Hay mujeres
Es bien difícil encontrar Pueblo Illia, en las picadas camino de la selva misionera, 18 kilómetros más allá del asfalto de la Ruta 14, varios olvidos más acá del municipio de 2 de Mayo. Tanto es difícil que no hay mapa que señale Pueblo Illia ni político que se le acerque ni pobreza que se le aleje.
En Pueblo Illia vive Ivonne Pierron desde 1987 y por Ivonne Pierron vive Pueblo Illia.
Ivonne Pierron es un cuerpito menudo que no se sabe donde guarda tanta lucha. Llegó a la Argentina que mandaban Rojas y Aramburu en el ’55 pero ya había sorteado la furia hitleriana y no se inmutó.
Ivonne Pierron tiene muchas canas pero más ganas de cambiarlo todo. Mide unos pocos centímetros que no le impiden dar unas cuantas peleas y mira tan bien que no necesita hablar. Pero habla. La hermana Ivonne Pierron habla y dice que si la Iglesia Argentina hubiera tenido el rol que le correspondía en nuestro país no hubiera habido desaparecidos.
Ivonne Pierron eligió acompañar los días pobres de Pueblo Illia y guiar a los chicos de las colonias aledañas para el lado de la dignidad. Es una buena manera de seguir la estrella de Alice Dumond y Leonie Duquet, las monjitas francesas que vinieron con ella a la Argentina pero se hicieron mártires por culpa de las balas de Massera y Astiz.
Parece que Ivonne Pierron está a cargo de un albergue de chicos y de una escuela que hace poco lleva su nombre, pero no es cierto. Los moradores del lugar saben bien que es madre, enfermera, amiga, consejera, celestina y -lo más importante- testaruda peleadora, infatigable.
Ivonne Pierron duerme con los chicos del albergue en cuchetas, orina en una letrina, enseña a rezar pero más a pensar y da cátedras de derechos humanos donde los derechos humanos no llegan porque el gobierno los desvía del camino.
Ivonne Pierron se ligó las convicciones en la resistencia de la Segunda Guerra Mundial, un cáncer de piel cuando fue a Nicaragua a participar de la reconstrucción sandinista y el respeto de todos los que la vieron en la porfía cuando la dictadura la devolvió a Francia en el 76.
Ivonne Pierron tiene en una pared la foto del Che que le regalaron alumnos contagiados, en otra la de Atahualpa Yupanqui y la de la Madre Teresa. En su billetera que siempre está vacía de ayudar guarda la de Alice Dumond, la otra monjita a la que ella tantas veces le dijo que Astiz le daba mala entraña.
Hace cuatro años le quemaron la escuela porque a nadie le gusta que Ivonne Pierron reclame pero ella reclamó el doble y hoy los incendiarios salieron espantados porque la monjita de los pobres ya consiguió que le hagan un albergue y una escuela nuevos que en poco tiempo se van a inaugurar.
Ivonne Pierron ama a Cristo, conoce a Fidel Castro, convivió con Ernesto Cardenal, se cruzó con Videla, nació el mismo año que el Che, levantó la bandera de Sandino, pero eligió vivir y morir junto a Pueblo Illia, que algún deberá llamarse Pueblo Ivonne.
La monjita francesa, la madre del pueblito que se parece a una postal quieta, la que sabe que la lucha es la vida, la que dice que se va a morir realizada sin saber que la gente así no se muere, ha sido recompensada por un documental que narra su obra. El día que lo presentaron se movilizaron mil colonos para ver la pantalla gigante que colocaron en la plaza y fue la primera vez que el cine llegó a Pueblo Illia, donde ahora esperan que lleguen otras cosas.
Ivonne Pierron le dijo una vez a un intendente de morondanga de la zona que osó desearle la muerte que “si sobreviví a Hilter, a Somoza y a Videla, no me va a venir a matar un tal Coqui”.
Es bien difícil encontrar Pueblo Illia, tanto como olvidar a la monjita de la dignidad. Es que, con dos como Ivonne Pierron uno se animaría a tomar por asalto la Casa Blanca para patearle el culo a Bush y sus sicarios o a tomar del cuello al hambre de todos los pibes pobres de Misiones o a creer que un día ganaremos nosotros. Pero sólo hay una.
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