“HAY QUE PROPONER ALTERNATIVAS”
Pablo Rodríguez Jáuregui nació en la ciudad de Santa Fe en el año 1966. A los 18 años se radicó en Rosario para hacer lo que más quería, cine de animación. Fue aprendiz de Luis Bras, pionero en esta actividad. Estudió fotografía, cine, dibujo y pintura. Desde entonces realiza animaciones valiéndose de las tecnologías que fueron marcando las distintas etapas en la historia de este género. Realizó innumerables trabajos: cortometrajes, video clips, y hasta un largometraje. Colabora para el programa de Caloi y obtuvo varios premios en los distintos festivales en los que se participó. El viernes estuvo en nuestra ciudad acompañado por Horacio Ríos, director del Festival de Cine de Rosario, para presentar un trabajo de un valor histórico sin precedentes. Ésta es la larga charla que mantuvimos con él.
¿Qué viniste a presentar al Certamen de Cine de Santa Fe?
Vine a presentar el DVD “40 años de animación en Rosario”, que recopila la historia de la animación en esa ciudad. Es una recopilación que reúne 100 cortos realizados entre 1965 y 2005. Y también es como un balance de las distintas etapas de los realizadores, que a lo largo de estos últimos 15 años se fueron haciendo distintos grupos, se armaron, se desarmaron y se combinaron de distintas maneras. Era una cuenta pendiente, porque lo que existía como registro era, por ejemplo, “fulano de tal ganó un premio en Italia” o “mengano vendió tal serie a la tele”, y si alguien quería hacer una investigación o un trabajo de campo lo que encontraba en los archivos eran logros personales aislados y eso no te da un panorama real de lo que existe.
¿Para qué te sirvió hacer este trabajo?
Una de las conclusiones positivas que saco de este trabajo es que podemos ver un crecimiento en las producciones de animación. Que varias se apoyan en las anteriores y que ves a toda una tanda nueva de pibes que creció desde lo artístico. Desde el punto de vista personal, a partir de que nos dieron luz verde con la plata, me sirvió, por un lado, para aprender a manejar el programa de creación de los menús, aprender a digitalizar los diferentes formatos en los que teníamos los trabajos originales (Super8, U-Mátic, VHS, miniDV, etc.) y comprimirlos para que entraran 3 horas y media en cada DVD (porque en realidad son dos). Las 200 copias que están circulando las tiré yo, así que fue una experiencia piloto para saber bien cuántos días y cuántas tiradas necesitamos. Y por otro lado también nos sirve porque ahora tenemos una especie de editora transversal de material independiente, y es muy probable que volvamos a editar algo que quizás pueda ser de otro género como el documental. Éste es el balance positivo de un proyecto que podría haber quedado en la nada, porque era muy caro mandarlo a hacer a Buenos Aires, o porque teníamos el problema de saber si los realizadores nos iban a dar el derecho a publicarlos, o lo que fuere. El balance positivo es que se ejecutó y está circulando por un montón de lugares como Jujuy, Salta, Córdoba, Comodoro, y se autoriza expresamente piratearlo (risas).
Cuando presentaste el DVD dijiste que para ser realizador de animación tenés que tener primero la vida resuelta desde el punto de vista económico, ¿por qué lo decís?
Se da un caso muy particular en el grupo de dibujantes que estamos trabajando en Rosario desde hace 15 años, y que somos siempre los mismos. Cada uno fue resolviendo su sustento de distintas maneras. Desde ese entonces que nos plantamos con la certeza de que no íbamos a hacer otra cosa que no fuera dibujos o dibujos animados. Entonces algunos lo resolvieron para el lado de la ilustración, y después del 3 a 1 están trabajando para afuera, para clientes que pagan en dólares o en euros. Otros tienen 3 o 4 trabajos encimados y con eso hacen un sueldo. En principio, lo que genera esto es que cuando sale un proyecto colectivo para hacer una película entre varios, está claro que si no lo conseguimos vender, el proyecto es interesante igual, porque básicamente se trata de encarar un trabajo entre amigos. Además cada uno tiene una especialidad, por ejemplo uno maneja 3D, otro maneja posproducción, y nos vamos enseñando cosas. Yo aparte de hacer mi laburo les ofrezco una especie de supervisión a todos, les ofrezco mi estudio, les presto los equipos y es como que lentamente voy intentando que cada uno se autogestione su corto. Por ejemplo, en vez de escanearle los dibujos yo, les enseño cómo tienen que hacerlo, cómo tienen que vectorizar y pintar.
¿Cómo influyen las nuevas tecnologías en las posibilidades de creación y exhibición de producciones independientes?
