HEROÍNA: LA TRAMA OCULTA DE LA INVESTIGACIÓN EN SANTA FE
16 de setiembre de 2003. La DEA (Drug Enforcement Administration) envía un informe a la División de Drogas Peligrosas de la provincia de Santa Fe. Los datos son escasos: apenas aparecen el nombre de Miguel Angel Polerat, un domicilio y un número de teléfono inexistentes.
Nadie imaginó en aquel momento que se trataba del primer eslabón de una cadena que sólo tres meses después desembocaría en el golpe más fuerte al narcotráfico en la historia de Santa Fe y que, por primera vez, se encontraría en esta ciudad un cargamento de heroína, la droga dura, la droga de la muerte.
Seguimientos minuciosos, centenares de fotografías, más de 85 horas de comunicaciones telefónicas interceptadas y algo de casualidad -o suerte- terminaron llevando a parte de una banda de narcotraficantes al banquillo de los acusados de la Justicia Federal. Sin embargo, existe la certeza de que al menos 20 personas estuvieron vinculadas con estas operaciones de narcotráfico y que otra rama de esta organización sigue libre. Así lo revelan, entre otros elementos, las comunicaciones telefónicas interceptadas en las se repitieron algunos sobrenombres que jamás pudieron ser identificados: Chaca, Lucio, Lucho, La Mami son algunos de ellos.
Y a éstos se suma un nombre -o sobrenombre- clave: el de Patricia, una colombiana que en su país forma parte de las segundas o terceras líneas del narcotráfico, pero que para la Argentina era, sin dudas, una primera línea de mando.
Durante un año y medio se mantuvo detenida en dependencias de la Policía Federal de Santa Fe a una mujer que para los investigadores y la fiscal de la causa era Patricia. Se trata de Fabiola Moreno Rubio, una colombiana que se alojó en la casa del mismo Polerat y que adujo haber llegado a la ciudad como “turista”. Si bien pocos le creyeron, la Justicia Federal la absolvió porque llegó a la conclusión de que las pruebas reunidas en su contra no eran suficientes como para condenarla.
Aquel informe de la DEA
Según el comunicado de la DEA recibido en Santa Fe el 16 de setiembre de 2003, firmado por Stephen Briggs (adjunto del organismo norteamericano en la Argentina), Miguel Angel Polerat podía ser el encargado de reclutar “mulas” -quienes transportan la droga de un país a otro- en Santa Fe y la región. El objetivo era llevar heroína a los Estados Unidos, a través de México y alternando vuelos desde San Pablo o Santiago del Chile.
¿Quién era Polerat? ¿Cuáles eran sus contactos? ¿Cómo encontrar indicios que sirvieran de pruebas para imputar a un personaje desconocido hasta ese momento? Los interrogantes eran muchos, pero pronto comenzarían a surgir respuestas.
Lo primero que se descubrió fue que Polerat utilizaba en Santa Fe al menos cinco domicilios diferentes. Uno, en calle San Martín; un hotel; la casa de una mujer; la de su esposa y hasta la dirección del hospital Cullen.
Rastrearlo no iba a ser sencillo, sobre todo porque apenas se contaba con una fotografía que ya tenía siete años. Se supo que había trabajado como empleado en la Imprenta Oficial de la provincia y, a través de Interpol, se recibió una información clave: en el pasado, había sido condenado a 48 meses de prisión por tráfico de drogas en Bogotá, Colombia.
Pero el 3 de octubre de aquel 2003 ocurrió un hecho que tendría un impacto trascendente en la investigación. Tres santafesinos habían sido detenidos en el aeropuerto de México, mientras intentaban traficar heroína escondida en las vestimentas que llevaban en las valijas.
Otra vez se recibió información de la DEA. Así se supo que uno de los detenidos era Néstor Alejo Otaduy, que había llegado en un vuelo de Lanchile y a quien se le habían encontrado alrededor de 7 kilos de heroína. Ante la policía mexicana dijo que lo había contratado un tal “Miguel” -¿Polerat?-, quien le pidió que llevara la droga a cambio de 4 mil dólares.
También se detuvo a Horacio Ángel Vivas, un electricista de Santo Tomé que llevaba alrededor de 5,5 kilos de heroína. El 9 de octubre, cerca de las 19 de México, cayó en el mismo lugar otra santafesina: Andrea Fabiana Rabuffetti, que había llegado en un vuelo de Varig y también traficaba heroína.
Los tres deben cumplir diez años de cárcel, ordenados por la Justicia mexicana.
