HAY 4.000 CAMIONES VARADOS EN LA CORDILLERA DE LOS ANDES
Mientras buscamos la nieve, cuyas barreras mantienen varados a unos 4 mil camiones en ambos lados de la frontera, un sol radiante sorprende en Uspallata. El apacible mediodía se convierte en una fiesta para los choferes que salen de sus vehículos para cocinar a la intemperie.
La mayoría lleva una semana viviendo en condiciones difíciles por falta de baños y soportando temperaturas bajo cero. Matan el tiempo jugando a las cartas, caminando cuando el frío lo permite o se entretienen escuchando radio en el encierro obligado de sus cabinas.
En el tramo argentino de 220 kilómetros hasta la frontera con Chile, se abren dos mundos en apenas tres horas de marcha desde la capital mendocina: la tibieza del sol otoñal hasta Polvaredas y las rachas de viento que hielan la sangre y levantan la nieve como si fuera polvo, a partir de Punta de Vacas.
La situación complica a todos. Los camioneros son los más afectados porque pierden dinero, hay pocos baños —o ninguno, depende de la zona— y se quejan de que compran caros los alimentos. Hay 3 mil camiones sobre la ruta argentina y otros mil en el sector chileno.
“Calentamos la cabina durante la noche y pasamos el día buscando leña”, nos dice el paraguayo Oscar Villalba (46), quien transporta 25 mil kilos de carne vacuna. Y agrega, encogiendo los hombros: “Nuestro baño, como el de todos aquí, es esta inmensa montaña que ve”.
Villalba ha estacionado su camión térmico en Potrerillos, a 65 kilómetros de Mendoza. Es uno de los casi mil conductores parados en fila de 10 kilómetros. “Lo mantengo en marcha las 24 horas”, dice.
El olor a fritura es penetrante. A 50 metros, Fernando Castro (uruguayo, 47), prepara 2 kilos de milanesas en un calentador a gas que ha colocado en un cubo de cartón, para proteger la llama del viento. Lleva cerámica. “Hago las milanesas para dos días”, y suelta una carcajada.
En Uspallata, el valle está luminoso. Sus seis enormes playas de estacionamiento están abarrotadas de camiones. Gendarmería calcula 2 mil. Estamos a 125 kilómetros de Mendoza y el brasileño Airton Vettorello (45) nos recibe sonriente y resignado junto a su esposa María Gleide (33) y su hija, Bianca (5).
“Mire, nuestra empresa tiene 20 camiones varados, pero vivimos con confort: buena calefacción, camas matrimoniales y antena satelital para mirar tele”, señala. María sonríe mucho. Desde hace 7 años viaja en familia en el trayecto entre la ciudad de Mato Grosso y Santiago de Chile. “Estamos acostumbrados, pero nos gustaría que nos cobren más barato los alimentos”, se queja. Cocinan verduras, guisos, porotos y bastante carne. Ahora mismo preparan un asado bien argentino, aprovechando el día soleado. “Nos cobraron $ 50 los cuatro kilos de vacío”, denuncia.
Aunque bien preparados para afrontar el mal tiempo, la mayoría de las veces el frío no los deja compartir las cenas en grupos y, a veces, tampoco los mediodías. Todos se meten en los camiones antes de las 17 y se asoman a la mañana siguiente, nunca antes de las 10.
Algunos viven con más incomodidad que otros. Los brasileños Edson Trindade (44), Luis Mollar (52), Ronaldo Pires (33), Jaime Fonseca (44) y Silvio Morobo (42), forman coro y dicen: “Tenemos que gastar gasoil para mantener la calefacción y los patrones nos cobran ese gasto y muchas unidades no tienen camas”, sostienen.
No hay nadie que no advierta sobre la falta de infraestructura caminera, la carencia de baños químicos, la larga espera que se repite todos los años. Donde hay sanitarios, les cobran 2 pesos por usarlos. Las duchas son más caras: 2,50 pesos.
“Los argentinos Dante Cavagnaro (64) y Roberto Figueroa —llevan cargas de levadura y aerosoles— arremeten contra el Sindicato de Camioneros: “No nos han venido a ver siquiera para preguntarnos cómo estamos”, dicen entre lamentos por los viáticos insuficientes que, en medio de la montaña, los angustia tanto como la incertidumbre y el intenso frío.
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