Creo que hay un desfasaje en la idea que tiene la gestión cultural estatal, tanto nacional provincial o municipal, de lo que hace falta para que la producción audiovisual tenga realmente una acción y se articule con el resto de la sociedad. Tiene dejar de ser algo que se piense únicamente con las categorías del consumo. Me parece que si uno piensa que el video independiente tiene que ser consumido en una sala de cine, con la luz apagada, con un boletero, con sonido dolby, con la chica que te vende el pop corn, etc., estamos haciendo una mala lectura y nos vamos a los caños. Pero esto se pudrió en los últimos 6 o 7 años, con el tema de la “carterización”, que ahora está de moda, donde todas las salas son del mismo dueño, y si viene Harry Potter 4 en todas las salas pasan esta película y le pasan por encima a todo. Funcionan con una especie de comportamiento mafioso. Lo que está pasando con las cadenas de cine es el equivalente visual de la política exterior de EEUU. Y por más que aquí se intente tener una política audiovisual te pasan por encima, porque son los dueños de todo y me parece ridículo intentar correrlos con las mismas categorías. Es mucho más sencillo pensar en la creación desde otro circuito, más flexible y más liviano.
¿Y estar al margen de la industria cómo condiciona a los artistas?
Es una decisión de cada tipo. Acá en este DVD hay 25 dibujantes y todos pensamos distintos. Yo creo que no hay muchas opciones, por ejemplo si me preguntas cuál es el paso lógico después de obtener un premio o de que te pasen un laburo por la MTV, me parece que no son muchas las opciones. O tendés a integrarte y a haces los arreglos necesarios para pertenecer a un canal de televisión o a una estructura de producción, o la otra opción es decir: tengo un proyector y puedo capturar la atención de una determinada cantidad de personas, 100 o 200 tipos, proyectando en una plaza en una noche de verano, o donde se te ocurra. Entonces el punto es hasta dónde uno puede dejar de ser ambiguo con respecto a para qué esta trabajando. Si vos estás trabajando para “chapear”, para juntar créditos, prestigio y reconocimiento, y tener un currículum groso para después irte a Europa o aspirar a subsidios más grandes es una cosa. Pero si vos ves que tu sobrinito o tu vecinito están todo el día mirando Cartoon Network, que no está mal, porque somos todos dibujantes, aunque sean laburos comerciales los hacen artistas, pero no hay contraoferta y lo único que te queda acá es consumir. No creas que estás eligiendo si decís “ah, yo soy de Pepsi porque soy alternativo, y Coca no tomo”, o “ah, yo miro Pixar porque tiene más onda que Disney”. En conclusión creo que las opciones deberían ser de un rango mucho más amplio.
¿Cómo se puede contrarrestar la hegemonía audiovisual que existe?
Lo que hay que comenzar a hacer es ir, como hicimos nosotros, y proponer cosas. Al Secretario de Cultura de la Provincia o al de la Municipalidad, o al Director del Instituto de Cine, o a quien quieras. Esta gente no tienen por qué saber lo que necesitas si no se lo decís. Si por ejemplo querés proyectar películas no necesitas mucha guita, y si alguien te apoya la decisión de las películas que pases va a ser tuya, y ahí tenés la posibilidad de ofrecer alternativas. Pero hay que proponer. Además el panorama está cambiando todo el tiempo. Por ejemplo, para hacer esta edición compramos tres grabadoras de DVD que hace unos años eran carísimas y hoy cuestan 50 dólares. Con una grabadora de DVD, con una impresora, un escáner y un proyector de video, que sale unos 800 dólares, podés hacer un desastre. Podés usar el e-mail, internet, etc., y hacer una movilización social y cultural muy grande. Pero siempre tenés que tener bien en claro para quién estás laburando.
Es una construcción colectiva…
Hay una posibilidad cierta de que tu laburo se encastre con el laburo de otros tipos, en todos los soportes posibles, desde la pintura, la literatura, el cine de acción real, o lo que fuera, que están sumándose a lo largo de los años a la construcción de una identidad o de un imaginario colectivo. Es algo que se ve por ejemplo en tipos como Berni, que por más que haya pintado desde París ves a Rosario en sus pinturas, ves la época, la situación social, etc. Está esa capacidad y posibilidad, o bien vos podés ser un pelotudo y dibujar un manga en Rosario, es decir, hacer algo neutro que da lo mismo que lo hagas en cualquier lado. O también podés dibujar el poste del trolebús que pasa por tu esquina. Y ahí está la posibilidad cierta de que lo que vos haces se sume y se articule con lo que está haciendo el resto de la gente.
¿Qué te inspira para crear?