Pero en Santa Fe seguía sin aparecer Polerat. La policía comenzó a investigar a los familiares de los tres detenidos en México, lo que permitió detectar a otra rama de la banda. (Ver nota aparte).
Por fin, a fines de octubre de 2003, Polerat fue encontrado. Se comenzaron a hacer tareas de seguimiento e inteligencia, se “pincharon” teléfonos, se tomaron fotografías. Así, se lo vinculó con Graciela Noemí Roca, concubina de Luis María Glariá, dos santafesinos que finalmente fueron condenados por la Justicia Federal. Roca era la encargada de “mover” las valijas con el cargamento por distintos domicilios de la ciudad, cuyos propietarios cobraban 100 pesos por semana. Además, se abocaba a tareas logísticas, como compra de pasajes y todo tipo de trámites tendientes a permitir los viajes al exterior.
Por su parte, Luis María Glariá era una “mula” que realizaba viajes a México con la droga.
Las comunicaciones telefónicas también revelaron la vinculación de Esther del Valle González, esposa de Polerat, que actuaba como una suerte de “secretaria” de su marido cuando éste se ausentaba de la ciudad.
Los movimientos de estas personas llevaron a los investigadores hasta Teresita del Niño Jesús Glariá, hermana de Luis María. Su casa, ubicada en Piedras al 7600 del barrio de Guadalupe, era utilizada como depósito de la heroína mientras la droga permanecía en Santa Fe.
La voz colombiana
Pero la situación de la banda en la Argentina se estaba complicando, a tal punto que ya se habían producido fuertes enfrentamientos. Ante estos problemas, comenzó a surgir en las comunicaciones intervenidas el nombre de Patricia, aquella colombiana que, de alguna manera, controlaba los movimientos de la banda en el país. Existen al menos 16 llamadas entre Polerat y esta mujer.
Patricia decidió viajar el 4 de diciembre a Buenos Aires y luego, a Santa Fe, para seguir de cerca los acontecimientos.
Fue en esos momentos cuando llegó a Santa Fe la colombiana Fabiola Moreno Rubio, quien se hospedó en el domicilio de Agustín Delgado al 1900, donde vivía Miguel Ángel Polerat.
Las comunicaciones telefónicas revelaban más información: Luis María Glariá se aprestaba a viajar a México, vía San Pablo, por la línea Varig. Los pasajes ya habían sido comprados en una conocida agencia de turismo de Santa Fe. El 10 de diciembre de 2003, Graciela Roca llamó telefónicamente a Teresita Glariá y le dijo: “Tu hermano necesita ir a ver eso, los equipos de fútbol para elegir…”.
A la mañana siguiente, Luis María se comunicó con su hermana: “Yo necesito sacar las cosas, las voy a buscar. Tengo que traer una sola maleta nomás…”. Ella respondió: “Bueno, total, está todo en la pieza de la Dani.”.
A las 20.25 volvió a llamar Roca: “Tenemos que hacer la operación esta noche… Lo que pasa es que él la quería ventilar a la ropa. ¿Entendés…? Y hoy es un día típico porque no hay sol… A las nueve y media estamos ahí… Chau, chau.”.
La idea era transportar una valija con droga desde la casa de Piedras al 7600 hasta el domicilio de Luis María Glariá y Graciela Roca, en Av. General Paz al 5900, para “airear” la maleta con el objetivo de que en los aeropuertos pasara desapercibido el olor de la heroína.
La droga aparece
Estos elementos desataron diversos operativos policiales entre el 11 y el 12 de diciembre de 2003. En pocas horas se detuvo a parte de la banda y se incautaron casi 14 kilos de heroína, una droga hasta entonces “desconocida” en Santa Fe.
En la noche del 11, cayeron Luis María Glariá y Graciela Roca mientras se trasladaban en un taxi por la esquina de Obispo Boneo y Tacuarí. Llevaban una valija con 30 paños de lienzo con heroína en pantalones y camisacos.
El 12 de diciembre por la mañana, la policía allanó la casa de Piedras al 7600 y detuvo a Teresita del Niño Jesús Glariá. En ese domicilio se hallaron 38 lienzos con heroína en sacos y camperas. Esther del Valle González fue apresada en Quintana 2666, lugar de trabajo de la concubina de Miguel Ángel Polerat.
Ese mismo día fue detenido Polerat, luego de abandonar en un taxi su casa de Agustín Delgado al 1900. Llevaba consigo 543 dólares y 297 pesos. En su domicilio aparecieron documentación sellada en Colombia, un revólver cargado y mil dólares.
