Hijo de una argentina quiso volar el subte de Nueva York
No pasó mucho tiempo hasta que se convirtió al islam, se enroló en Al Qaeda, adoptó el nombre de guerra de Bashir al Ameriki y armó un plan para hacer volar el subterráneo de Nueva York y el tren de Long Island que tomaba todo el tiempo. El hijo de la argentina María Luisa Uraga, de una familia conocida de Martínez –en el norte del Gran Buenos Aires– se había transformado en la peor pesadilla del sistema antiterrorista estadounidense: el de los ciudadanos que de un día para el otro se convierten en combatientes enemigos.
“Lo único que me consuela es que no mató a nadie y que ya no le puede hacer daño a nadie”, dice María Luisa desde su casa en Medford, Long Island. “Era un chico dulce pero nuestro divorcio (con su ex marido, el peruano Juan Viñas) lo agarró en un momento muy difícil de la adolescencia. Decidió irse a vivir con el padre, que es un hombre católico ortodoxo, absolutamente rígido, que lo castigaba corporalmente. No lo vi por tres años. No me quería ver. Esa época con el padre terminó enfermándolo”, concluye.
Cuando los terroristas islámicos estrellaron los aviones contra las Torres Gemelas de Manhattan, el 11 de septiembre del 2001, Bryant Neals Viñas recién se había graduado de la High School (secundaria). Quiso, como muchos otros chicos hispanos, enrolarse en el ejército para vengar el ataque. No tuvo suerte. Estuvo en el campo de entrenamiento de Fort Jackson, en Carolina del Sur, apenas un mes.
Padecía asma y no pudo transformarse en soldado . Cuando regresó a Long Island fue directamente a ver al hermano de su amigo puertorriqueño Alex Acevedo que se había convertido al islam. “Vino tan decidido que en apenas unas semanas se había aprendido el Corán casi de memoria”, recordó Victor Kuilan, que fue quien lo introdujo en la fe.
Menos de tres meses más tarde, Bryant Viñas, estaba recitando el Shahada, que es como se hace profesión de fe, en la mezquita de Al Falah, en Corona, Queens, apenas unos metros de la casa donde había nacido. Inmediatamente se enroló en el movimiento Tablighi Jamaat (que realiza un trabajo similar al de Los Testigos de Jehová, dan testimonio casa por casa). Trabajaba en una empresa de transportes pero a los pocos meses sufrió un accidente y obtuvo una larga licencia. Comenzó a practicar boxeo y eso lo llevó a Cuba. Un entrenador le recomendó ir a una escuela de boxeo en La Habana. Hizo varios viajes a la isla. Parecía que estaba flexibilizando su rígida visión de la religión hasta que tuvo una enorme decepción amorosa por parte de una chica cubana.
Regresó a Long Island más radicalizado que nunca
“Fue una época muy difícil. Le estaban lavando el cerebro a Bryant y hasta se acercaron a su hermana, mi otra hija, para intentar convertirla también a ella al islam”, cuenta María Luisa.
De acuerdo al expediente judicial, Bryant Viñas comenzó a frecuentar la mezquita de Selden, trabó una férrea amistad con el afgano Ahmad Zarinni y tomó contacto con la Islamic Thinkers Society . “Fue el comienzo de su radicalización. En esa época, él mismo contó que se la pasaba viendo videos en You Tube con mensajes de despedida de los kamikazes y sermones de los imanes que dan cobijo religioso a los terroristas islámicos”, explica Mitch Silber, el director de Inteligencia del Departamento de Policía de Nueva York (NYPD).
En esos círculos conoció al paquistaní Ahmer Qayyum quien fue el que le dio los primeros contactos para ir a estudiar en una madraza (escuela coránica) de Lahore, en Pakistán. El 12 de septiembre del 2007 aterrizó en la ciudad paquistaní sin amigos, desorientado por el calor y la cantidad de gente que se mueve en ese lugar. “Todavía seguía siendo hasta ese momento un extraño para la Jihad , la guerra santa. Era una especie de Forrest Gump que iba tropezando con los acontecimientos”, indica el policía Silber, el hombre que más estudió el caso del chico Viñas.
Pero Bryant encuentra enseguida su camino. De acuerdo a su propio relato, que hizo ante un fiscal belga que investigó la conexión de Viñas con islamistas radicalizados europeos, Bryant viajó a Peshawar, en la frontera con Afganistán y logró entrevistarse con Shah Saab, un comandante talibán que lo enroló en el campo de entrenamiento de Mohmand, en la zona tribal entre los dos países, en las montañas de la cordillera del Hindu Kush. Después de unos meses de entrenamiento formó parte de un pelotón de 20 mujaidines que se infiltró en la provincia afgana de Konar para atacar un cuartel con militares afganos y estadounidenses. “Fuimos dos veces, pero no tuvimos ningún éxito. La primera falló el sistema de comunicaciones y en la segunda, las granadas y misiles que lanzamos impactaron fuera de la base”, fue el relato del propio Bryant al fiscal belga.
