Hennig von Gierke, la mano que pintó ratas
Después de haber cruzado un barco a través del Amazonas, haber pintado de negro treinta mil ratas para una escena de Nosferatu (Werner Herzog, 1979) y haber llenado de agua un escenario para la representación de Lohengrin de Wagner, nadie mejor que el pintor alemán Hennig von Gierke (1947, Karlsruhe) para dar un workshop en Berlín con el propósito animar a los jóvenes freelance a perseguir sus metas. Una vez finalizada la charla, dialogó con Ñ .
¿Cómo describiría su experiencia en “Fitzcarraldo” (Herzog, 1982)?
Era muy tenso trabajar allí. Por las dudas, siempre tenía mi pasaje de avión en el bolsillo. De todos modos, no me quiero perder ni un día de esos tres años que pasé en el rodaje pese a los 40 grados de calor y a todos los desastres que ocurren cuando alguien construye un barco por primera vez en su vida.
¿Cómo fue el proceso de construcción del barco?
Al principio la idea fue buscar uno viejo para remodelarlo, pero sólo encontramos uno en Manaos que no flotaba. Entonces decidimos construirlo desde cero. Nos llevó dos años terminarlo y que funcionara bien. Hace poco encontré un libro sobre Perú y había una foto de un barco sobre el río Amazonas que transportaba gente y comida y es el barco que nosotros armamos. Trabajaron 300 indios por un dólar por día y una coca cola.
¿Hubo accidentes de rodaje?
Un niño murió ahogado y un muchacho se accidentó en la espalda.
¿Qué puede decir de la experiencia de trabajar con Klaus Kinski?
Kinski era una persona maravillosa y le encantaba armar historias para la prensa. Era como un niño de 12 años y si una situación lo sobrepasaba porque algo no le salía bien tenía que encontrar alguna razón afuera, un culpable y armaba todo una escena frente a las cámaras que lo estaban registrando todo. Recuerdo que una vez me pidió si le podía conseguir jabón para lavar y me resultó extraño porque teníamos lavarropas. A la mañana siguiente lo veo lavando su ropa frente a un grupo de periodistas, diciendo: “Acá tengo que trabajar, lavar…”.
¿Y de Herzog?
Si lográbamos mover el barco un metro por día podíamos considerarla una buena jornada. Todo pudo haber sido un desastre, hacer una película en la selva con poco dinero y en tan malas condiciones climáticas fue un riesgo y lo hicimos igual. La experiencia fue tan fuerte que nos cambió a todos de un modo muy intenso: no seguimos con nuestras relaciones de pareja, todos rompimos.
El hombre tiende a hacer las cosas más fáciles y ustedes quisieron complicarse, ¿por qué? ¿Nunca soñaste en hacer un barco y navegar en el río Amazonas? Eso es un desafío al que no le podés decir que no. Si nadie veía la película después no nos importaba, de hecho nunca creímos que la película podía ser vista. Pero era una oportunidad que no se da tan a menudo en la vida. Cuando finalmente logramos que el barco llegue al otro río, el recorrido no fue tan espectacular como quisimos, pero valió la pena igual. Estábamos tan emocionados que nos olvidamos parte del equipo que estaba filmando en las rocas.
¿Sigue manteniendo relación con Herzog?
Herzog no es un hombre para hacerse amigo. A veces nos llamamos, pero no es que vamos a contarnos nuestros problemas.
Este contenido no está abierto a comentarios

