HAY 117 CHICOS EN LA CAPITAL QUE ESPERAN SER ADOPTADOS
Mariana anda en bicicleta por la plaza, se desliza por el tobogán cuando regresa del jardín y, a los cuatro años, es la reina de la casa con su dormitorio propio. Es feliz, aunque tiene una grave enfermedad cardíaca congénita. Además, sus padres biológicos no pudieron hacerse cargo de ella desde los seis meses de vida, por lo que vive en un hogar con una familia transitoria mientras espera que otros padres quieran adoptarla. Ella es uno de los 117 chicos enfermos o en grupos de hermanos que en la Capital Federal buscan una familia que los acoja definitivamente.
Por eso el Consejo del Niño, Adolescencia y Familia está pidiendo que los matrimonios interesados en adoptar a alguno de ellos, que están institucionalizados desde hace más de tres años, se presenten en su sede de Perón 524, primer piso, o se comuniquen con el Departamento de Adopciones al teléfono 4338-5820, internos 818/819. Hay varios motivos que hacen más difícil conseguirles familia: sus enfermedades, la necesidad de que los hermanos no sean separados o debido a su edad.
Mariana ya fue operada del corazón y tiene programada una segunda intervención. Elda, su mamá transitoria, la cuida desde hace tres años y medio, cuando la retiró del Consejo Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia. Realiza controles cardiológicos trimestrales y toma medicación, pero eso no le impide hacer una vida activa. En el colegio le va muy bien y en su casa está madurando. Es un poco corta de palabras y tímida, pero entrañable. “Es pegota como toda enana”, la describe Elda.
Con sus cabellos rubios y ojos marrones, compra a todos con el cariño que desparrama desde su sonrisa cachetona.
Actualmente vive con Elda y el esposo de ésta, pero para ella, sus padres sustitutos son el nono y la nona. “Está reclamando una familia”, afirma Elda. “Yo la amo, pero quiere un papá y una mamá y yo ya estoy en edad de ser abuela”, señala.
“Todo niño merece una familia. Mariana ya sufrió bastante el abandono y la enfermedad. Su sufrimiento es doble y ahora está a la expectativa de tener un papá y una mamá. Ve una mariposa y pregunta dónde está la mamá y el papá. Es eso lo que busca”, se emociona Elda.
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“Si hablamos de la protección de los derechos del niño, estos chicos tienen derecho a tener una familia. El Estado sólo puede ocuparse de estos chicos en institutos o mediante familias de crianza, pero necesitamos que haya familias interesadas en adoptarlos. Nosotros vamos a hacer un acompañamiento durante todo el proceso para que las familias puedan hacerse cargo ellas definitivamente de los chicos”, sostuvo Beatriz Orlowski, titular del Consejo del Niño, Adolescencia y Familia.
Actualmente hay en esta situación 17 chicos con HIV, 42 que conforman diversos grupos de hermanos de entre 3 y 5 chicos de 14 a 3 años; hay otros 4 chicos que forman grupos de hermanos de 6 a 2 años; hay 26 más pequeños con hermanos de hasta 8 años, con problemas de salud importantes, y 28 niños y hermanos desde 9 años con problemas de salud, según informó a LA NACION la directora de Tratamiento Familiar, Norma Garbarini. Además, hay 14 chicos sanos de entre 3 y 14 años.
No obstante, aclara que todo el proceso de adopción lleva su tiempo y que el juicio puede demorar hasta dos años. El niño está bajo la tutela de un juez civil, que define su adoptabilidad, mientras viven con estas familias transitorias. Cuando le hallan una familia propia, el niño es entregado en guarda y, a los dos años aproximadamente, se completa el trámite de adopción. En ese período hay un seguimiento de su situación.
“Como Estado tenemos que buscar familia a los chicos y no chicos a una familia”, destaca Enrique Rojas, asistente de la Dirección de Tratamiento Familiar.
