Historia de la Silla
Acá, en el living de la casa de Hena Merelles, patagónica, nacida en la estancia de Bella Vista, lugar que compró su padre después de la masacre del 21, hay una silla. Así, vista entre otras, de respaldo redondeado y madera perenne, se parece a cualquier otra silla. Pero era la silla de Américo Berrando, un ex estanciero de la zona, y ambos fueron símbolo de una época.
Américo Berrando tenía estancia y, por lo tanto, no estaba para nada de acuerdo con “esos huelguistas sucios, extranjeros”. Además de no estar de acuerdo, lo hacía saber. Y además de hacerlo saber por la zona, lo hacía a través del telégrafo para el diario “La Prensa”, que era propiedad de los Gainza Paz, estancieros como Berrando, aunque de tierras aún más ricas.
Pero Berrando, además de estanciero y telegrafista, era exagerado. Decía que los “bandoleros le tomaban por asalto la casa, comían de su comida, bebían de su vino, arriaban sus provisiones y se sentaban a su mesa, en su silla”. Entonces sucedió que los peones sublevados, hartos de la mentira, decidieron darle un ejemplo al estanciero fantasioso y allí fueron.
Se metieron en la casa de Berrando por asalto, comieron de su comida, bebieron de su vino, arriaron sus provisiones, sentados a su mesa, en su silla. Como el tipo había disparado, quizás a telegrafiar sus cuentos, le dejaron una esquelita que más o menos decía “ahora sí andá y decí con razón que te hicimos todo esto”. El Ruso León, firmante de la misiva, se dio por vengado.
Fumando los habanos de Berrando los muchachos de la huelga pensaron que el tipo ahora iba a hablar con fundamento. Desde luego que él se había marchado y a la cartita la recogió un peón, que recibió como advertencia que “le hiciera llegar lo antes posible el recado al patrón”. Antes de irse destrozaron la casa por completo, pero la silla, ésta silla, quedó erguida.
El papá de Hena Merelles, un gallego laburante que tampoco fue huelguista, recibió de Berrando la silla y Hena la heredó. La tiene ahí en su living y sabe bien que es parte de la historia de Gregores, de la estancia Bella Vista y de la Patagonia Trágica. Ahí se sentaron el Ruso León y los muchachos aquella vez que se les dio por saquear un poco de comida a los que les saqueaban la tierra.
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