HIJOS DENUNCIÓ PERSECUCIÓN Y AGRESIONES A SUS MILITANTES
La agrupación Hijos denunció ayer que un grupo de militantes que el miércoles realizaba una volanteada en el barrio Ludueña para propagandizar el escrache al ex represor policial César “Pirincha” Peralta fue perseguido, golpeado y amenazado en reiteradas oportunidades por el mismo hombre que iba a ser denunciado, quien estaba acompañado de dos “matones”. Peralta, acusado de torturador durante su actuación en el Servicio de Informaciones de la Jefatura de Policía rosarina en los primeros años de la dictadura militar, le dijo a los pibes: “Ustedes, los de Hijos, son unos hijos de puta, los vamos a matar (…) los padres de ustedes pusieron bombas, mataron a un montón de gente, ustedes están caminando gracias a nosotros”. Los métodos utilizados por el trío agresor y su forma de desplazarse y operar traen a la memoria los utilizados tres décadas antes, cuando Peralta actuaba, como ahora, con total impunidad.
Según la denuncia, el ex comisario también tomó varias fotografías de los jóvenes, los amenazó asegurándoles que los conocía y los golpeó con la complicidad de los dos “matones” y ante la mirada pasiva de un policía provincial que custodiaba la estación de servicios Esso ubicada en Travesía y Gorriti, donde culminó la persecución y se produjeron las agresiones. Ya están al tanto de los hechos el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Eduardo Luis Duhalde, y el ministro de Gobierno de Santa Fe, Carlos Carranza.
Como habían hecho siempre hasta ahora los militantes de Hijos antes de un escrache, recorrieron la zona donde vive el represor para difundir, a través de una volanteada, la actividad que se iba a realizar hoy para dar cuenta de quién fue en el pasado el vecino que vive allí. En un automóvil llegaron los seis jóvenes, acompañados de un menor, al barrio Ludueña. Todavía faltaban algunos minutos para las 15 del miércoles.
La primera señal de alerta provino de los propios vecinos de la zona. “Ese es un loco, no saben con quién se meten, tengan cuidado”, advirtieron los lugareños, según el relato que uno de los jóvenes brindó ayer a El Ciudadano. “Primero pasamos con el auto frente a la casa de Peralta y notamos que el clima era un poco tenso”, recuerda el muchacho. El pasaje Franco al 2000, domicilio del ex represor, no tiene salida. La calle termina contra las vías. Ése dato y las advertencias, que también daban cuenta de que en la misma cuadra habitan familiares de “Pirincha”, hizo que los chicos decidieran distribuir los volantes en la zona aledaña.
Para entonces el ex comisario preparaba el regreso a la acción, casi 30 años después. “Apareció un auto negro, con los vidrios polarizados y la música a todo lo que da recuerda el joven de Hijos. Pasa de largo, pero pone marcha atrás unos metros y me pide un volante”. Lo que siguió fue la rotura del panfleto y la amenaza: “Tómenselas”.
Los pibes obedecieron. Se subieron al coche y emprendieron la retirada. Apenas arrancaron advirtieron que “un Renault 19 gris (cuya patente lleva el número 789), que estaba en la puerta de la casa de «Pirincha»”, los seguía. Aceleraron para escapar y se desató la persecución. “No sabíamos para dónde ir, y agarramos por avenida de la Travesía”, recuerda el joven. “Intenta cruzarnos el auto _continúa_, zafamos y nos sigue hasta que caemos en la Esso, y en la playa de estacionamiento de la estación de servicios nos vuelve a cruzar el auto”.
Tres eran los hombres que vieron bajar del coche. Uno de ellos “era el que antes estaba en el auto negro”, recuerdan. Les dicen que bajen haciéndoles señas de que portaban armas. Los chicos desobedecen y comienzan a recibir golpes e insultos. “¿Ustedes se dicen peronistas? Yo soy peronista. Yo soy Peralta”, se identifica “Pirincha”. Adentro del auto el menor rompe en llanto. Los pibes buscan resguardo en un policía que custodiaba la estación. El uniformado, decidido, toma cartas en el asunto y le dice a los agresores, según el recuerdo de los chicos: “No me comprometan”. Mientras reparten bollos y amenazas, los hombres le responden: “Quedate en el molde”. El policía acata.
“Después los tipos se suben al auto y nos hacen señas para que salgamos adelante de ellos”, relata uno de los chicos agredidos, y recuerda que antes les sacan varias fotos. No hacen caso y los tres tipos se pierden en el Renault gris, provocando, ahora sí, la reacción de un móvil policial que estaba en el lugar y comienza a seguirlos. Lo peor ya había pasado, pero creen que otro automóvil, un Gol también gris, los “acompañó” hasta el centro, donde los pibes procuraron refugio. Antes, el policía de la Esso tuvo que darles explicaciones por su actuación y tampoco vaciló: “Ustedes no son clientes, lo que hice fue demasiado”.
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