Hipocresias brotan de un caño
La desidia o el descuido o el abandono o un verdadero imponderable, ya se sabrá, provocaron que la rotura de un caño madre de Assa dejara sin servicio de agua potable a la ciudad de Santa Fe durante casi 20 horas. La situación no fue la mejor, claro. Debieron suspenderse los dictados de clase y además, el estado debió proveer con camiones cisternas a los hospitales y clínicas para que puedan prestar el servicio con relativa normalidad. Sólo se postergaron algunas prácticas reprogramables y se difirieron unas pocas cirugías. No pasó nada más. Sin embargo para un sector del periodismo vernáculo, se trató de un verdadero “desastre”, que bordeó la “tragedia”. Y no demoraron implícita o explícitamente en demandar renuncias y pedir que rueden cabezas de funcionarios.
Resulta llamativo que los mismos periodistas que se escandalizaron con la rotura del caño y el presunto abandono o descuido de ASSA, hayan sido los mismos que silenciaron el bochornoso proceso de privatización y posterior desinversión del servicio de agua potable a través del negociado con el Grupo Suez, que no sólo dejó en lamentable estado de descomposición al sistema en la provincia, sino que además generó un juicio millonario que la actual Fiscalía de Estado intenta solucionar.
Llamativo es también, que quienes se escandalizan con los caños rotos y la “emergencia” de 20 horas sin agua potable, resulten los mismos que minimizaron y relativizaron las razones y las responsabilidades de la peor tragedia que sufriera la ciudad capital durante 2003, y que dejó al menos 100 víctimas mortales, y 140 mil afectados en forma directa. Aquello no resultaba ante sus miradas un “acto de irresponsabilidad”, sino apenas la “imposibilidad de preveer los efectos de la naturaleza”.
Lo mismo se podría decir de la altisonancia con la que manejaron en las últimas semanas el desprolijo manejo del gobierno provincial en relación a la autopista Rosario- Santa Fe. La contratación directa de dos empresas para que cubran los seis meses que demandará la finalización del demorado nuevo proceso de licitación, supuso para algunas y algunos escribas la consumación de un sospechoso acto administrativo rayano con lo inmoral. Sin embargo no se recuerda línea ni comentario radial de los mismos cronistas, sobre los inconmensurables y fraudulentos negocios perpetrados por las gestiones anteriores a las de Binner , que implicaron admeás de la mencionada entrega de Aguas, la privatización del Banco de Santa Fe a manos de lavadores de dinero o el vaciamiento inescrupuloso de la EPE con vistas a una privatización que las coyunturas del momento y la resistencia de los trabajadores de LyF impidieron.
Es razonable que se alcen voces oportunistas como las de Mario Lacava o el ex ministro de la dictadura Juan Carlos Mercier. Incluso es razonable que la prensa les abra espacios para que expliquen sus pareceres sobre la “desastrosa” coyuntura. Lo inaceptable es que sean los relatores condescendientes del vaciamiento en los noventa, los que se arroguen el lugar de fiscales independientes de la actualidad.
Frente a las cruces de los muertos por la inundación del 2003, podrían pedir perdón por aquel silencio y la complicidad con quienes mataron culposamente. Quizas allí dimensionen tragedias y corrupciones. Quizás allí puedan comparar escándalos y posiciones
Mientras tanto, el único escándalo que flota en las aguas que brotan del caño roto, son sus propias vergonzantes contradicciones, o verdaderas hipocresias.
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