros de alguno de los nuevos pilotes de hormigón armado.
Al final se cumplió lo que dijeron desde un principio los baqueanos de la costa; el cuerpo cumplió el ciclo químico de liberación de los gases, y si estaba atrapado, se soltó y flotó.
Vázquez, tenía 33 años, y había decidido llegar con un amigo por la Semana Santa. Decidió nadar en aguas que no conocía, plagada de remansos y de eterna oscuridad.
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