"HAY QUE SINCERAR LA RELACIÓN ENTRE LA NACIÓN Y LA PROVINCIA"
-¿Cómo evalúa los mensajes cruzados, marchas y contramarchas que se dan entre la Nación y la provincia?
-No es sólo un tema de la provincia y la Nación. Es un tema de una nueva relación que quiere plantear el presidente con el justicialismo en general y, en este caso, con el justicialismo provincial. Estas diferencias de enfoque a veces se traslucen en el bloque, donde somos 130 y conviven distintas líneas y orígenes. Estamos haciendo un gran esfuerzo para mantener unido al bloque, que hasta ahora ha acompañado todas las iniciativas del gobierno. Pero estas complicaciones pueden provocar algunos cortocircuitos, por eso lo importante es que la relación sea lo más acordada posible. Lo que me preocupa es que, a veces, las disputas políticas ponen en juego hasta los propios recursos de la provincia. Por ejemplo, lo que a la provincia le corresponde como acreencia de la Nación. Eso no debería ser objeto de una negociación política.
-¿Hay un destrato hacia la provincia?
-Santa Fe reclama lo que le corresponde. Porque parece que haber sido ordenado en las cuentas públicas, no haber emitido cuasi-monedas y no haberse endeudado más allá de nuestras posibilidades, da pie a un contrasentido. Las provincias más endeudadas y más desprolijas son las que obtuvieron del gobierno nacional ayuda para su financiamiento y Santa Fe, que hizo el esfuerzo por mantener el equilibrio macroeconómico, tiene que reclamar para recibir lo que le corresponde.
-¿Existe el riesgo de que haya un sistema de premios y castigos, en función de los alineamientos internos?
-Espero que no, porque creo que la gobernabilidad y la institucionalidad tienen que estar por encima de las disputas políticas. A la sociedad, lo que le interesa es que la provincia tenga sus recursos y los aplique de la mejor manera posible para mejorar su calidad de vida. Me parece que jugar con la necesidad de la gente por disputas políticas sería una temeridad y reafirmaría la falta de credibilidad que padece la dirigencia, a la que se ve más preocupada por sus posicionamientos personales que por el interés general.
-Se ha dicho que Kirchner ve a Reutemann como un enemigo político y que prefiere a Binner antes que a Obeid. ¿Cómo zanjar esa situación?
-Creo que tiene que haber un sinceramiento. Acá en la provincia ha habido un acuerdo político importante entre Reutemann y Obeid, como para garantizar la gobernabilidad. Me parece importante lo que pasó la semana pasada, que la Legislatura haya aprobado el presupuesto en el mes de mayo. Esto hace a la madurez. Más allá de algunas disputas internas, se priorizó la gobernabilidad y los instrumentos prioritarios para ella.
Sería importante también sincerar la relación del gobierno nacional con el provincial. Entendemos que el presidente va a recibir esta semana a Obeid y sería importante que se toquen los temas institucionales, lo que le corresponde a Santa Fe, pero también que se analicen los temas políticos. Porque no nos olvidemos que Obeid fue uno de los primeros dirigentes que salió a apoyar este proyecto político. En ese sentido, creo que hay una comunión de ideas y de objetivos, desde la campaña.
-¿Cómo ve las perspectivas a futuro en el bloque?
-En la medida en que las diferencias no se profundicen y los disensos sirvan para buscar síntesis superadoras, va a seguir funcionando. Ahora se vienen tiempos difíciles, hay que resolver el problema energético, la seguridad, la coparticipación, la deuda. Hay muchos problemas pendientes, que exigen de una labor mancomunada entre el Ejecutivo y el Congreso. Y por lo tanto, aspiro a que sigamos funcionando como un bloque unificado. Tenemos una gran responsabilidad y aspiro a que nuestras diferencias no nos lleven a frustrar este crecimiento económico que hoy está viviendo la Argentina y que, si se sigue consolidando, va a disminuir considerablemente nuestros índices de desempleo y permitir que millones de argentinos dejen de estar por debajo de la línea de pobreza.
Transversalidad vs. ortodoxia
-Yendo al plano nacional ¿la transversalidad que impulsa el presidente es incompatible con el fortalecimiento del partido?
-Todos los partidos políticos -y con mayor razón el justicialismo, que tiene la responsabilidad mayor al ser gobierno nacional y en la mayoría de las provincias- tienen que hacer un replanteo y una autocrítica por todo lo que ha pasado en el país. Hay una crisis de la dirigencia y los partidos deben revisar sus metodologías y la modernización de sus ideas. Perón decía que las doctrinas no son eternas, a veces los cambios van más allá de los deseos de la dirigencia y hay que tener montura suficiente para poder cabalgar el potro.
El peronismo tiene que darse su debate. El problema es que acá opinan los de afuera. La discusión tiene que darse entre los afiliados y dirigentes del partido; salvo que estos dirigentes que opinan quieran incorporarse al peronismo. Si quieren apoyar el proyecto de Kirchner desde su propia individualidad política, me parece bien que el presidente amplíe su base de sustentación. Lo que no se puede permitir es que, desde afuera, quieran regir los destinos del justicialismo.
-¿Kirchner debería presidir el partido?
-El presidente de la República siempre ha sido el conductor del partido, por su estructura vertical. Y por lo tanto, nunca es bueno cuando las conducciones son bicéfalas. Se buscó una alternativa, por la vía de una conducción consensuada, con los gobernadores y dirigentes representativos. Eso naufragó en el último congreso. Lo importante sería dar el gran debate metodológico e ideológico, y hacer una interna participativa y no un acuerdo de cúpulas, porque esto no funcionó.
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