Historias del mar
Tiene estructura y arquitectura galesas, estudia y preserva el mar argentino, exhibe identidad patagónica y fue construido con capitales de una fundación integrada por algunas multinacionales. Es el Ecocentro, una infraestructura del primer mundo enclavada en un vértice de Puerto Madryn, con fines de observar ecosistemas marinos, generar conciencia de cuidado y, sobre todo, mostrar.
En el Ecocentro hay muy para ver adentro, pero también afuera. Está ubicado sobre un acantilado que sirve como mirador natural del mar desde un lugar privilegiado. En cuanto a su interior, galerías con imágenes y sonidos interactivos, pantallas de tv, una biblioteca, aulas súper equipadas, un bar, un auditorio, una sala de exposiciones, dan vida a un museo de flora y fauna marina que es bastante más que eso.
Varios artistas de Madryn exponen en el Ecocentro. Unos cuadros, otros fotografías, todos pasan. Los docentes llevan a sus alumnos, los divulgadores van para tener qué contar, los guías varean a los turistas y los científicos llegan desde otros países para investigar. Así, en cinco años, es bien difícil que alguien que se haya acercado a la zona no haya accedido al menos un rato al Ecocentro.
Y vale la pena. Según su propia página web, el espacio reúne a personas e instituciones que se relacionan con el fin de construir una nueva visión del océano. Dicen que ya es hora de que ocurra, en virtud de que el agua ocupa el 70% del planeta y la información que tenemos de la mar es sensiblemente menor y, por lo tanto, mucho más misteriosa.
Bajo la consigna de educar para solucionar los problemas ambientales, el lugar está abierto todos los días y se ha convertido en uno de los atractivos de la zona.
Dos alas edilicias de galerías fastuosas gobiernan la escenografía donde los más chicos pueden escuchar el ruido de las orcas o mirar cómo se reproducen los delfines, mientras los más grandes pueden acceder a bibliografía acorde o codearse con información submarina difícil de hallar en otros sitios. Así, una pasada por el Ecocentro, es casi una obligación en la zona.
No obstante, hay quienes ponen el ojo sobre quienes financian este tipo de emprendimientos y con qué fines de fondo lo hacen. Es bueno también no perderlo de vista, porque quedó dicho que en su mayoría son multinacionales que manejan la lógica de dar por un lado apenas un puñado de lo mucho que se llevan por otro. Pero eso es óbice para reconocer el trabajo de la gente que sostiene el Ecocentro y los fines –que sí son nobles- de los que allí miran, curiosean, escudriñan o estudian.
Este contenido no está abierto a comentarios

