HISTÓRICO CAREO ENTRE PINOCHET Y SU JEFE DE LA POLICÍA SECRETA
Señor Pinochet, ¿conoce o identifica al hombre que tiene al frente?”, dijo el juez. “Sí, es mi general Manuel Contreras”. Así comenzó el histórico frente a frente ante la Justicia entre los dos responsables de la mayor máquina de muerte y represión que haya conocido Chile —el ex dictador Augusto Pinochet y Manuel Contreras, jefe de la policía secreta del régimen (DINA)— en un escenario también simbólico: el búnker de Lo Curro. La mansión que el ex dictador se hizo construir en 1984, cuando detentaba el poder total y que pensaba habitar hasta su muerte.
Dos horas y cuarenta minutos duró el careo que el juez Víctor Montiglio coordinó en estricto secreto con el jefe del estado Mayor del ejército, sorprendiendo a los propios implicados. Treinta y dos años después de que los dos militares se asociaran para tomar el poder total después de haber derrocado a Salvador Allende, sobre la base de un organismo de seguridad que asesinó y persiguió a opositores neutralizando todo foco de poder que debilitara a Pinochet, ambos generales se volvieron a encontrar pero en calidad de inculpados por los desaparecidos de la dictadura.
Las 119 víctimas de la llamada Operación Colombo, asesinadas en 1975 por la DINA, a los que intentaron hacer aparecer —con la ayuda de la Triple A y del SIDE de Argentina— como ejecutados por sus propios compañeros, vinieron a cobrarles la cuenta.
Todo se precipitó con las respuestas de Pinochet el pasado lunes en un interrogatorio ante el mismo juez Montiglio. Allí, el general repitió “no me acuerdo, no es cierto; y si es cierto, no me acuerdo” (textual). Una respuesta que ha reiterado, ante la vergüenza de sus subordinados: “A mí me achacan todo lo de Contreras, pero yo nunca di instrucciones de matar a nadie. Yo primero que todo soy católico”.
“Contreras quiso tomar el mando del país, acusó hasta a frailes este gallo, con fotografías de haber estado con prostitutas. Yo mismo saqué a Contreras porque estaba creando problemas que había prohibidoel único que lo podía mover era yo, lo saqué porque me ofreció unos depósitos de fondos en el extranjero, yo rechacé el ofrecimiento”, dijo.
Cuando Contreras —quien cumple condena de 12 años por la desaparición de Miguel Angel Sandoval— se enteró de estas declaraciones, se enfureció y pidió un careo con su ex jefe. Contreras no olvida que Pinochet aseguró en 1990 que no tocarían a ninguno de sus hombres porque “se acaba el Estado de Derecho”, y luego los abandonó. “Pinochet nos dejó absolutamente solos. Le reconozco lo que hizo desde el punto de vista económico, pero ¿cuándo lo hizo? Una vez que nosotros habíamos hecho el trabajo sucio, porque esa fue la base”, diría más tarde.
Ayer, a las 9: 30 el ex dictador partió de su elegante mansión en el exclusivo barrio La Dehesa en el único símbolo del poder que le queda: dos autos Mercedes Benz blindados. En el búnker de Lo Curro, convertido en Club Militar, lo esperaba Montiglio. Treinta y cinco minutos duró el primer careo de Pinochet con el oficial de la DINA, Ricardo Lawrence, quien confesó que él le daba cuenta detallada por las mañanas a Pinochet de las actividades represivas cuando Contreras estaba imposibilitado. Y también reveló que, cuando en octubre de 1975 asesinaron al líder del MIR, Miguel Enríquez, el maletín con más de 30 mil dólares que este guardaba, se lo entregó personalmente a Pinochet.
A las 11:30 Montiglio hizo entrar a Contreras. Pinochet tuvo al frente al hombre que le entregó al juez español Baltasar Garzón la prueba que le faltaba en octubre de 1997 para ordenar su detención en Londres. La hoja de vida militar de Contreras con anotaciones, felicitaciones, ascensos y premios con su puño y letra. El documento que demuestra que el jefe máximo de la DINA fue uno solo: Pinochet.
A las 13:20 Contreras volvió a su cárcel y Pinochet totalmente solo a su mansión.
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