HIJOS DE DESAPARECIDOS: LAS ABUELAS ANUNCIARON QUE SE RESOLVIÓ UN NUEVO CASO
Se trata de un joven de nombre Gustavo, hijo biológico del matrimonio integrado por Olga Mabel Ferreyra y Oscar Donato Godoy, secuestrados el 28 de febrero de 1978 y trasladados al centro clandestino de detención que funcionaba en Campo de Mayo.
“Este es un anuncio muy bueno para cerrar el año. Esto demuestra que el esfuerzo y la perseverancia dan sus frutos y lo queremos compartir con la prensa y la sociedad argentina”, aseguró Estela Carlotto, titular de Abuelas.
Carlotto, junto con la vicepresidenta, Rosa Roisinblit, y otras integrantes de la entidad, ofrecieron una conferencia de prensa para brindar detalles del caso.
Según destacó Carlotto, el joven se presentó “por voluntad propia para buscar su identidad” en la sede de Abuelas-Córdoba, provincia donde reside con su familia no sanguínea.
Es que poco antes de morir, su apropiador, quien no era militar sino un comerciante de buena posición económica, le había confesado que era hijo de desaparecidos y que él lo había ido a buscar a Campo de Mayo, se explicó.
Godoy, delegado sindical de la Papelera Mosconi, y Ferreyra, ama de casa, fueron secuestrados el 28 de febrero de 1978 en el barrio Ricardo Rojas de General Pacheco, al norte del conurbano bonaerense.
“El secuestro fue llevado a cabo con un despliegue inusual, se presentaron más de 15 efectivos de fuerzas represivas, vestidos de civil, encapuchados y fuertemente armados, en tres autos Ford Falcon blancos”, indicó la entidad.
Olga estaba en avanzado estado de gravidez y se presume que dio a luz “inmediatamente después del secuestro”, según relató Carlotto, en base al testimonio de Marta Ferreyra, hermana de la víctima.
Ferreyra tenía otros cuatro chicos que quedaron con la abuela materna, que murió en 1983. Luego fueron criados por Marta.
Se supone que Gustavo habría nacido en una maternidad clandestina de Campo de Mayo, en la localidad bonaerense de San Miguel, o en una clínica. El chico había sido entregado a sus padres por un militar y luego la familia del comerciante lo anotó como propio en el Paraguay, donde pasó su infancia.
Carlotto indicó que la familia apropiadora recibió un “control” por parte de los militares “para evitar que el hombre hablara” y diera a conocer la procedencia del menor.
Tras la confesión del hombre que lo adoptó y una vez que éste murió, en el 2001, el joven -estudiante avanzado de Ingeniería Agronómica- se presentó en la filial Córdoba de Abuelas, que lo contactó con la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), que trabaja junto a la entidad.
Este contenido no está abierto a comentarios