En los últimos 5 o 6 años los puntos de partida de mis laburos tienen que ver con asociarme con gente que a mí me despierta admiración o respeto y hacer trabajos con ellos. Generalmente trabajo con músicos porque me puedo apoyar o descansar al saber que, de por sí, ya es buena la banda de sonido. Armé varios video clips para bandas, entonces les estoy dando un material para que muestren en la tele o lo que quieran hacer, y yo tengo un piso como para arrancar desde ahí para arriba. Muchos trabajos los hice con Fernando Kabusaki y también laburé con músicos como Samalea, Bausaky, Gabriela Epumer en su momento. Ahora estoy haciendo unos trabajos con unas grabaciones de Leo Maslíah que están inéditas. Son unos micros de radio que hizo en Montevideo. Y esto fue algo buscado por mí, porque la última vez que estuve en el Festival de Cine de Montevideo rastreé el teléfono de Maslíah y le fui a golpear la puerta de su casa. Le dejé copias de mis laburos y esperé a ver qué pasaba. Después cuando el tipo fue a Rosario me llamó y fue a mi casa para hablar. Le dije que lo seguía desde hace años y que el único interés era mezclar para ver qué pasaba. El trabajo que ya hice con Leo se llama “La Verdadera Historia de los Dinosaurios” que es del año pasado. También es un micro de radio de dos minutos. Ahora estoy haciendo uno que se llama “Tiruriru” y que es una pista que me tiró él. Leo me había dicho que la onda de hacer video clips de sus canciones no le parecía que fuera a salir bien, porque cuando han querido ilustrar canciones suyas salió mal. Por eso tiene pocos videos, porque quedan redundantes, repetían lo que ya estaba en la banda de audio, y justamente Maslíah, que tiene un grado de complejidad y de sutileza terrible, es un compromiso muy grande no desafinar con él. Yo opté por ir a una cosa más sencilla y con muy pocas pretensiones para hacer una especie de contrapunto. El tipo juega con elementos que son específicos del audio, como el de los dinosaurios, que juega con la métrica. Por un lado me agarré de ese formato y por otro busqué formas equivalentes en imágenes a las que él usa en ese juego de músicas. Al ponerlas juntas quedaron bien y al tipo le gustó.
¿Cómo te iniciaste en el mundo animado?
A partir de los cinco años mis viejos me llevaban acá en Santa Fe al cine Chaplin que funcionaba el Cine Club Infantil. Recuerdo que se proyectaban materiales de las cinematecas de Canadá, de los checos y de los franceses. También recuerdo que en el Liceo Municipal había una serie de talleres que tenían plástica, música, expresión corporal, y con mi hermano fuimos varios años ahí, en la década del 70. Después, en la época del secundario fui a un taller de un señor que se llamaba Alberto Trossero, que daba radio, televisión y cine. También hice con Julio Toledo, un ex alumno del Instituto de Cine de Santa Fe, un taller que hacía en su casa sobre guión cinematográfico. Además hacía unos experimentos en Súper 8, cuadro a cuadro, pero muy intuitivos. El primer trabajo que recuerdo fue cuando tenía 14 años, y que se llamaba “El Asesinato de Lennon”. A Rosario me fui a vivir cuando terminé la secundaria, en el 84, y llevé todos esos trabajos y rollitos que había hecho. Cuando los mostré en la Escuela de Cine me dijeron “no pibe, mira, esto es una escuela de documentalistas, bla, bla,” y sentí una gran frustración. En la carrera de cine no había animación, entonces Mario Piazza me llevó al taller de Luis Bras, que era un tipo autodidacta que daba clases particulares. Con otros chicos como Eteban Tolj, Mariana Wenger y un montón de gente más, pasamos por el taller de Bras y algunos se dedicaron después a la animación y otros tantos no. Hasta un año después de que caí al taller de Bras me había dado cuenta de que en la Escuela no iba a poder hacer lo que me gustaba.
¿Qué opinas de los festivales de cine?
Me parece que por un lado son, hasta que no se organice la cosa de otra manera, la única bajada que tienen estos trabajos al público en general. La semana pasada estuve por primera vez en un festival de animación que se hizo en Salto, Uruguay. También hay festivales que son muy populares, como el Festival Latinoamericano de Video en Rosario, o el Bafici de Buenos Aires. Festivales que tienen muchos años y que son muy convocantes con el público universitario y con la gente de las escuelas de cine. Ahora la cosa esta cambiando un poco porque uno puede ver y enterarse de lo que pasa en el cine no comercial desde internet o desde el cable. Por ejemplo en I-Sat o en Canal Á tenés un espacio para cortos. Hace unos 10 años el festival de Rosario era el único lugar que uno podía ver producciones independientes. Lo importante y lo crucial es la articulación entre quién organiza el festival y con qué agenda lo organiza o a quién invita. También si uno va a ver una propuesta de cine independiente de un modo distinto al del cine comercial, es decir que haya alguna posibilidad de interacción entre el espectador y el realizador. Que haya un voto del público, o una instancia de discusión posterior a las proyecciones, porque si vos vas a ver estas películas como si fueras al Cinemark, y te vas sin una instancia de elaboración, es demasiado parecido a lo industrial, entonces por eso me parece importante esa especie de tercer tiempo. Si están pasando cosas que son “otra cosa”, bueno, que también incluya el sacar conclusiones, masticar un poco y pasar en limpio. Publicar algo, aunque sea en un Blog, ya sea de críticos profesionales o de aficionados. Estas formas hacen que el tipo que viene a ver no sea sólo un espectador más.
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