Por esas horas, la operación tuvo otro capítulo en el aeropuerto de Ezeiza. Poco antes de que abandonara el país, la policía detuvo a la colombiana Fabiola Moreno Rubio. Previamente se habían comparado las fotografías de esta mujer, tomadas en Santa Fe, con las filmaciones registradas el 4 de diciembre por las 140 cámaras que operan en Ezeiza y que graban cada uno de los rostros de quienes por allí transitan. Ante el tribunal federal, Moreno Rubio aseguró no ser Patricia y dijo que la voz registrada no era la suya.
Los jueces santafesinos la absolvieron y, al argumentar su decisión, afirmaron: “No se ignora que Patricia viaja a Santa Fe y que en ese tiempo Moreno Rubio es vista en nuestra ciudad saliendo del domicilio de Polerat y le es escuchada su tonada centroamericana; pero la coincidencia de los tiempos resulta un dato muy endeble para establecer identidad… En conclusión, el examen probatorio no permite tener certeza de que Moreno Rubio sea la Patricia de las escuchas telefónicas”. Ante la duda, fue absuelta de culpa y cargo.
Chaca y una banda dividida
El sobrenombre de Chaca aparece repetidamente en las conversaciones telefónicas registradas. Se estima que se trata de un colombiano que mantenía contactos con Polerat, pero que terminaron distanciándose por una disputa económica. También se cree que su función era similar a la de Patricia -una suerte de primera línea para la Argentina-.
Cuando el 3 de octubre de 2003 fueron detenidos tres santafesinos en México, una cuarta integrante de la banda se preocupó por sus compañeros y contrató un abogado en aquel país, que le cobró 5 mil dólares.
Al regresar a la Argentina, reclamó su dinero, pero no le fue reconocido. Allí se generó un enfrentamiento que terminó dividiendo a la banda a mediados de noviembre de aquel año. Incluso, se sabe que un sector le robó al otro una valija con heroína en Buenos Aires.
Entonces, una rama de la organización siguió operando con Chaca; la otra, con Patricia.
Un hecho llamativo
fue que las prendas de vestir que llevaban escondida la heroína tenían una serie de inscripciones (una letra y un número) hechas con un marcador. La caligrafía de dichas anotaciones coincide con la encontrada en prendas secuestradas en otros procedimientos de heroína realizados en el aeropuerto de Ezeiza en el pasado.
¿Cómo se reclutaban las mulas?
A las mulas -personas encargadas de llevar droga de un país a otro- se les ofrecían 8 mil dólares por viaje. Sin embargo, 2 mil dólares quedaban en manos del reclutador. A ello se le debían descontar luego los gastos generales y el costo del hotel en el exterior. En definitiva, les quedaban alrededor de 5 mil dólares limpios.
Antes de partir al exterior, eran alojados en un hotel de Buenos Aires. Allí los mantenían “concentrados” durante tres días, en los que eran “preparados” física y psicológicamente.
Teléfonos “pinchados”, palabras en clave
Este es el fragmento de una de las conversaciones telefónicas mantenidas por un hombre llamado Miguel, con la colombiana Patricia.
Miguel: Bueno, bueno, bueno Patricia. Yo, yo, yo mañana a mediodía ahora de ahí yo le confirmo cuándo más o menos se están yendo.
Patricia: (…).
M.: Sí, sí, sí. Yo por lo menos para largar dos, aunque sea, y, y, y a ver si para la semana que viene uno más y así, si va todo bien.
P.: Sí.
M.: Bueno Patricia.
P.: Porque por yo quería mandar una prima ahora que yo voy para estar allá.
M.: Ahá.
P.: Que puede ir a…
M.: Bueno, pero espere usted cuando viene la semana que viene Patricia.
P.: Sí.
M.: Y bueno, espere que… que yo haga la vuelta de dos y después manda una.
P. Sí, e irme yo, porque era lo que yo pensaba.
Este es un fragmento de un diálogo mantenido por Graciela con una tal Susy.
Graciela: ¿Vos dónde vas a pasar las fiestas… En tu casa?
Susy.: sí
G.- La Nochebuena. Porque el negro me parece… no sé todavía, viene hoy pero con una sorpresa. Yo no sé si no se va a mandar afuera.
S.: ¿Si lo qué?
G.: Lo van a mandar afuera. A Brasil o a México otra vez.
S.: Aaaah.
G.: No digas nada a nadie, pero aparentemente sí lo llamaron de la empresa urgente así que se fue a Buenos Aires y recién viene hoy. Pero viene con una sorpresa, dijo…
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