María, de tres años, y Belén, de dos, son hermanitas que estaban en esta situación. La menor tiene una enfermedad cardíaca y luego de que su caso se conoció por los medios, en agosto último, se presentaron 700 familias para adoptarlas. Finalmente, la semana pasada, una de las parejas fue seleccionada y hoy las niñas viven con sus nuevos padres.
Algunos de los chicos que esperan ser adoptados están desde hace tres años en esta situación y los casos más complicados son aquellos en los que los pequeños tienen antecedentes familiares psiquiátricos o de HIV o son portadores de la enfermedad.
“Hay mucho temor por desconocimiento. Hoy muchos tienen una vida normal, son sanos en sus capacidades que se desarrollan en la escuela. Hoy es como tener una enfermedad crónica controlada con medicación”, explica Silvia Naveyra de Sintes, jefa del área de las familias transitorias.
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Camila, con un año y seis meses de vida, es portadora de HIV. Se lo trasmitió su madre, junto con la sífilis, y se desvinculó de ella a poco de nacer. Hoy vive con Norma y está bajo un programa de control del hospital Garrahan que pretende convertir este mal en algo crónico, como el asma, que tiene brotes en determinadas épocas, pero no es una enfermedad terminal. Cuando ingresó tenía 160.000 cepas del virus en un centímetro cúbico de sangre y ahora tiene sólo 160, gracias al cóctel de remedios que toma dos veces al día. “En el próximo control, seguro que no se va a registrar ninguno”, se entusiasma su mamá transitoria.
Camila es bonita, chiquita, con dedos largos y ágiles. No tiene problemas para comer, sentarse o tragar y empezó a caminar agarrándose de las paredes. Lo hace con dificultad porque descansa más en una pierna que en la otra, pero eso no le impide deambular por toda la casa y bailar, que es lo que más le gusta. “Ama la salsa. Le pongo música de Celia Cruz y le encanta”, cuenta Norma.
Su enfermedad implica que tiene las defensas bajas, por eso cuando vaya al colegio hay que tener cuidado de no enviarla cuando haya alguna enfermedad entre sus compañeros, explica la señora.
“A lo mejor un chico con otra patología da más trabajo que este niño. Sólo hay que tomar las precauciones necesarias”, explica Norma.
Señala que en el futuro, cuando crezca y decida tener familia, si está medicada, su hijo va a ser HIV negativo. “No se va a morir por esto”, dice con crudeza.
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LA NACION preguntó a Silvia Naveyra de Sintes:
-¿Cuál es la razón por la cual se presentan matrimonios para adoptar a estos chicos?
-Por una cuestión de fe, para solucionar algún problema personal o simplemente por amor, porque es gratificante que estos niños desarrollen al máximo sus capacidades. Estar en una situación familiar les va a permitir su desarrollo y eso es una satisfacción. También puede haber alguna cuestión religiosa, de enfrentar un desafío.
Tras la crisis de 2001 la situación se complicó en el Consejo, empezaron a llegar más casos de hermanos todos juntos. “Antes, la madre podía decir que no podía criar a uno de ellos. Pero ahora se ven casos de todos los hermanitos”, explica Garbarini.
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Pedro, de 6 años; María, de 5; Tatiana, de 4, y Marianela, de 2 años, juegan en una plaza del sudoeste del conurbano. Los mayores vivieron todos juntos en un hogar de tránsito desde los tres años. Hasta que hace seis meses pidieron que su hermanita más pequeña se mudara con ellos. Ahora son inseparables.
Sus padres no pudieron criarlos por sus padecimientos asociados con el consumo de las drogas y el alcohol.
Están al cuidado de Graciela, aunque el mayor se hace cargo de todos y, bajo su guía, juegan. Generalmente, a juegos tranquilos. Están sanos y muy ligados entre sí por lazos de amor fraternal.
Los chicos saben que esperan a una familia de verdad. “Lo viven con mucha ansiedad. De esta misma casa se van bebes en adopción y ellos ven esas partidas y se preguntan cuándo un papá y una mamá los van a venir a buscar”, concluyó Graciela.
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