HASTA LA ASOCIACIÓN MÉDICA ADMITE QUE EL PLUS YA SE "INSTITUCIONALIZÓ"
El cobro de plus, o adicional médico, no es ético ni legal, pero todos coinciden en que es una práctica tan “institucionalizada” que los afiliados ya ni siquiera la denuncian. El tema volvió a estar en cartel días atrás, cuando la Defensoría del Pueblo de Santa Fe emitió una resolución por la cual pidió a las autoridades del Instituto Autárquico Provincial de Obra Social (Iapos) que “terminen con estas prácticas” y reclamó la aplicación de sanciones. Pero, en realidad, no sólo los afiliados al Iapos se ven sometidos al pago de adicionales, sino que gran cantidad de adherentes a obras sociales se encuentran con esta práctica cada vez que se atienden, ya sea en consultas o en cirugías. A la hora de explicar las causas que provocan el cobro de plus, en la Asociación Médica de Rosario apuntan “al aumento de los costos” que enfrentan tanto los profesionales como los centros de salud.
Para explicar la situación, el secretario general de la Asociación Médica de Rosario, Dardo Dorato, apuntó “fundamentalmente al aumento de los costos que se dieron en los últimos años” y al “desfinanciamiento que atraviesa el sistema de seguridad social”. Por eso, definió al plus como una “estrategia de supervivencia que muchos profesionales utilizan para recomponer los costos” que no pueden afrontar.
“El sector de la salud de la seguridad social, que es donde están las obras sociales, abarcó durante la década del 80 al 75 por ciento de la población, mientras que hoy le da cobertura a poco más del 50 por ciento, producto de la desocupación y de la precarización laboral”, recordó. Como conclusión, indicó el dirigente médico, “el sistema se desfinanció”. Y aunque desde la crisis de 2001 “se viene dando un hay un repunte en muchos sectores de la economía, eso todavía no llegó a la seguridad social”, sostuvo Dorato.
Es más, el titular de la asociación no sólo reconoció que el pago de plus “es una práctica que se ha naturalizado”, sino que lo atribuyó al “aumento de los costos que deben enfrentar y que se escaparon mucho más arriba de lo que aumentaron los aranceles a los prestadores”.
Aun así, reconoció que con el pago de adicionales “siempre el hilo se corta por lo más fino, que es el beneficiario”. Dorato hizo hincapié en que cuando las obras sociales pagaban bien el plus no existía. “Apareció en los últimos 20 años”, dijo, para recordar que las obras sociales que mejor abonan una consulta lo hacen por un valor de 18 pesos, “cuando ninguna debería pagar por abajo de los 20”.
Pero otra de las causas para explicar la institucionalización del cobro de plus es que los aranceles que las obras sociales pagan a los médicos no siempre llegan a los profesionales y se pierden entre los laberintos de las finanzas de sanatorios y centros de salud.
“Las instituciones constantemente echan mano a los honorarios de los médicos y lo utilizan como un financiamiento fácil —continuó Dorato—. Entonces, en lugar de dar su dinero al médico, lo usan para otros gastos y hay profesionales a quienes les deben honorarios por más de un año y medio de trabajo”.
Lo cierto es que si bien los afiliados del Iapos son los que más ruido hacen a la hora de denunciar el cobro de plus, el secretario general de la asociación aseguró que “no son los únicos que enfrentan esta práctica” e indicó que “hay hasta adheridos a servicios de salud prepagos que deben pagar adicionales”.
Ejemplos no faltan, tanto en obras sociales sindicales como en prepagas. E incluso más de un jubilado afiliado al Pami ha tenido que enfrentar este tipo de situaciones.
“Lo anormal es no pagar plus”, dice una afiliada a una obra social sindical, antes de enumerar: “La ginecóloga, el dermatólogo y el cardiólogo me cobran un adicional sobre la orden”.
Y así como los maestros provinciales enfrentan esta problemática en el Iapos, los universitarios tampoco se salvan. “Cuando vas al médico, además de la orden tenés que pagar un plus por la consulta”, contó una docente de la Facultad de Humanidades y Artes.
Ni siquiera se quedan afuera algunos abuelos del Pami. Desde la Mesa Coordinadora de Jubilados y Pensionados de Rosario, Enrique Gigena aseguró que “los afiliados de Capitán Bermúdez, que dependen de la Delegación IX de la obra social, tienen ese problema todos los días”.
Armando, uno de los afiliados damnificados de esa localidad, afirmó que por consulta se “cobra de 5 a 10 pesos”. Y agregó que él jamás lo pagó ni pagará. “Pero que muchos médicos de cabecera lo cobran, lo cobran”, afirmó. El jubilado dijo comprender que “muchas personas lo acepten por temor o por confianza a su médico”, algo que en Capitán Bermúdez, aseguró, es “moneda corriente”.
Así, mientras los montos del plus en las consultas oscilan entre 15 y 20 pesos, de acuerdo al médico, otras son las cifras si se trata de cirugías. En el Sanatorio de Niños una mamá aseguró haber pagado cien pesos por la intervención de una fimosis. “Me cobraron ese dinero y se negaron tajantemente a darme una factura”, contó la joven.
En rigor, en los casos de cirugía hay pacientes que llegaron a pagar más de mil pesos, siempre sin obtener recibo.
Un capítulo aparte son los partos. Es que, de acuerdo al prestigio del profesional, se miden los “honorarios”, que van de 300 a 500 pesos y de 700 a 1.200 si se trata de mellizos.
En esa especialidad, los adheridos a servicios de medicina prepaga tampoco zafan. Julia paga “puntualmente” el servicio, pero cuando cursaba su sexto mes de embarazo su obstetra le advirtió que sus “honorarios” serían de de 400 pesos. Como se negó a pagarlos, tuvo que cambiar de profesional.
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