Allí es cuando se conecta con Hicham Zrioul, un marroquí con residencia en Bruselas con quien participa en tres entrenamientos organizados por la red terrorista Al Qaeda entre marzo y julio de 2008. Las condiciones de vida en esos campos en la zona de North Waziristán, en la frontera paquistaní-afgana eran muy duras. Bryant contó ante los jueces estadounidenses que instructores árabes le enseñaron a manejar diferentes tipos de explosivos , desde los denominados “plásticos” hasta el TNT y cómo construir un chaleco explosivo en el caso de participar en una misión suicida. Ahí es cuando Zrioul expresó a sus entrenadores su voluntad de atacar el subte y un estadio de Bruselas. Bryant dijo que él conocía muy bien todo el sistema de trenes de Long Island porque lo tomaba todos los días para ir a estudiar o trabajar, así como el subte de Nueva York, particularmente la estación Pennsylvania por donde pasa medio millón de personas por día. Estaba dispuesto a atentar contra esos blancos e inmolarse en nombre de Allah .
En agosto de 2008 completó su entrenamiento y antes de participar en una nueva incursión afgana, conoció a miembros prominentes de Al Qaeda, entre ellos a Baitullah Mehsud, el líder de los talibán paquistaníes que murió en un ataque en agosto del 2009; el egipcio Mustafa Abu al Yazid, uno de los fundadores de la red terrorista; y el libio Attiya Allah, uno de los ideólogos. “Eran hombres importantes. Pero nunca jamás escuché de que Osama bin Laden estuviera cerca de allí o que alguien lo haya visto”, aseguró Bryant de acuerdo a los documentos oficiales del interrogatorio del fiscal.
Para octubre de 2008, la red terrorista le asignó a Bryant un coordinador, el norteamericano-paquistaní Najibullah Zazi, que se había criado en el barrio neoyorquino de Queens y que luego fue a trabajar de taxista en Denver, Colorado. El jefe de ambos, de acuerdo a la investigación y a los documentos del juicio que se le hizo posteriormente a Zazi, era Rashid Rauf, considerado el jefe de Al Qaeda en Gran Bretaña. “La organización pensaba que estaba ante la posibilidad de otro 11/S, que podía atacar nueva
mente New York desde adentro. Tenían grandes esperanzas en Viñas y en Zazi”, explica el agente Silber.
Pero, como en los grandes relatos, es siempre el amor lo que traiciona al protagonista . Antes de regresar a Long Island, Bryant quiso encontrar una mujer de fe para casarse. Pidió ayuda a su amigo Ahmer Qayyum en Lahore quien le dio algunos contactos allí en Peshawar. El informe de inteligencia dice que Bryant frecuentaba los mercados y que trabó amistad con varios de sus ex colegas de los campos de entrenamiento. Algunos de ellos le presentaron mujeres de sus familias. Pero ya había sido detectado por agentes estadounidenses de la CIA. “Un norteamericano dando vueltas por el bazaar de Peshawar era demasiado visible”, comenta uno de los espías en los documentos.
A principios de noviembre del 2008, el FBI visita la casa del padre de Bryant, el peruano Juan Viñas en Patchogue, Long Island. Revisan la computadora y dan vuelta el cuarto donde había vivido pero le dicen al padre que es por un problema de visa.
El 14 de noviembre de 2008, finalmente, los agentes detienen a Bryant Viñas en Peshawar . Ocho días más tarde aparece en secreto ante una corte de Brooklyn, Nueva York, bajo cargos de terrorismo . “A mí me vinieron a ver en ese momento. No me dijeron dónde estaba Bryant ni nada de terrorismo. Pero me hicieron miles de preguntas sobre su personalidad. Les dije que era un chico con características de ‘seguidor’, jamás de ‘líder’. Y todo lo que había sufrido por nuestro divorcio y cómo eso había cambiado su humor. La verdad es que creía que se había metido en problemas pero jamás en algo semejante”, dice María Luisa en una larga charla telefónica.
Viñas fue trasladado a una cárcel de máxima seguridad que nadie sabe muy bien dónde está ubicada aunque se cree que es en el área de Nueva York. El 28 de enero del año pasado, volvió a presentarse en una audiencia cerrada ante el juez de Brooklyn. Allí Viñas se declaró culpable de todos los cargos que se le imputan: conspiración para asesinar compatriotas, conspiración para ayudar a una organización terrorista y de recibir entrenamiento militar por parte de Al Qaeda. Aún no recibió la sentencia que podría ser de cadena perpetua, aunque sus abogados creen que si continúa cooperando podría recibir una pena menor .
El 22 de julio de 2009, finalmente, el gobierno estadounidense revela la situación de Viñas. “Fue un shock enorme. No lo podía creer. Temblaba y no podía coordinar. Tenía periodistas en la puerta. Algunos diarios decían que mi hijo era un chacal porque quería hacer volar los trenes … Sabía que Bryant necesitaba asistencia psicológica, que, tal vez, yo tendría que haber superado su rechazo e intentar tener más contacto con él, pero nunca una cosa así. Incluso, en una época pensé en que podría venirle bien si nos íbamos a vivir a la Argentina. Pero ya es muy tarde, aunque el Bryant que yo conozco no puede ser un terrorista. Sólo puedo entender que le lavaron el cerebro”, dice María Luisa mientras se le corta la voz y termina la conversación exhausta.
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