HISTÓRICA VISITA DE MIRÁ A UNA MEZQUITA
Las comunidades católica y musulmana de Rosario ratificaron ayer su disposición a avanzar en una convivencia en paz después de que la Asociación Unión Islámica de Rosario recibiera ayer al arzobispo y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, Eduardo Mirás, en su sede de Mendoza al 1700. Las autoridades religiosas y políticas de la comunidad musulmana aprovecharon la ocasión para pedir que en Rosario se cree un cementerio “para el descanso en paz de aquellos fieles del Islam que son llamados por el señor”.
Tal cual lo hizo hace poco más de un mes con la comunidad judía cuando visitó la sinagoga de calle Paraguay, Mirás aceptó la invitación de la comunidad musulmana que le dio una enorme jerarquía al acontecimiento. Llegados especialmente desde Marruecos y Arabia Saudita estuvieron el sheij Abdelkader Ismail y el representante del Centro Cultural de las Mezquitas del rey Fahd, el sheij Nazer At Tuaim.
El edificio de la Asociación Unión Islámica tiene dos plantas. En la baja se realizan las actividades sociales y comunitarias mientras que la alta fue
convertida en un lugar sagrado ante la falta en la ciudad de una mezquita.
El encuentro se inició con un acto en la planta baja donde había un centenar de personas. Antes de sentarse en la mesa principal, Mirás se interiorizó del mensaje impreso en dos banderas mitad verde y mitad blanca que estaban separadas por una de Argentina: “Monseñor, se lee de derecha a izquierda; la primera dice: No hay otro Dios más que Dios, y la segunda Mahoma es el mensajero de Dios, explicó el secretario de la entidad local, Gustavo Ponce Asahad.
Todos los discursos de los dirigentes musulmanes se iniciaron como manda el Corán: “En el nombre de Dios, clemente y misericordioso”. Cuando llegó el turno de Mirás, arrancó con un “En el nombre de Allah (o Alá), el misericordioso y compasivo”. Fue una forma de reconocer que cristianos y musulmanes tienen allí un punto en común: sus religiones son monoteístas y reconocen al mismo Dios, el único.
“El Islam es un continuador de los mensajes que venían de antes de los profetas y que están en la Biblia”, recordó el responsable del área cultural del Centro Islámico de la República Argentina, con clara intención de ahondar en las coincidencias.
El primero en hablar fue el presidente de la Asociación Unión Islámica de Rosario, el libanés Oussama Sawan: “La enseña de nuestro Dios es que honremos al ser humano tanto en la vida como en su muerte y es derecho de toda persona ser enterrado en el lugar en el cual confía que descansará en paz. Por eso pedimos que exista un cementerio para los musulmanes, equiparando la situación de nuestros hermanos de otros credos”. Sawan pidió a Mirás y a las autoridades políticas –el secretario de Gobierno municipal y la concejala Luisa Donni estaban presentes– que lo acompañen en la solicitud.
Los mensajes de los referentes de la comunidad musulmana –los extranjeros lo hicieron en idioma árabe con traducción– hicieron hincapié en la necesidad de luchar por la paz en el mundo, destacar la convivencia interreligiosa que existe en el país y en condenar la violencia y el odio religioso. El más explícito fue el sheij Abdelkader Ismail cuando criticó a “muchos medios de comunicación que confunden, a veces por maldad y otras por ignorancia”. Continuó: “Antes de juzgar pido que revisen sus conocimientos. El Islam condena el terror que mata a inocentes. Pedimos que a esos grupos no se los llame por su religión sino por su nombre y se los juzgue por ser asesinos y criminales”.
Después de disculparse por no continuar con el recargado protocolo del acto ya que no recordaba el nombre de todas las autoridades presentes, Mirás recordó que los creyentes tienen “el deber de recuperar las virtudes sociales y mostrar al mundo la misericordia y la providencia de Dios”.
Luego del intercambio de regalos –Mirás recibió una edición envidiable del Corán y entregó una efigie de la Virgen María– practicaron una oración interreligiosa en la mezquita. Por tratarse de un lugar sagrado, todos se quitaron los zapatos y las mujeres se cubrieron la cabeza como signo de dignidad. Luego elevaron sus oraciones mirando hacia La Meca, arrodillados sobre la alfombra de ese ambiente minimalista en el que sólo resalta una araña que cuelga del techo.
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